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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Lo peor que le podría pasar a Europa, sería un triunfo de la izquierda

Si no se incentiva a quienes valen es muy posible que se desanimen y se conformen con mantenerse en un nivel más acomodaticio
Miguel Massanet
martes, 18 de marzo de 2014, 07:33 h (CET)
Si fuera verdad aquello de que “El cuando río suena agua lleva”, seguramente no nos quedaría más remedio que admitir que, en España, lo que habitualmente “suena” suele ser la izquierda y los que nos hallamos en clara minoría, al menos en cuanto a sonar, somos los que, un poco ingenuamente todo hay que decirlo, nos consideramos de derechas. En un artículo de José García Domínguez, el periodista se pregunta sobre “si hay vida más allá de la derecha del PP” y parece que llega a la conclusión de que, al menos lo que es “vida inteligente”, no la hay. Lo que sucede es que, lo primero que deberíamos proponernos, sería una reflexión sobre lo que se entiende por derecha y cuán amplio sería el abanico de opciones que se pudieran considerar afines a esta opción y cuales deberían excluirse de ella por haber sido incluidas en la definición de “derecha” por aquellos maliciosamente empeñados en desprestigiarla ante la ciudadanía.

Por supuesto que primar el esfuerzo, promocionar el estudio, valorar la inteligencia y premiar la iniciativa, la investigación, la excelencia y la capacidad de organización y visión comercial, son los principios básicos de una derecha que, por supuesto, no es partidaria de considerar a todos, ni ricos ni pobres, como clónicos a los que se ha de tratar de la misma manera. Ni todos los ciudadanos están capacitados para el estudio, ni todos tiene la misma inteligencia ni, tampoco, todos son artistas, poetas, escritores, científicos o médicos, capaces de destacar por encima del resto de los humanos en sus respectivas actividades.

A todos se les debe dar la oportunidad de optar a aquellos conocimientos básicos imprescindibles para vivir en sociedad y a nadie se le deben poner obstáculos, tanto económicos, como de índole social, para que tenga la posibilidad de estudiar lo que mejor se adapte a sus dotes intelectuales y a sus capacidades para aprender. Lo que no debe significar que, aquellos a los que no les atraen los estudios, los utilizan como coartada para no dar golpe o para desarrollar actividades de proselitismo político se los tenga que seguir subvencionando a cargo del Erario público.

Escuchamos con frecuencia de boca de agitadores soflamas contra los empresarios, descalificaciones en contra de un tipo de enseñanza en la que se premie a los que destacan y se ayude a los que se esfuerzan en aprender y se deseche a aquellos que o no tienen interés por el estudio o que quedan rezagados por no tener interés en aprender. Si no se incentiva a quienes valen es muy posible que se desanimen y se conformen con mantenerse en un nivel más acomodaticio. Sin embargo, las izquierdas se cansan de protestar en contra cualquier intento de mejorar la educación, con un tipo de enseñanza más exigente, más productiva y más efectiva. Para ellos todos somos iguales y, por ello, debemos de estar igualmente retribuidos; claro que lo aplican a los demás, porque ellos se consideran excluidos de esta limitación, como se demuestra en los recientes casos ocurridos en Andalucía donde, una serie de sinvergüenzas sindicalistas y socialistas, se han apropiado de lo que correspondía a unos trabajadores despedidos de unas empresas en crisis.

Otro de los tópicos de la izquierda es cargar contra los empresario e industriales acusándolos de explotadores, como si las condiciones de trabajo de los obreros fueran iguales a aquellas de finales del siglo XIX y siguieran en vigor aquellas citas terribles de Thomas Malthus, cuando decía: “Un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si sus padres no pueden alimentarlo y si la sociedad no necesita su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar ni la más pequeña porción de alimento (de hecho, ese hombre sobra). En el gran banquete de la Naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho en cumplir su amenaza”. Hoy en día sólo de pensar en semejante barbaridad se consideraría como un delito contra la humanidad.

Lo cierto es que sin emprendedores, sin que hubiera personas dispuestas a poner dinero para desarrollar una idea, llevarla a la práctica, fundar una sociedad y conseguir apoyo para montar una industria, un centro comercial o cualquier otra iniciativa capaz de crear riqueza y dar trabajo a una serie de personas que, en otro caso, se verían obligadas a pedir limosna; ni habría quien pagara impuestos, ni quien produjera bienes de consumo ni quien cultivara los campos o montara espectáculos para que los actores, cantantes y demás miembros de la farándula tuvieran trabajo. El anarquismo no es una alternativa.

En esta campaña, a cara de perro, que ha iniciado el PSOE ante las elecciones europeas, vemos como, la señora Valenciano, viene utilizando los viejos latiguillos de la izquierda para desacreditar a la Derecha. No hace referencia al resultado nefasto de la política de su partido durante los 7 años en los que gobernaron España; no mienta lo que fueron los años de la Rusia Soviética, el ejemplo más destacable de la economía de Estado, del dirigismo e intervencionismo en los elementos productivos, no sólo de la URRS, sino de todas las naciones de detrás del Telón de Acero. Hoy en día tenemos ejemplos vivos de los resultados de dictaduras como la cubana, la venezolana, la boliviana o la argentina, en la que gobiernos declarados de izquierdas no han conseguido mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos ni mantener la democracia.

Es obvio que, generalizando, criticando la labor del actual Gobierno español, oponiéndose a cualquiera de sus iniciativas y haciendo una labor de desgaste, propagando sin rubor toda clase de falsedades, maldades, descalificaciones y calumnias; lo que pretenden, el señor Rubalcaba y la señora Elena Valenciano, es pasar por alto, como si no hubiera existido, el periodo de 7 años en el que, tanto ellos dos, como Rodríguez Zapatero consiguieron cargarse, de un plumazo, tanto la economía, como las finanzas y las mejoras sociales de las que gozaban los trabajadores; para llevarnos a todos a una situación cercana a la quiebra soberana; aunque los que contribuyeron a ella se procuraron buenos destinos, para blindarse sus emolumentos antes de entregar el poder al PP.

Así el señor Zapatero y la señora MªTeresa Fernández de la Vega se instalaron en el Consejo de Estado; la señora Magdalena Álvarez ( la peor ministra de Fomento que ha tenido España) enchufada como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, donde el trabajo es casi nulo y el sueldo superior a los 22.000 euros al mes o las señoras Bibiana Aído y Leire Pajín (ex ministras de Igualdad y Sanidad) confortablemente instaladas en una comisión feminista de la ONU, donde tienen garantizados sustanciosos estipendios que les permiten vivir regaladamente sin tener que preocuparse por su futuro.

Ahora que el actual Gobierno, ha conseguido poner a España en el buen camino, obtenido la confianza de los mercados bursátiles y el beneplácito de la CE, la señora Valenciano se dedica a predicar en contra la “derechona” y las instituciones europeas, esto sí, sin que tengan ningún plan alternativo que ofrecer a los votantes. Incapaces de plantear algo más que no sean las habituales promesas de subvencionar a sus amiguetes, acabar con la pobreza y conseguir trabajo para todos aquellos que no tienen ¿cómo hacerlo? Pues, sencillamente, gastándose el dinero público y volviendo a la situación en la que nos dejaron en noviembre del 2011. ¡Bravo! De nuevo camino del rescate y del rechazo del resto de Europa. Algo que ya conocemos. O así es, señores, como lo veo yo.

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