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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Políticos y sexo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 16 de octubre de 2006, 00:44 h (CET)
Desde hace algún tiempo en la mayoría de las cadenas televisivas se ha desatado una carrera desenfrenada para ver quien cuenta más asuntos, y más escabrosos, sobre los negocios de la entrepierna. Famosos y “famosillos” de medio pelo aparecen en la ventana de la pequeña pantalla y se cuelan en nuestra casa para contarnos cuando, cómo y con quién realizan sus números eróticos. Naturalmente todo ello previo talón con unos cuantos ceros a la derecha. La naturaleza humana es débil y ya se sabe que como dice el refrán “la jodienda no tiene enmienda”. Y de aquellos polvos- con perdón- nos llegan ahora estos lodos. Los políticos, aunque a veces no lo parezcan, también son humanos. Y como miembros de esta especie animal que nos hemos acostumbrado a caminar erectos también tienen sus devaneos amorosos dentro o fuera de eso que se entiende como legalidad, matrimonio o vida en pareja.

A los roqueros de la vieja escuela se les atribuyó aquello de “sexo, drogas y rock and roll”. Ahora los políticos se han olvidado del rock pero en cuestión de sexo y drogas parece ser que van bien servidos. Hace unos días conocíamos que en Italia se habían hecho pruebas de ADN a diversos políticos y más de un 30 % de los analizados acusaban en su cuerpo el empleo de diversas substancias estimulantes de las que están prohibidas. Ahora un libro se ha encaramado a las listas de venta en Francia tan sólo explicando los asuntos de cama de algunos políticos de aquel país.

Christophe Deloire y Christophe Dubois han escrito “Sexus politicus” en el que presentan a diversos próceres franceses haciendo todo lo contrario de aquello que exteriormente y de cara a sus electores dicen. Creo que el éxito de ventas se debe más en ver cómo algunos políticos también nos engañan con su vida privada que en saber quién es la persona con la que comparten lecho. La cosa no es nueva en el mundo de la política. Ya en tiempos del Frente Popular francés León Blum mantenía tres mujeres y tres familias y el gaullista Faure presumía diciendo que “mientras fui ministro hubo alguna que se me resistió, pero como presidente del Consejo ninguna”. Un verdadero bocazas este Faure. Como ven en este asunto no hay derechas ni izquierdas, todos son de bragueta fácil.

Quizás el caso de Mitterrand sea el más conocido. Los servicios secretos franceses sabían que tan sólo dormía en casa con Danielle, su mujer, los domingos por la noche, el resto de la semana lo pasaba con Anne Pingeot, madre de Mazarine aquella hija secreta que se conoció años más tarde. Y también es sabido que había tenido algún afer sentimental con la política Edith Crasson a la que los franceses llamaban “La Pompadour” en recuerdo de la favorita de Luis XIV. A Valery Giscard d´Estaing se le conocía como Valery La Nuit y los servicios secretos franceses tuvieron que simular un accidente de circulación para evitar sus salidas nocturnas. También los miembros del servicio secreto francés tuvieron que trabajar duro para recuperar las ardorosas cartas que Jacques Chirac envió a una periodista de Le Figaro mientras durante cuarenta años le juraba fidelidad a su esposa Bernadette.

Parece ser que los políticos franceses actuales son más discretos y a pesar de ello también al actual primer ministro Villepin se le han atribuido amores con Ingrid Betancourt excandidata a la presidencia de Colombia y que fue secuestrada por las FARC. Pero lo que verdaderamente me llama la atención es la falta de protagonistas femeninas en este negociado de la entrepierna. Esta visto que las mujeres son más discretas en sus líos de pantalones y que a los hombres les pierde la boca. Conozco a uno al que sólo le falta hacer muescas por cada conquista pero que no disfruta si no lo cuenta a los conocidos. Lo mismo le pasaba al torero Dominguín que después de acostarse con Ava Gardner salió corriendo a decírselo a todos sus amigos.

Sería interesante un libro como “Sexus politicus” referido a España aunque hay algunos políticos a los que no me los imagino haciéndole el salto a su legítima. La verdad es que por aquí somos más liberales que los franceses en los asuntos de la entrepierna. Como dicen por mi tierra “dels pecats del piu nostre senyor se’n riu”. Es decir que, digan lo que digan los padres de la Iglesia, allá arriba en el Cielo, si es que todavía existe, las braguetas fáciles tan sólo se consideran pecados veniales.

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