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Males congénitos
Enrique Salvatierra
En estas últimas semanas, y más aún tras la derrota ante Suecia, todas las lenguas y las plumas periodísticas hablan de la grave crisis por la que está pasando la selección española de fútbol. Dichas críticas, muchas de ellas fruto de la impaciencia que siempre ha caracterizado a la prensa deportiva de nuestro país, están pasando factura y han dejado huella en el combinado nacional. Si ya de por sí el ambiente que la rodeaba era bastante tenso, los medios se han encargado de hacer crecer una bola, que ha llegado a ser tan grande, que difícilmente se podrá parar.
Declaraciones de jugadores, encuestas sobre el entrenador actual y sobre posibles sustitutos, filtraciones de ofertas para el cargo de seleccionador, nada de esto beneficia a una selección que aún no se ha levantado del duro golpe que sufrió en el pasado mundial. El equipo necesita confianza y apoyo, pero en vez de eso solo encuentra más y más piedras en un camino, que si esto sigue así difícilmente les llevara a la Eurocopa 2008 de Austria y Suiza.
La única solución posible es que todos nos unamos y demos un voto de confianza al seleccionador y a un equipo que necesita urgentemente sentirse apoyado por una afición que a las primeras de cambio comienza a pedir culpables. Pues me atrevería a decir que estos culpables no están dentro de la selección, ni en su equipo técnico, ni en sus jugadores, sino un poquito más arriba. Hace ya unos años que se vive una especie de cacicada en el seno de la Federación, donde Villar, actual presidente, no quiere dejar el cargo a pesar de su bochornosa gestión.
Ahí es donde debemos buscar a la hora de criticar. Porque si la dirección de una empresa está desequilibrada, sus trabajadores no van a dar el mismo rendimiento. Así que no acusemos a un seleccionador o a unos jugadores de un problema que sin duda alguna viene de más arriba.
Y es que este problema de malos resultados, no solo lo vemos en la absoluta. El martes por la noche la sub-21 quedaba apeada del próximo europeo y de los juegos de Pekín 2008. Desde Sydney 2000, no asiste la delegación española de fútbol a unas olimpiadas. Por lo que realmente esto no es un problema de jugadores, ni de seleccionadores, todo es un reflejo del mal ambiente que hay en una Federación, que hace de todo menos preocuparse por el fútbol español. ¿La solución? Muy fácil, todos los edificios se construyen desde la base y este hay que reconstruirlo, pero nos confundiremos si empezamos cambiando todo lo relacionado con el equipo, porque el verdadero mal de la selección se encuentra en su base, la Federación.
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