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Capello y los '50 días en Madrid'

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
lunes, 16 de octubre de 2006, 22:40 h (CET)
El incipiente presidente de la entidad blanca, o sea, Real Madrid, Ramón Calderón tomó el cetro presidencial con Mijatovic a su diestra y Capello como segura solución a los males endémicos del Madrid en lo últimos años, recordemos 3 años sin títulos. Se dijo que se traía a Capello porque era un entrenador que aseguraba títulos, como si hubiera alguno que pudiera asegurarlos, y que el equipo notaría la seriedad, mano dura y buen trabajo del italiano, otra mentira. La amistad que Capello ha mantenido con Mijatovic desde que lo dirigió como entrenador en su anterior etapa en Chamartín y los escándalos en el Calcio, que acabaron con la Juventud en la serie B fueron los principales motivos de que el técnico italiano volviera a la capital para dirigir a los blancos, y no razones de necesidades tácticas.

Con Capello desembarcaron por petición expresa suya Cannavaro (33), Emerson (30), Van Nistelroy (30) y Diarrá (25), todo un proyecto de futuro. Si bien es cierto que el jugador de Mali es joven y tiene una buena proyección por delante, costó la friolera de 26 millones de euros, el doble de lo que el Zaragoza pagó por Aimar y algo menos de lo que el Chelsea desembolsó por Shevchenko. Ya que no se había apostado por jugadores de futuro, era de esperar que los resultados fueran en sintonía con la sobrada experiencia de los fichajes y del entrenador, pero nada más lejos de la realidad.

El italiano, pragmático donde los haya, ya avisó que no se sacaran conclusiones prematuras, que la nefasta pretemporada del equipo y el mal comienzo de campeonato se debía a que el equipo necesitaba acoplarse, y que a partir de los 50 días en los que estuviera en el cargo se iba a empezar a ver “su” Madrid, algo que con el tiempo ha sonado a excusa, pan para hoy y hambre para mañana. El sábado se cumplía el plazo que el mismo técnico se dio, y el balance no podía ser más bochornoso, pues se caía frente al Getafe sin haber si quiera disparado a puerta, algo que ni los más viejos del lugar recuerdan haber visto hacer al Madrid. Es evidente que si el equipo no juega bien tres días antes no lo va a hacer tampoco porque se cumplan los 50 dichosos días.

En el balance de lo que Capello nos ha ofrecido, queda un triste empate sin goles frente al Villarreal, que si hubiera tenido un poco más de ambición se lleva los puntos, Una victoria agónica ante la Real Sociedad, en una de sus peores versiones de los últimos años, derrota y bochorno ante el Lyon, que pasó por encima al Madrid, que ya no asusta sino que da risa en Europa, y un derbi en el que el Atlético fue mejor y rozó la victoria que hubiera logrado si Agüero no envía el último mano a mano con Casillas al limbo. Para dar la puntilla, el Getafe, un equipo al que han desmantelado de sus mejores hombres, sin Diego Rivas, Gavilán, Pernía o Riki, y en el que su mayor estrella es su entrenador, Bernd Schuster. Los azulones, sin hacer un gran partido han lavado la cara a un Madrid irreconocible, sin orgullo ni corazón, sin pies ni cabeza.

El problema del Madrid de Capello es de jugadores y de concepto futbolístico. En la plantilla falta un conductor, un medio centro de garantías, ya que la labor de Emerson y Diarra es intrascendente, sino deficitaria en este sentido, y Guti a pesar de su claridad no es un medio centro, sino un jugador de último pase, un media punta. De concepto también porque el equipo de Capello no juega a nada, toca sin saber porque en el mejor de los casos, y acaba rifando la pelota arriba para que Van Nistelroy intente cazar alguna ocasión, pero los delanteros nunca reciben en superioridad de condiciones. Este Madrid acumula gente en el medio y renuncia a las bandas, para cubrir la descoordinación de su defensa, pero al final ni por acumulación defiende bien. Otro de los problemas con los que quizá no contaba el italiano es que los pilares del equipo en los últimos años están desgastados. Roberto Carlos no es ni la sombra del que fue, Michel Salgado, que no es una estrella ha perdido su llegada a base de lesiones, y Raúl no juega en su posición y ha perdido esa chispa de velocidad que lo hacía diferente.

Queda demasiada temporada por delante, y eso es lo más preocupante. Capello está a punto de incumplir aquella promesa que le hizo a Calderón de que si se fichaba a Diarra, con Emerson y él en el medio, se perderían tres partidos como mucho en todo el año, ya van dos. No obstante, Capello nos seguirá intentando convencer de que “Emerson va a ser una estrella de este equipo” y que Ronaldo y Van Nistelroy van a jugar juntos en punta, humo, para ocultar con falsas ilusiones los males de un equipo que se hunde como el Titanic.

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