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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Justificaciones increíbles

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 16 de octubre de 2006, 00:44 h (CET)
Una melodía hermosa se logra con el equilibrio. La fuerza creativa, las resistencias del instrumento musical, la estructura de la composición; pujan hasta alcanzar una estabilidad dinámica. Se ha logrado la pieza armoniosa; a la vez, lo particular y el conjunto. Si pudiera soñarse una sociedad más sinfónica, esa armonía debería forjarse con esa suerte de equilibrios propios de la convivencia.

¿Por qué se rompen esos hilos? Lo que pudo ser una melodía genial, contrasta con los ruidos, chirridos y tantos sonidos fuera de la partitura social. La tergiversación de las palabras y las conciencias desquiciadas originan una espeluznante mezcolanza. ¿Vida social? Ya cuesta la simple definición. ¿En qué se ha convertido todo eso? Puyazos, trampas y opresiones, campan por sus caprichos.

Destruidos los instrumentos, rotos los hilos y desafinadas las mentes, nos lanzamos a unas vertiginosas carreras; en ellas se pierden las nociones de meta, las calles son confusas y el guirigay enorme. Proponemos argumentos falsos tratando de desviar los criterios. Explicaciones absurdas toleradas por las grandes mayorías. ¿Simplemente mal informadas? ¿Les va la marcha? ¿Hasta cuando?

Aunque se suele recurrir a múltiples estratagemas, los disimulos y velos se suelen servir de algunos vehículos preferidos que pudiéramos resumir a continuación como mera representación.

Escojamos primero una de las justificaciones más habituales en los ambientes que nos corresponden; me refiero a las de carácter ESTÉTICO. El gusto y la estética aportan matices agradables, sólo aquello placentero irá admitiéndose en este campo. Ahora bien, se impone la alusión al gusto peculiar de cada uno, contra eso nada se discute ni se escribe. El parecer y la sensibilidad individual no admiten presiones. Se ha transformado a la estética en un esteticismo, como único condicionante, fuera de los razonamientos. Que se habla de arte, de urbanismo, de botellones, de violencia; ¡tanto da!, se dialoga poco, se razona menos, sopesando los gustos particulares mondos y lirondos. ¿Para qué añadirles nada más? Toda la existencia se apuntala en las apetencias no criticables, por aquello del gusto intocable. Me gusta ... luego existo. ¿Explicación suficiente? ¿Ideal insuperable? ¿Utopía moderna?

Si extendemos la observación por el ámbito RELIGIOSO, su aparente seriedad, se acomoda en exceso a criterios poco defendibles. Se pretenden colar como hechos religiosos las más absurdas barbaridades, intereses de lo más zafios, patrañas confusas y abundantes actuaciones sin fundamento. Tamaños despropósitos se ven facilitados por ese carácter virtual de las creencias, no se pueden agarrar con la mano. Ya no se admite el papel regulador de la religión -cada quién se crea la suya-. Añadiendo ese miedo latente a los gregarismos medievales y salvajes.

En vez de centrarnos en unos anhelos de superación, justamente hemos invertido el sentido religioso. Más que experimentar la vivencia personal, se disgrega la identidad religiosa, aceptando de forma paradójica las consignas y bendiciones más estúpidas. Bajo una aparente religiosidad, circulan fantasmas melifluos, fanatismos y prepotencias. En su nombre se propugnan enormes penalidades.

La estructura ECONÓMICA representa otro gran baluarte, más allá del bien y del mal, o quizá ¿más acá?. No les basta con situarla como un dios moderno, nada de un solo dios económico, su poderío asemeja un enjambre de dioses. Ante un bajo gasto y beneficios crecientes, habría que pensar en no entrecortar la frase; porque es evidente un bajo gasto para una parte y las abundancias desproporcionadas con direcciones muy seleccionadas, ajenas a las mayorías. La gravedad peor radica en las actuaciones escandalosas de esos dioses -Banca, estados, instituciones, grandes empresas-, al margen de otros criterios vitales para las personas. ¿No existirán esos criterios? ¿Quién se beneficia de esos monopolios decisorios? ¿Por qué se admiten esos saldos anuales de los bancos exprimiendo las hipotecas? ¿Representan las ONG una abdicación de los enfoques idóneos por parte de la sociedad? Se echan de menos argumentaciones más cercanas a las personas.

Hemos visto casi de todo al tratar de los medios INFORMATIVOS. Siendo uno de los instrumentos básicos de una sociedad libre, su aportación sirve también de parapeto para esconder talantes indiferentes o frivolidades. ¿Dónde queda la mejor sustancia informativa? La pretendida integridad de una información veraz queda muy relegada, cuando no despreciada, en situaciones donde priven los meros niveles de audiencia; en aras de unos números se pagan y fabrican personajes mentirosos. Se establecen programaciones muy tortuosas por el mismo motivo. No les resulta necesario esmerarse en los contenidos, basta con cerrar el círculo en torno de unas provocaciones que encandilen al personal. ¿A eso se le puede llamar medios informativos? Con el ribete de información, saltan a la palestra las necedades. El subterfugio de la información queda en abstracción, pero sirvió de excusa.

Quizá no será necesaria la explicación de las increíbles justificaciones POLÍTICAS, disfrazadas de mil maneras, pero tan rezumantes en nuestra piel cuando repasamos los sucesos de cada día. Baste una mención a la sufrida democracia, bajo su epígrafe se desenvuelven verdaderos sadismos políticos. ¡No basta con la etiqueta!, pero también destacamos por el bajo nivel exigencia, somos muy pasivos y acomodaticios. La transparencia de cuantas actuaciones se desarrollan se va transformando en una punta de iceberg cada vez más pequeña ¿Dónde queda la cercanía con respecto al pueblo? Quizá se trate del pueblo vecino, por que entre listas cerradas, deliberaciones internas en los partidos, negociaciones secretas y otras lindezas, se va posponiendo el fundamento político. De nuevo se pierde el paralelismo entre la realidad y las justificaciones. Quedamos entre la pasividad y la melancolía, pero burlados.

La comodidad es muy permisiva y las ambiciones desbocadas transpasan todas las fronteras; por ese camino será muy complicada la construcción de auténticos progresos sociales. Además, descargamos la responsabilidad sobre unos entes o conceptos previamente pervertidos. Destrozamos la religión, la política o lo que sea; para atribuirles la culpa a los originales. Es frecuente escuchar eso de que la culpa es de la prensa, la economía, etc. Cuando en realidad hemos convertido estos conceptos en intratables monstruos.

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