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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Increíbles noticias de la vida diaria

Miguel Á. Sánchez de Armas (México)
Redacción
lunes, 16 de octubre de 2006, 22:17 h (CET)
¿Con frecuencia sufre mareos y vahídos al leer y escuchar las noticias? Si es así, usted puede tener un toque de meningoartritis, dolencia moderna ocasionada cuando la tinta de los periódicos sufre una alteración molecular por la radiación de la pantalla de televisión y al frotarse la sienes con las yemas de los dedos para mitigar el desagradable sonsonete de los políticos y lectores de noticias, penetra el hueso parietal, se incrusta en los ganglios cefálicos y desata un acelerado proceso degenerativo. Una de las peculiaridades de la enfermedad es que quienes la padecen en estado terminal se conducen como si fuesen los seres más sanos de la comarca. Pero el lenguaje los delata: basta sintonizar los noticiarios o leer las columnas políticas o, mejor aún, ver las mesas redondas en donde políticos y periodistas analizan la realidad, para detectarlos.

La meningoartritis ha existido a lo largo de la historia de la humanidad, pero a semejanza de la bipolaridad apenas comenzamos a entender sus perniciosos efectos. El Académico, personaje familiar a los lectores de JdO, ha dado a esta columna autorización para publicar extractos de su más reciente trabajo sobre los efectos de los procesos de comunicación en las democracias modernas. A continuación, algunos de los episodios históricos en que se basa la investigación.

En octubre de 1987 un equipo científico gastó un millón 600 mil dólares (¡de aquellos!) para localizar al Monstruo del Lago Ness. Durante tres días los hombres de ciencia rastrearon al mítico ser en las gélidas aguas con los más modernos aparatos mientras más de 300 periodistas de todo el mundo acampaban en la playa en espera de una exclusiva. Al tercer día el jefe de la expedición, Adrián Shine, presentó sus excusas a los reporteros. “Siento no poder entregarles al Monstruo del Lago” declaró fríamente.

En la República Popular China las autoridades aplicaron estrictas medidas regulatorias a la floreciente industria de exportación de cadáveres para las exposiciones sobre el cuerpo humano que se han popularizado en el mundo. Las “fábricas de cuerpos” que plastifican cadáveres apenas se dan abasto para llenar los pedidos que llegan principalmente de Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. En una ejemplar respuesta a los reclamos de grupos de derechos humanos, el gobierno chino declaró ilegal la compra y venta de cadáveres “salvo que sean destinados a la investigación”. Sobre el origen de la materia prima nadie dijo nada.

El seis de junio pasado, Día de la Bestia (666), el pintoresco pueblo de Hell (Infierno), Michigan, sacó raja de la superstición popular y organizó un megareventón con feria, exposiciones, ventas de suvenirs, rifas, comilonas y harto chínguere. La única queja del Cabildo local es que deberán esperar algunos cientos de años más para que la combinación vuelva a aparecer en el calendario y haya otra oportunidad de llenar las arcas municipales.

Un caso notable fue el discurso pronunciado por el presidente Kennedy en su visita a Berlín en junio de 1963, en plena Guerra Fría, cuando exclamó: “Todos los hombres libres, donde quiera que estén, son ciudadanos de esta ciudad y por lo tanto con orgullo digo “Ich bin ein Berliner”. Los asesores de John F. aplaudieron a rabiar y se felicitaron mutuamente a la vista de las masas reunidas en la Puerta de Brandemburgo.
Pero un detalle que la historia piadosamente ocultó fue que el Presidente del país más poderoso dijo: “Soy una dona rellena de jalea”, en vez del intencionado “Soy un berlinés”. Como hasta en Xalapa se sabe –apunta El Académico- “Berliner” es un “Berliner Pfannkuchen”, o séase una delicia de la reposteria local.

Sin autorización de El Académico, pero animado por La Reportera, aporto algunas perlas adicionales de mi propia cosecha. Ruego a los lectores pasar por alto que en las fechas de los ejemplos la humanidad aún no era beneficiada por la magia de la televisión.

En junio de 1920 el Servicio Postal estadounidense combatió exitosamente en los tribunales de Alabama el reclamo de que los niños entran en la categoría de “seres vivos que no requieren de alimento o agua durante el transporte” y canceló así las esperanzas de una chica de nueve años que insistía se le mandara por correo a Kentucky para reunirse con su mamá. Las crónicas de la época no registran el nombre de tan emprendedora criatura.

En octubre de 1871, un sujeto llamado Brigham Young fue arrestado bajo cargos de bigamia en el estado norteamericano de Utah. Brigham era de los más piadosos mormones de su congregación y como tal un aplicado seguidor de la poligamia mandada por el apóstol Joseph Smith, misma que consumó con 16 esposas (simultáneas). Es de lamentar que ninguno de los diarios de aquel tiempo informe si Brigham llegó a la cárcel triste o aliviado.

Otro hecho ejemplar fue la bigamia protagonizada por un sujeto llamado Frank Augustus en 1911. Cuando la primera y legítima mujer acompañada de siete pirrimplines y dos gendarmes lo llevó a la comisaría, Frank alegó en su defensa que no había sido su intención volver a contraer matrimonio. “Estaba borracho cuando Minnie (la nueva novia) me llevó al juzgado. Pensé que íbamos por una licencia para su perro”. No se sabe si el juez lo condenó por el delito o por las circunstancias en que tuvo lugar.

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