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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

La paradoja del MACBA

Óscar Arce
Óscar Arce
domingo, 15 de octubre de 2006, 07:39 h (CET)
Hace un tiempo, hubo un grupo de investigadores interesados en medir las consecuencias de modificar las variables existentes en la relación entre los seres vivos de la misma especie. Para ello, y ante la imposibilidad de utilizar seres humanos, se decidieron a utilizar como material un grupo de primates -chimpancés, creo recordar- y encerrarlos en un espacio reducido aunque suficiente.

El espacio estaba compuesto por dos áreas bien diferenciadas: la primera era la zona donde todo el grupo pasaba la mayor parte del tiempo, sumergidos en una relación normal dentro de las condiciones especiales en que se encontraban, la segunda zona se hallaba en un extremo de la sala; en ella se hallaba un pedestal la cima del cual era de fácil acceso para los reclusos.

Sobre el pedestal, el equipo de investigación colocaba un par de plátanos un número determinado de veces al día. Cuando uno de los primates conseguía alzarse sobre los otros y acceder al alimento, el resto recibía el impacto dirigido de una manguera de agua a presión durante unos segundos. Durante unos días la dinámica siguió siendo la misma.

Al cabo de unos intentos, siempre que uno de los individuos intentaba acercarse a la zona en que residían los plátanos, el grupo se abalanzaba sobre él y le propinaba una paliza considerable. Al repetirse varias veces el intento del incauto, asumió éste que su papel no debía sobresalir con respecto al del resto del grupo.

Así transcurrió de nuevo el tiempo, hasta que la relación dentro del laboratorio se volvió indiferente al factor de la existencia o no de plátanos en lo alto del pedestal del extremo de la sala.

En ese momento los investigadores sacaron de la jaula a uno de los chimpancés e introdujeron a otro que desconocía las condiciones interiores. Evidentemente, al ver el alimento al alcance de la mano y la inapetencia del resto, el nuevo se dirigió decidido hacia la zona del pedestal. Ello provocó la paliza por parte del grupo, que recordaba todavía el efecto producido al coger los plátanos.

Cuando el grupo volvió a relacionarse ajeno a la presencia del premio, los investigadores cambiaron otra vez a uno de los individuos por otro, con lo cual se reprodujo la situación anterior.

Cada vez que se regulaba el comportamiento del nuevo, se extraía a uno de los antiguos para cambiarlo por otro con lo cual, al poco tiempo, dentro del grupo no quedaba ningún individuo de los que componían la formación original del experimento.

Aunque ninguno había recibido el impacto del agua, no era posible que ninguno de ellos se acercase el área de los plátanos sin recibir los golpes de sus compañeros de celda.

Los investigadores concluyeron que, si los chimpancés pudiesen hablar, no encontrarían otra explicación a su conducta que el ‘siempre se ha hecho así’.

¿Qué explicación encontrarían a su comportamiento los antisistema que aprovechan cualquier excusa para llevar la violencia a la calle, esos anticapitalistas que se benefician -por ejemplo- de las becas en las universidades? Hippies mantenidos por el sistema que critican porque viven en un mundo en el que siempre se ha criticado lo mismo, en el que siempre han hecho lo mismo.

Cayendo, en definitiva en el estado estático que tanto les repulsa; desarrollando su rol a la perfección; comportándose tal y como el capitalismo hubiese querido que se comportaran; apalizando a quien pretenda llevarse los plátanos que todos desean y a los que no se acercan únicamente por miedo.

Al final, la paradoja del agua vive en la calle, bajo el cemento y la piedra.

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