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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Una aclaración con el tema de las ONG y su falta de realismo

“La libertad de expresión es esa manga ancha que nunca debemos permitir que se estreche”, Ignacio Escolar
Miguel Massanet
viernes, 21 de marzo de 2014, 07:33 h (CET)
La libertad, señores, es uno de los dones mejores que una persona pueda conseguir dentro de una sociedad en la que puede llegar a ser muy difícil poderla ejercer. Durante la juventud atados a la necesidad de formarse, posteriormente sujetos a las obligaciones inherentes a la profesión, el oficio, la familia, la necesidad de ganarse el sustento o la de mantener un determinado estatus dentro de la sociedad, a menudo son obstáculos infranqueables para que uno pueda dar rienda suelta a sus opiniones, se salte los convencionalismos y se exprese con plena libertad. No obstante, llega un momento de la vida en el que no se le debe nada a nadie, en el que eres inmune a las presiones de superiores, políticos o cualquier otra autoridad; cuando nada tienes que perder ni ganar expresándote, sin censura alguna, de modo que nada pueda entorpecer, de alguna manera, la visión objetiva del mundo que te rodea, ni que ponga freno al libre albedrío de usar, en toda su amplitud, el derecho a la libre crítica de los vicios sociales.

Afortunadamente, para este modesto comentarista de la realidad, especialmente de la realidad política, ha llegado ya este feliz momento en el que no debe sujetarse a compromisos, restricciones, presiones o chantajes que le impidan dar rienda suelta a sus opiniones, censurar aquello que le parece criticable, apoyar lo que a su criterio merece serlo y procurar no dejarse influir por colores ni opiniones partidistas cuando se trata de juzgar hechos, acciones, opiniones o decisiones que, según su particular ética y moral, deben ser puestos en la picota, la condena, la reprobación o el reproche. Por ello, nadie debe extrañarse de que, a pesar de que mis colaboraciones llegan puntualmente, a diario o casi a diario, a las redacciones de aquellos medios con los que coopero; en muchas ocasiones, según cual sea el criterio de quien decide lo que debe publicarse y lo que no, sus opiniones políticas o sus preferencias personales, puedan pasar largos periodos sin que mis artículos aparezcan publicados en sus secciones de opinión. No es un reproche ni una queja es, simplemente, la constatación de un hecho. ¡Ah! y no lo olviden, nunca he percibido compensación económica alguna por mi colaboración.

Vaya por delante mi agradecimiento para aquellos periódicos que me hacen el honor de honrarme con su confianza, que me publican los comentarios que les remito sin que nunca me hayan censurado ninguno ni puesto la más mínima objeción a los contenidos que puede que, en algunas ocasiones, puedan diferir de la línea editorial del medio. Dicho lo cual paso, señores, al correspondiente comentario.

He leído en la prensa escrita un artículo en el que, las oenegés, se lamentan de que la ayuda oficial española al desarrollo en el África subsahariana, ¿qué desarrollo, nos preguntamos?, ha descendido desde los 1.080 millones de euros del año 2008 (aquel en el que comenzó a notarse la crisis en España) a 200 millones en 2012. Lo relaciona el autor con la triste realidad de que en tres meses 1600 personas han entrado en España por Melilla. Al parecer, todas estar organizaciones –que, dicho sea de paso, todavía ignoramos como no han sido capaces de fusionarse para ahorrar gastos de administración, aprovechar mejor y con más sincronización la distribución de las ayudas que reciben y disminuir, de una manera radical, todo el entramado administrativo que cada una de ellas tiene montado – achacan al Estado una falta de sensibilidad hacia los necesitados que se acumulan en las fronteras de nuestras ciudades en África, Ceuta y Meliya.

