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Georgia: degeneración democrática y política

Alexander Yurov
Redacción
domingo, 15 de octubre de 2006, 07:39 h (CET)
Estos últimos tiempos los dirigentes de Georgia han empeorado sus relaciones con Rusia hasta tal punto que se podría hablar, sin temor a exagerar, sobre su degeneración. Y como consecuencia de ello sobreviene la degeneración en el campo de la economía.

Las estadísticas oficiales lo confirman: el PIB de Rusia se acerca a una cifra de un billón quinientos mil millones de dólares, mientras que el de Georgia apenas asciende a $7 mil millones. Además, si hace todavía un año su PIB aumentaba un 10% anual, este año el crecimiento económico prácticamente se ha reducido al mínimo. Solamente por la prohibición de la venta de vinos y agua mineral por Rusia las pérdidas que Georgia sufrió han sido del orden de $40 millones. Al mismo tiempo, Georgia se vio privada de su principal cliente comercial.

Más aun, hoy por hoy el problema de la exportación de vinos georgianos a Rusia no parece tener solución. Cada día Georgia tiene menos posibilidades de retornar alguna vez al mercado ruso. En lo que va de año las autoridades de Georgia no han hecho nada para que sus vinos comiencen a responder a la calidad de consumo requerida. En lugar del vino adulterado de Georgia en Rusia se venden bien baratos vinos procedentes de América Latina, y los rusos se han acostumbrado rápidamente a productos de buena calidad.

Por otra parte, el vino no era el único rubro en que se basaba la cooperación comercial entre Rusia y Georgia. Según datos facilitados por el Servicio Aduanero Federal de Rusia, en el período de enero-julio del corriente, el intercambio comercial entre los dos países totalizó $349,9 millones. Lo curioso es que, pese al “escándalo del vino” y desavenencias políticas, esta cifra resultó ser casi un 53% mayor que los indicadores del año pasado, siendo de notar que este aumento del comercio se produjo en lo esencial debido al crecimiento de las exportaciones rusas y ahora alcanza $298 millones. Este año se exportaron de Rusia a Georgia un 88% más de mercancías, mientras que la parte que corresponde a Georgia en el intercambio comercial total disminuyó en el 26%.

Desde Rusia a Georgia se transportaba petróleo ($44,3 millones), cereales ($18,7 millones), máquinas y equipos ($5,9 millones), artículos de metales ferrosos ($4,2 millones), vehículos y otros medios de transporte terrestre ($4,5 millones) y equipos energéticos ($4,2 millones). Georgia en cambio pudo suministrar a Rusia artículos metálicos por valor de $3,5 millones, así como frutas, nueces y café por un valor de aproximadamente $900 mil. Y eso es todo. El balance comercial a favor de Rusia salta a la vista.

Al estructurar sus relaciones con Rusia, Georgia no piensa en racionalismo. Tal vez, según el concepto de las actuales autoridades de Georgia, igual que otrora, la metrópoli debe seguir abasteciéndolos de cuanto sea necesario.

Todo parece indicar que a las actuales autoridades de Georgia les importa un comino la degradación de su propia economía. Es posible que, instigando a Rusia a romper relaciones comerciales, ellas hayan decidido establecer en Georgia un régimen de economía de subsistencia. Por otra parte, reciben ayuda extranjera (que no viene de Rusia). Se estima que su ayuda totaliza $350 millones.

Pero, resulta bastante insensato esperar que algún rico compasivo siempre brinde ayuda desinteresada. El monto de la actual ayuda al Estado georgiano resulta comparable con posibles pérdidas económicas en el futuro. Digamos, el caldear pasiones por la parte georgiana a nivel internacional le puede costar la pérdida de una suma equivalente. Según estadísticas oficiales rusas, el endurecimiento del bloqueo económico mediante la prohibición de remesas de dinero de los georgianos que trabajan en Rusia puede privar a la economía georgiana de una suma de $350 millones.

Es curioso que a pesar de ello la parte georgiana insiste en empeorar las relaciones con Rusia, aunque la moderna lógica económica exige que se den pasos en dirección contraria: si Georgia quiere ser una nación rica y próspera, tiene que adaptarse a las condiciones del vecino económico que de un momento a otro podrá volver a ser gigante económico.

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Alexander Yurov, para RIA Novosti.


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