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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Mas entra en barrena o la sinrazón del sectarismo

"Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas", Oscar Wilde
Miguel Massanet
miércoles, 26 de marzo de 2014, 07:53 h (CET)
Si algo les faltaba a los independentistas catalanes para dejar claro su falta del sentido de la oportunidad; si una causa pudiera tener peores defensores y si un hombre, con pretensiones de estadista, cometiera un error que le pusiera en ridículo y lo dejara, ante la flor y nata de los políticos, representantes institucionales, gobierno y oposición; como una persona insensible al dolor de una familia, descolocado ante el sentir de una gran mayoría del pueblo español y retratado como un fanático irredento y carente del sentido de la medida, de la sensatez y de la coherencia política; este señor es, sin duda alguna, el presidente de la Generalitat de Catalunya, don Artur Mas.

Es tal su desesperación, tan profundo el embrollo en el que se ha metido y ha comprometido al pueblo catalán y tan pocos y faltos los apoyos históricos en los que pretende sustentar sus pretensiones independentistas que, en su desvarío por ganarse adeptos y conseguir que alguien en España le haga caso, no duda en utilizar una coyuntura de un duelo nacional, una oportunidad para trasmitir las condolencias a la familia del finado, lamentando una pérdida entrañable y loando las cualidades como gran estadista del señor Suárez, de una personalidad probablemente irrepetible; no se le ocurre otra cosa que lanzar una de sus habituales soflamas nacionalistas, intentando dar a entender que, don Adolfo, hubiera estado de acuerdo con su desvarío independentista.

Pero, tan sorprendente como esta metida de pata de la más alta autoridad catalana, ha sido la desestimación por parte del TSJC de una querella de Manos Limpias en las que se acusaba al señor Mas de “a través de un "referéndum ilegal" para separar una parte del territorio español, es autor, participe y autor intelectual de actuar por la desmembración de España, contraviniendo la legislación vigente, con lo que sus acciones, a su juicio, son punibles”. Para el tribunal catalán el aludido sindicato ha intentado “construir artificialmente un "imaginario delito" de rebelión”, ¡Dios nos coja confesados si, estos señores magistrados esperan, para pararles los pies a los independentistas, a que la revolución se produzca, haya muertos en las calles y el desorden y el terror se hayan instalado en toda Catalunya!.

Seguramente estarán esperando que progrese el acuerdo del parlamento catalán de recusar a tres magistrados del TCD, uno de ellos el presidente, usando la peregrina teoría de que, los magistrados a los que se intenta descartar del voto en el tema de la posible inconstitucionalidad de la celebración de un referéndum para “el derecho a decidir”; debido a que han expresado, en alguna ocasión, su opinión de que, la pretendida consulta, incumple las normas constitucionales. ¿O es que esperan que haya alguien, medianamente familiarizado con la Carta Magna, que pueda admitir que, una autonomía, ponga en jaque al Estado con la pretensión de independizarse de España?, ¿hay alguien tan ignorante que no sepa que la unidad de la nación es uno de los principios básicos de nuestra Constitución? Y todavía tienen la cara dura de intentar recusar a unos señores que, lo único que pretenden es que se aplique en sus propios términos lo dispuesto en nuestra Ley suprema.

Lo que buscan estos que, con su conducta desleal y su traición a España, están creando una situación de inestabilidad en el país, es conseguir dilatar el mayor tiempo posible, mediante un recurso tras otro, ante el TC, que salga una sentencia que los ponga, definitivamente, fuera de la ley con sus pretensiones secesionistas. Es muy posible que busquen que se llegue a las próximas legislativas sin que el Estado haya impuesto el orden constitucional en Catalunya; buscando la posibilidad de que otro tipo de gobierno, preferiblemente de izquierdas, sea más permeable a sus intereses y consiguieran alcanzar el pretendido “diálogo” entre pares, para abrir la puerta a una secesión concertada; de modo que no fueran expulsados de Europa y pudieran conservar, como utópico país independiente, todos los beneficios que vienen consiguiendo del BCE y de las distintas subvenciones que vienen recibiendo de la CE.

Sólo la impasibilidad del señor Rajoy, su excesiva prudencia y sus miedos personales a cometer una equivocación que le pudiera perjudicar en una futuras elecciones, justifican una actitud, a todas luces timorata, que no conduce a otro resultado que no sea envalentonar a los separatistas, darle largas a los insurrectos para que sigan preparando un gobierno paralelo y permitiendo que la demagogia y la propaganda subliminal de las radios, las TV y la prensa catalanas, sigan con su labor de apoyo a la famosa consulta por el derecho a decidir. Nadie les recuerda que los que tenemos el derecho a decidir somos todos los españoles en un tema que es evidente que afecta a toda la nación.

Por si fuera poco el desafío catalán, recientemente estamos asistiendo a otro fenómeno igualmente preocupante, que ha tenido su primera manifestación en la absurda polémica, apoyada por la izquierda y una prensa excesivamente dada a un sentimentalismo barato, sobre los asaltos de masas de inmigrantes a las fronteras de Ceuta y Melilla. Como siempre han surgido los que se quejan de la “brutalidad” de nuestra policía y piden que se tomen otras medidas para impedir que estos sucesos se repitan. La “solución” que algunos proponen y parece que ha calado en el Ministerio de Interior, es que se desarme a la Guardia Civil y a la Policía para que así no se hiera a ningún invasor de nuestras ciudades. Lo que nadie parece entender es que unos pocos policías no pueden impedir que 500 asaltantes entren en nuestras ciudades africanas, utilizando como armas sus propias manos. ¡Europa se lleva las manos a la cabeza!, nuestra izquierda (que no dice nada cuando unos energúmenos en Madrid hieren a 61 policías) piden la dimisión del ministro, del Director General de la Guardia Civil y no piden la de Rajoy, porque ya sería pasarse.

Pero es que, en Madrid, la ciudad en la que permanentemente se pone en cuestión el orden público, por la excesiva proliferación de manifestaciones, muchas de ellas con altercados y destrozos; el día 22 de este mes tuvo lugar una, aparentemente pacífica manifestación, para protestar contra la actuación del Gobierno, que acabó convirtiéndose en una batalla campal en la que los agitadores y los despendolados activistas usaron todos los medios para atacar a una policía a la que, previamente, sus jefes les habían ordenado “contención” y les negaron los medios disuasorios, no fuera que alguna pelota hiriera a los desmadrados que se hicieron dueños del campo de batalla, acorralando a unos 30 policías que pidieron refuerzos sin que, sus jefes, se los enviaran.

Vamos a ver si utilizamos la lógica, señores del Gobierno. Quieren el orden en las calles y que nadie, incluso los que viven de crear problemas, salga contusionado o herido; porque temen a las TV, las cámaras fotográficas y a aquellos que piden que se observen los “derechos humanos”; pero no se preocupan de los que se ensañan con los policías, que en inferioridad de condiciones, tienen que defenderse sin medios para hacerlo. Es como si se enviara al Ejército a luchar sin balas. ¡Absurdo tras absurdo! Y, por si faltara algo, ¡se habla de expedientar a 4 policías por usar, “sin permiso” las bolas de goma! Una situación insostenible. Nuestras fuerzas de orden público tienen derecho a defenderse y tener medios para hacerlo. Los salvajes que las atacan lo saben y de ello se valen para crear desorden e imponer su ley. O así es, señores, como vemos, asombrados, los avances del caos en España.
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