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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La prueba nuclear en Corea del Norte no es nada casual

Dmitri Kosyrev
Redacción
sábado, 14 de octubre de 2006, 03:29 h (CET)
Las respuestas a las múltiples interrogantes que surgen en relación con la prueba nuclear norcoreana deben buscarse en los sucesos de la primavera de 1998, cuando se hicieron explotar los dispositivos nucleares en Pakistán e India.

Aquella situación hundía sus raíces fundamentalmente en las relaciones entre estos dos países del Sur de Asia, sin que se pueda trazar paralelos algunos con Corea del Norte. Los indios afirmaban que fueron los primeros en realizar el ensayo nuclear, porque sabían que Pakistán también se preparaba para hacerlo. La parte pakistaní esgrimía tesis de signo inverso.

Pero esto no tiene mucha importancia. Lo realmente importante es que no se pueda dar marcha atrás, invertir el curso de la historia. India y Pakistán poseen arma nuclear. Dentro de varios años, también Corea del Norte podría ingresar en el club nuclear. ¿Por qué dentro de varios años? Porque la experiencia de Pakistán, país no muy rico, ha patentizado que entre la primera prueba y la adopción de municiones nucleares se requiere bastante tiempo. Corea del Norte es más pobre que Pakistán, por lo cual es difícil hacer comparaciones. Los recientes ensayos misilísticos en Corea del Norte resultaron abortados. Pero no es sino cuestión del tiempo. De todas formas, Corea del Norte será un país nuclear, y, para acabar con las noticias malas, diremos que, teóricamente, también podría llegar a serlo Irán y, tal vez, algunos Estados más. Digamos, Japón y Corea del Sur, que de este modo reaccionarían al estatus nuclear de su vecino. El problema radica en que el Derecho Internacional ofrece pocas oportunidades para castigar al país que haya creado arma atómica. El régimen de no proliferación del arma nuclear supone compromisos voluntarios de no transferir a otros las tecnologías nucleares, asumidos por los países que hayan firmado los respectivos documentos. Los demás países no tienen derecho a aceptar tales tecnologías, si son partes del tratado del régimen de no proliferación.

Pero India no firmó este tratado, mientras Corea del Norte se retiró del mismo. Así las cosas, ¿cómo se va a castigar a un país que desarrolle por cuenta propia arma nuclear? Otra cosa es que cualquier país tiene derecho a decidir qué sanciones a aplicar contra un país que no le sea de agrado, pero de todas formas serían sanciones impuestas en el marco de las relaciones bilaterales. Por ejemplo, suspensión del comercio, de las relaciones diplomáticas, etc. El empleo de la fuerza armada ya no encaja, pues para ello es indispensable una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, igual como para otras sanciones de carácter universal.

Cabe señalar que el Consejo de Seguridad ya censuró el ensayo nuclear norcoreano y lo hizo de antemano, porque Pyongyang había advertido al mundo entero sobre las pruebas. El pasado fin de semana, el Consejo de Seguridad de la ONU afinó el proyecto de la declaración instando a Pyongyang a anular las pruebas nucleares y retornar a las negociaciones sextipartitas sobre el problema nuclear. Pero el texto de la resolución no contiene la referencia al artículo 7 de la Carta de la ONU que estipula la posibilidad de decretar sanciones, incluyendo ataques militares. Representantes de EE.UU. sí que proponían incluir esta referencia en el texto de la declaración, pero la propuesta fue rechazada.

Y esto tiene su lógica. Todas las posibles sanciones contra Corea del Norte ya se han aplicado y, antes que nada, por las propias autoridades de Pyongyang que se vieron aisladas de la comunidad internacional como ningún otro país. Lo único que queda es el cese de la ayuda humanitaria (alimentos) que presta Corea del Sur y un bloqueo de transporte que podrían imponer Corea del Sur, Rusia y China. Pero tales medidas no tienen ningún sentido. No es muy humano y poco perspicaz crear catástrofe para la absolutamente inocente población de Corea del Norte. Otras variantes, tales como la permanencia de buques de guerra frente a las costas norcoreanas, promovida por EE.UU, simplemente son absurdas. Estos años últimos, la diplomacia mundial se las venía ingeniando para tapar el resquicio en el Derecho Internacional que ahora acaba de aprovechar Pyongyang. Al hacerlo no extrañó a nadie. Esto era predecible. A los Estados que llevaban la intención de hacerse con su propia bomba nuclear se les intentó aplicar la táctica de látigo y zanahoria.

Ahora podemos con toda certeza deducir que se extralimitó en lo concerniente al látigo. La experiencia de Irak mostró al régimen norcoreano, y no sólo a él, que el poseer armas nucleares, aun encontrándose en aislamiento internacional, resulta más seguro que las negociaciones con quienes no dejan de amenazar. Y ni siquiera las negociaciones a seis en que todas las potencias regionales sin excepción intervenían como garantes de las posibles promesas norteamericanas a Pyongyang eliminaron las preocupaciones de Corea del Norte. En fin, no había que abusar del látigo y ofrecer más zanahoria. Tal es la enseñanza de los esfuerzos que a lo largo de varios años se han venido aplicando para resolver de alguna manera el problema nuclear norcoreano. No cabe la menor duda de que todos: EE.UU., Corea del Sur, Japón, Rusia y China están arrebatados en cólera. El mandatario ruso Vladimir Putin, por regla general parco en palabras, durante una reunión con miembros del Gobierno expresó: “Sin lugar a dudas, Rusia condena los ensayos realizados por la República Popular Democrática de Corea. Y el problema radica no tanto en la propia Corea como en el enorme daño ocasionado al proceso de no proliferación de armas de destrucción masiva a escala mundial”.

Hablando en rigor, ahora no se puede descartar ningunas acciones bruscas, incluidos golpes militares espontáneos, siquiera para mostrar que el desafío lanzado por Pyongyang no ha quedado sin respuesta. Lo más difícil es abstenerse de estas acciones bruscas. Justamente por esta razón, como primera reacción oficial, Moscú (por boca del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores) no sólo exige que Corea del Norte vuelva a someterse sin demora al Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares, sino que invita a todos los “Estados concernidos” a dar muestras de moderación y comedimiento.

Una evidente conclusión que se debería sacar de la situación configurada sería una revisión radical por las potencias mundiales de cuanto han hecho en los últimos años en el ámbito de no proliferación, tomando por el punto de referencia los resultados que estamos presenciando. A propósito sea dicho, Rusia advertía por canales confidenciales y abiertos que las presiones (sobre Corea o Irán) no surtirían ningún efecto, trayendo a colación los casos de una renuncia responsable y voluntaria de los países a la posesión de armas nucleares. Me refiero no sólo a la República Sudafricana sino también a Ucrania y Kazajstán. Los diplomáticos de Moscú y de Washington juntos cumplieron hábilmente esta tarea, sin recurrir a ningunos látigos. Lo consiguieron empleando técnicas más sutiles. Esta experiencia ya se conoce. Sobre ello se escriben memorias.

Sea como fuere, pero la revisión de la política exterior requiere tiempo. De momento, las evidencias apuntan a que la Península Coreana será nuclear para siempre.

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Dmitri Kosyrev, para RIA Novosti.


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