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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

¿Existe la literatura de terror?

Herme Cerezo
Herme Cerezo
domingo, 15 de abril de 2007, 09:17 h (CET)
Está visto que en el terreno de la literatura de terror no tengo suerte. Es algo que me ocurre a menudo. Parece que esté condenado al fracaso de antemano. Les explico. Son ya varias las ocasiones en las que abordo libros que se presumen obras maestras del terror y, ciertamente, no arrancan de mí ni siquiera un encoger de tripas o un suspiro angustioso.

Recuerdo que, cuando comencé a interesarme por este género literario, lo hacía animado por el interés del suspense, de la sorpresa morrocotuda, del escalofrío. Sin embargo, la realidad puso las cosas en su sitio. Nasti de plasti.

En mi adolescencia, recuerdo que leí el ‘Drácula’ de Bram Stoker sin resultados satisfactorios y con un tedioso sabor final. Transcurrió mucho tiempo sin acordarme del género. Sin embargo, hace unos años, volví por mis fueros y recurrí a un par de antologías de esas infalibles.

- Éstas no fallan, te vas a morir de miedo ― dijo exageradamente mi buen amigo Pallardó.

Desgraciadamente, Pallardó marró en su aserto premonitorio. Ninguna de ellas consiguió su objetivo. Se supone que las antologías, aunque son siempre subjetivas, reúnen buenos cuentos vinculados al nexo que las une, en este caso el terror, y que los escritores que las nutren son especialistas de la materia en cuestión.

- Pues, mirusté ― que diría Montero Glez ―, más nasti de plasti.

Ambas antologías, una de ellas con el prometedor título de ‘Trece historias de fantasmas’, sólo obtuvieron de mí el premio ― menudo premio, tratándose del miedo ― de alguna pequeña carcajada.

Tampoco tuvo mi empeño mayor éxito con Stephen King quien, para mi sorpresa, en algunos momentos logró aburrirme. El americano, en lugar de carcajadas, extrajo bostezos de mi organismo.

No voy a seguir con la serie de lecturas, pero el otro día cayo en mis manos un título del que tenía buenas referencias (referencias de fuste, no vayan ustedes a creer, de críticos de renombre, consagrados): ‘La noche de Cagliostro y otros relatos de terror’. Y piqué. Piqué entre otras cosas porque eso de “otros relatos de terror” tenía su aquél. Pues bueno, he de decirles que lo he leído en el metro, en el bus, en mi casa, en la consulta del médico de cabecera, lo he llevado encima hasta devorarlo... Y nada de nada. José María Latorre, su autor, es un estupendo escritor, con mucho oficio sin duda. Los relatos están espléndidamente escritos y mejor contados. Quizá sobre algunos finales podríamos discrepar un poco, pero esto no viene a cuento. Lo bien cierto es que de terror nada y de miedo, que es un grado menor del terror, porque el terror es el miedo incontrolado, ni huella. Desaparecido en combate. Y eso que uno de los temas principales de los relatos de Latorre es la muerte, con todos sus aditamentos colaterales: fantasmas, cementerios, vampiros ... Pero ni aún así.

- ¡Qué pena!

Una vez más tengo que quedarme con las ganas de leer algo que realmente me produzca, al menos, una leve sensación de miedo, un cosquilleo, un atragantamiento, algo.

La verdad es que leyendo ‘La noche de Cagliostro ...’ invadió mi caletre un pensamiento. Y es que tal vez la literatura no sea un modo narrativo excesivamente propicio para el terror. Quizá nuestra mente mientras lee, suaviza los matices y la cosa queda en nada o en poco, muy en contra de los deseos del escritor. Otros modos narrativos tal vez sean más aptos para ello. El cine sin ir más lejos.

El cine te entra por la vista, sin dejar un margen excesivo para la imaginación. Ahí quien manda es el director y el consumidor es un mero espectador, un ser pasivo, un sufridor. Y ya conocen el dicho: una imagen vale más que mil palabras. Quizá por eso algunas escenas de películas de terror quedan grabadas en nuestro subconsciente para siempre y, de vez en cuando, se asoman a nuestra vida diaria, sumiéndonos en la misma sensación de miedo que nos produjeron en la sala de proyección.

Volviendo a la literatura, alguien de confianza (no es Pallardó, sino otro amigo) me asegura que no debo perder la esperanza, pues existe un escritor capaz de ponerme los pelos como escarpias y de obligarme a girar la espalda para ver si hay alguien detrás de mí mientras leo. Y ese tipo es un escritor muy famoso: Lovecraft. A ver si encuentro pronto un hueco en mis quehaceres y acometo la lectura del primer volumen de sus relatos completos, que publicó no hace mucho esa estupenda editorial que es Valdemar. Les prometo que si los leo y siento algo especial se lo comentaré.

Entretanto, si gustan, pueden echarle un vistazo a estos cuentos de ‘La noche de Cagliostro y otros relatos de terror’ del aragonés José María Latorre. A lo mejor ustedes tienen más miedo que yo.

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‘La noche de Cagliostro y otros relatos de terror’, de José María Latorre. Colección “El Club Diógenes Valdemar”, Editorial Valdemar. Junio de 2006. Precio: 8,00 euros.

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