Eso me recuerda a una periodista, de la tertulia matinal de la COPE, la señora Ester Palomera, que siempre que se habla del tema de los 15 fallecidos, en su intento de entrar en Ceuta, se lleva las manos a la cabeza, se lamenta de la actuación de la Guardia Civil y exige que se utilicen otros métodos menos traumáticos para impedir la entrada de inmigrantes. Lo malo es que, esta señora tan sensible, lo mismo que les ocurre a los socialistas del señor Rubalcaba, se queja de que seamos invadidos por nuestra frontera sur, pero no quiere que se utilice la fuerza para impedirlo. Lo lamentable es que estos que tanto se lamentan del empleo de la disuasión para impedir que España se convierta, como ya ocurrió con la regularización del señor Caldera, (con su masiva regularizan de los inmigrantes sin papeles que produjo un aumento de población cercano a los 5 millones); no parece que tengan muchas alternativas viables que sirvan para parar a los inmigrantes que no se paran en chiquitas cuando se trata de lanzar objetos contundentes contra nuestras fuerzas de seguridad.

Estas oenegés “exigen” la tasa Tobín (¿en España o en toda Europa?, porque si fuera así, donde deberían plantear su reclamación sería ante el Parlamento de Bruselas) para así conseguir aumentar la recaudación con la que apoyar a los países subsaharianos en condiciones de precariedad económica. Llama la atención el que, estos señores de las oenegés, estén en el limbo y parezca que ignoren la grave crisis que ha estado padeciendo Europa y la todavía peor por la que hemos pasado en España. ¿Acaso estos señores pueden criticar que España no haya podido cumplir con las promesas de aportaciones económicas para el tercer mundo, cuando el desempleo en nuestra nación está por un 26%?, ¿acaso los ciudadanos españoles no tienen derecho a ser ayudados?.

Se han recortado sueldos, han cerrado cientos de miles de empresas, cientos de miles de autónomos han tenido que bajar las persianas y ellos todavía vienen exigiendo, cuando no han sido capaces de garantizar que el dinero que España ha destinado a promocionar a aquellas naciones y que, sólo en una pequeña parte, ha llegado a sus verdaderos destinatarios; la aplicación de una Tasa Tobin que nadie sabe los efectos que pueden llegar a causar en la financiación de las economía de aquellos países de donde proceden precisamente las ayudas a África. ¿Viven, estas sociedades humanitarias, en este Mundo o se limitan a mirarse el ombligo? Lo primero que deberían plantearse es: si la estructura administrativa y operativa que tienen es la adecuada, si los salarios que cobran sus integrantes son lo limitados que corresponden a este tipo de sociedades; si sus sistemas de envío de ayuda son los más económicos y si el personal con el que cuentan es el imprescindible o no.

En segundo lugar, como condición previa, se debería comprobar si las ayudas que reciben los países de donde proceden los inmigrantes que asaltan las alambradas de Ceuta y Melilla, van a parar a los proyectos a los que van destinados o se quedan en manos de los dictadores, funcionarios, intermediarios, aduanas etc. En caso contrario: ¿cuáles son las medidas de ahorro que proponen, que sistemas de optimización de las ayudas tienen previsto adoptar, y qué tipo de medidas piensan adoptar en orden a fusionarse otras formaciones similares, para conseguir mejorar el servicio, ahorrar personal y coordinar mejor los envíos de modo que se garantice que las ayudas recibidas van a ser utilizados en aquellos proyectos que sean más urgentes y se consideren mejores inversiones?.

Todas las ayudas, procedentes de la UE, deberían estar centralizadas en una comisión del Parlamento europeo que fuera la encargada de distribuir el montante de ayudas, entre las necesidades más perentoria s de los países africanos de donde proceden los inmigrantes que asedian a nuestras ciudades africanas. Todo lo contrario no es más que gastar inútilmente el dinero recaudado. O así es, señores, como lo vemos nosotros.
Comentarios
aaa women heels 15/jun/14    17:04 h.
nke shox 2014 04/jun/14    04:51 h.
Casas Viejas 21/mar/14    13:04 h.
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