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Etiquetas:   Literatura   Escritores   -   Sección:   Entrevistas

“Hay que reivindicar la figura de Felipe II frente a sus enemigos que crearon la leyenda negra”

Entrevista al escritor Francisco Núñez Roldán
Herme Cerezo
viernes, 21 de marzo de 2014, 08:34 h (CET)



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Francisco Núñez Roldán. Catedrático de Inglés. Aficionado a la historia, al arte, a la música clásica, a la ornitología y a la arqueología. Es uno de los miembros fundadores del grupo poético Cuadernos de Roldán. Traductor y autor de guías de viaje y artículos de historia. Ha publicado las novelas: ‘La sota de sombras’ (1995), ‘El año cinco’ (1997), ‘Guatarral, almirante y pirata ‘(2001), ‘El enigma de los guerreros de bronce’ (2004), ‘Ofelia Queiroz y otros relatos’ (2004), ‘Cazar al cazador’ (2007), ‘El legado del hereje’ (2008), ‘De Algeciras a Estambul ‘(Premio Ateneo de Valladolid) y ‘Ven despacio, Paraíso ‘(2011).

En 1578, tras la muerte del rey don Sebastián en el desastre de Alcazarquivir, Portugal queda sin rey. Felipe II aspira al trono que le disputan don Antonio, prior de Crato, y la duquesa de Braganza. Las potencias europeas, incluido el papado, recelan del inmenso imperio que acabó resultando de las dos coronas sobre una sola cabeza, en 1580. Para tal unión fue vital la actuación de don Cristóbal de Moura, un portugués absolutamente fiel a sus dos patrias y a su rey don Felipe, que conjugó las intrigas de ambas cortes peninsulares con el amor apasionado y clandestino por una mujer cuyas diferencias sociales hicieron imposible un matrimonio legal. Este es el punto de partida de ‘Jaque al peón’, novela de corte histórico editada por Algaida, con la que Francisco Núñez Roldán ha obtenido el XVII Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

Francisco, ¿cómo te tropiezas con esta historia?
Todo comenzó porque en mi casa había un libro que contenía la transcripción de una gran cantidad de cartas entre el rey Felipe II y Cristóbal de Moura. De este modo conocí al personaje, descubrí su importancia y el interés de su vida y me di cuenta de que ahí había una novela.

Y ¿cómo surge el título, ‘Jaque al peón’?
Puse ese título para hacer una paradoja que atrapase a todo aquel, lector o no, que viese la portada. En el ajedrez es imposible hacer jaque a un peón. Se puede dar jaque al rey o a la reina, pero al peón no.

La novela se encuadra dentro del género histórico y es inevitable incluir una cierta dosis de ficción, ¿hay mucha en esta novela?
La ficción está en las conversaciones, revestidas de un historicismo imprescindible, y en los personajes muy secundarios, pero la estructura y la cimentación histórica de la novela son completamente reales. Si habláramos de porcentajes ficción-realidad, yo diría que la cosa esta al cincuenta por ciento.

Por cierto, el género histórico tiene una clientela de lectores muy fiel, ¿por qué atrae tanto este género o qué espera encontrar un lector en una novela histórica?
Es verdad que últimamente ha aumentado la cantidad de lectores del género histórico. Pero si lo piensas bien, te das cuenta de que este tipo de novelas siempre han existido. El propio Homero, Pérez Galdós con sus episodios nacionales, Valle-Inclán con las guerras carlistas y otros muchos escribieron dentro de este registro. Al lector quizá le atraiga porque le gusta conocer los entresijos de lo que aconteció antes de que él naciese.

A la hora de plantearte la escritura de ‘Jaque el peón’ ¿qué ha predominado más: la peripecia o un cierto aspecto didáctico y divulgador?
Ambas cosas y aún añadiría una tercera: justificar un poco la figura de Felipe II, porque una vez que lo conoces, realmente vale la pena reivindicarle frente a todos sus enemigos que fueron quienes crearon la leyenda negra en su contra. Felipe II necesita ser reivindicado como un rey más, concienzudo y serio, desde luego no peor que Isabel II o Enrique III de Francia.

Plumas de ave para escribir, lacre, códigos cifrados, mensajeros, ¿cómo se documenta un escritor de novela histórica para ambientar la época sobre la que se propone escribir?

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Aparte de la correspondencia contenida en el libro que citaba al principio de la entrevista, he leído mucha bibliografía que trata de estos asuntos, incluida la biografía de Geoffrey Parker sobre Felipe II.

Con la novela histórica siempre surge la duda sobre el tipo de lenguaje que se utiliza: el de la época o el actual, ¿cómo se consigue el equilibrio que de estilos que encontramos en ‘Jaque al peón’?
Me alegro de que digas que he conseguido equilibrio en el lenguaje del libro. Fundamentalmente, una novela se escribe para la época en la que va a ser leída, de hecho, las novelas escritas en el siglo pasado suenan ya añejas. Por supuesto, hay que cuidar la eufonía, es importante que el lenguaje suene bien. Para eso me ha servido mucho la poesía a la que le he añadido un cierto barniz historicista, pero sin pasarme.

¿Y dónde queda Francisco Núñez Roldán en esta novela?
Borges, uno de mis escritores favoritos, decía que él podía empezar una novela diciendo: nací en tal sitio tal día o un rey tenía tres hijas, porque en el fondo estaba diciendo lo mismo ya que uno, sin querer, escribe sobre sí mismo. Al conocer la vida de Cristóbal de Moura yo me hice muy amigo suyo y también me solidaricé con don Felipe, no pude evitarlo. Y por ahí debo de andar.

En la época que discurre ‘Jaque al peón’, ¿el concepto de España estaba ya completamente asumido en todos sus territorios?
Sí, el concepto de España está consolidado en esta época, especialmente visto desde el extranjero y ya no se nombra a Castilla. Así lo encontramos en los tratados de paz y en los libros. Góngora habla de España, Baltasar del Alcázar también. Cuando se acordaba un tratado de paz se firmaba como la Corona de España, no como la Corona de Castilla.

A pesar de esto, es curioso que los partidarios de la unión entre España y Portugal recibiesen el nombre de partido castellanista y no españolista, ¿por qué?
Eso es así porque los portugueses nos llamaban los castellanos y no los españoles. Luis de Camoens todavía tiene el concepto de la Hispania antigua, la de los romanos y los visigodos, la que había hasta la invasión musulmana. Además, tras los problemas con España acaecidos en el siglo XIV, en Portugal también tenían la idea de que Castilla fue quien les intentó invadir y por eso utilizaban ese nombre.

La figura del rey don Sebastián, fallecido en la batalla de Alcazarquivir, ha perdurado en nuestros días. El escritor portugués Antonio Lobo Antunes escribió en uno de sus artículos que todavía había portugueses aguardando su regreso, como si no hubiera muerto, como si fuera un mesías, ¿eso es así aún hoy?
En la novela trato un poco este tema y efectivamente el sebastianismo sigue existiendo. Pessoa sigue hablando del quinto imperio con la vuelta de don Sebastián, pero él, que era muy inteligente, se refería al imperio de la cultura. Hubo un tiempo en que el rey se aparecía por aquí y por allá porque los portugueses con su desaparición habían perdido un poco su identidad y querían recuperarla usando el mito del regreso del monarca luso. Pero don Sebastián estaba muerto, su cadáver fue encontrado y, además, destrozado.

La novela habla de las rivalidades entre los dos secretarios de Felipe II, Gabriel de Zayas y Antonio Pérez, ¿había dos grupos intentando influir en la política del rey?
Efectivamente, detrás de estos dos secretarios hay dos partidos: con Antonio Pérez estaba Cristóbal de Moura y con Gabriel de Zayas, el duque de Alba. Como en toda corte había luchas internas que no afloraban al exterior pero que estaban latentes.

¿Felipe II fue un monarca desconfiado?

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Sí, Felipe II fue un rey desconfiado. Era muy minucioso, leía todas sus cartas y añadía postdatas escritas con su propio puño y letra. Las revisaba a conciencia porque quería tenerlo todo controlado al detalle. Fue tan trabajador que no conoció vacaciones.

Centrándonos en el protagonista, Cristóbal de Moura, descubrimos a un portugués pro castellano, que desempeñó un papel fundamental en la unión entre España y Portugal, pero es poco conocido. ¿Quién fue realmente Cristóbal de Moura?
Escribí la novela precisamente porque descubrí, a través de la correspondencia que mantuvo con Felipe II, su importancia. Felipe II, según cuenta el Padre Sigüenza, confiaba tanto en él que quiso que Moura fuera quien le amortajase en el momento de su muerte. El historiador portugués Oliveira Marques habla con gran respeto y admiración sobre Moura. Lo que ocurre es que en España, como no hacemos mucho caso de los portugueses, tampoco se lo hicimos a él.

Moura tejió su propia red de servidores, ¿no existía entonces un cuerpo oficial de espías al estilo del CNI?
No, no había nada de eso y Moura tuvo que organizar su propio sistema de espionaje con el dinero que le enviaba Felipe II para comprar voluntades, algo completamente habitual entonces y que también hacían Inglaterra y Francia, aspirantes al trono portugués. Precisamente, su capacidad para preparar esta infraestructura despertó la admiración que muchos sentían hacia él.

Los criados de Moura son guardaespaldas, espías, escribanos, correos, ¿eran tan importantes en la realidad como se nos pinta en la novela?
Ese detalle se me ocurrió incluirlo después de leer una carta en la que explicaba que el Duque de Osuna acudió a Lisboa con dos criados para revisar las defensas de la ciudad. Esos criados, en realidad, eran dos militares disfrazados y entonces pensé que Moura también podía tener servidores de ese estilo.

Dentro de la novela aparece el tráfico de esclavos y Fernandillo o Fernanda le pregunta a Moura si los negros tenían alma, ¿era esta una creencia común en aquella época?
Sí, en un momento dado se produjo una polémica acerca de si los negros o los indios, en resumen los que no eran blancos, tenían alma. Al responderse que sí, procedieron a bautizarlos. Lógicamente, Moura, que me cae tan simpático, no podía pensar lo contrario.

Las ordenes mendicantes, la de los mercedarios en concreto, actuaban de intermediarios entre los rescatados, ¿qué influencia tenía esta orden en la política nacional?
Estas órdenes, en concreto la Orden de la Merced, iban con dinero a rescatar a los prisioneros cautivos de los musulmanes. Se les llamaba los alfaqueques, que quiere decir los liberadores. Era gente muy respetada y tenía mucho trabajo. Precisamente a uno de estos monjes, Juan Gil, le debemos que ‘El Quijote’ haya llegado hasta nosotros, ya que se ocupó del rescate de Miguel de Cervantes que estaba encerrado en Argel.

La última por hoy: ¿qué proyectos literarios te aguardan en un futuro más o menos próximo?
Aunque la anterior no lo fue, últimamente me salen novelas históricas sin querer. Es algo involuntario. La que estoy trabajando ahora también lo es y se centra en un periodo que abarca desde la Guerra Civil a nuestros días.

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