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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Desahuciados

Desde los orígenes son muy patentes las desigualdades
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 14 de marzo de 2014, 07:12 h (CET)
Perdidas las esperanzas, quedamos desahuciados de los empeños emprendidos, de los simples deseos; los remedios ya están fuera de lugar. A las causas naturales, habremos de añadir los malos planteamientos sociales, justos o injustos. ¿Quién lo medirá? A la escasa atención prestada a los criterios adoptados para cada decisión, por fuerza habremos de añadir el lamento a destiempo por quienes resultaron perjudicados en el proceso. El QUEJIDO extemporáneo deriva de la previa omisión impertinente. Los sufridores potenciales somos todos, según el momento y el asunto tratado.

Con la relectura de “El hombre de Kiev” (Bernard Malamud. 1967), comprobamos la persistencia de los defectos humanos. Los tintes kafkianos del relato cobran actualidad reflejados en los COMPORTAMIENTOS contemporáneos. Referiré algunos de los rasgos característicos de esos reflejos actualizados. Las miserias acogotan la mente, es verdad; aunque no lo será menos, el que la razón es empleada con frecuencia como un agravante de las peculiaridades humanas, es un hecho comprobado a diario. Varian los nombres e incluso los lenguajes empleados, con una reiterada aparición de los ejemplos nefastos; en Kiev, Europa o cualquier área geográfica. A poco que levantemos la mirada, ratificaremos tal consideración.

Desde los orígenes son muy patentes las desigualdades; incluso, en no pocos casos, insalvables. Constituyen un dilema candente que orienta hacia la posible prevención de los sufrimientos. Ahora bien, ¿Hemos guardado algún rescoldo que nos impulse a pensar en los demás? ¿Somos capaces de pensar en algo que supere las diferencias del presente? ¿Superaremos el pragmatismo de la eficacia y la fuerza dominadora? La misma iniciativa de hacernos demasiadas preguntas no aparece por ninguna parte; la rutina prevalece.

El DESPLANTE ante interrogantes como estos deja a mucha gente sumida en penalidades progresivas. Es más, puestos en estas tesituras altivas y desdeñosas, los mismos triunfadores del momento adquieren una costra de míseras presencias, engalanados a costa de las penalidades ajenas. Asombra la sumisión de una tolerancia mal entendida cuando los enfoques malvados son evidentes. Ante estas disyuntivas no vale la neutralidad de los necios.

La crisis es el último ente despersonalizado al que achacamos los reveses actuales. Sin embargo, nos vendría bien recalcar que el pretendido anonimato de las estructuras causantes de los graves problemas, ¡Arrastra nombres y apellidos concretos! Los magnates fatuos, ensoberbecidos y crueles; hinchados a fuerza de beneficios. Los políticos utilizados como domadores de la gente corriente, impulsados por motivos evidentes. También los cómplices que sacan tajada, aunque no hubieran sido los promotores. Y sobre todo, los DESESPERADOS son algo más que datos acumulados, olvidados en las menciones de fondo. Los nombres y las circunstancias están ahí, aunque no apreciemos señales convincentes de que las contrapropuestas prosperen.

Cualquier desapego resultará crucial a la vista de las incesantes CARENCIAS abrumadoras; el aislamiento contribuirá a que falten los puntos de apoyo, parece que el lema sea: ¡Qué cada uno se sienta aislado! Y me atrevo a decir que con un aplauso muy generalizado. Dinamitemos el núcleo familiar de manera que sus rasgos permanezcan diluídos en la vorágine desprovista de sentido. Las personas ya no dialogan con los profesionales de otros sectores, sino con la frialdad de las grabaciones automatizadas. ¿Quién recuerda algún representante de los ciudadanos escuchando a sus representados? Así, circulamos a la deriva, a merced de las ventoleras artificiosas.

Están de moda los secretos a gran escala, constituyen una demostración de los enormes tentáculos a disposición de los poderosos; de imprevisibles consecuencias, de grandes responsabilidades. El cotilleo sería su hermano menor. Pero, entre ambos, el espionaje nos tiene CONTROLADOS a todos; con tarjetas, chips, datos de Hacienda, préstamos, ordenadores o dispositivos de lo más novedoso. ¿Para la buena marcha general? ¡De algunos! Por que, de manera sibilina, los artilugios son utilizados por los instalados en las mejores poltronas. La inmensa mayoría sufre el desplazamiento progresivo de esa información; lo que incrementa el recorte de las esperanzas hasta extremos insolventes.

Dada la abundancia de intereses contrapuestos, acentuados por la codicia desmesurada o por acuciantes necesidades, las redes de datos conocidos están notoriamente expuestas a las TRAICIONES, falsos testigos, informaciones tendenciosas o mentiras gordas. ¿De dónde provendrán? Eso sólo se conocerá al final y no siempre. Mientras, el clima desconfiado extiende sus aires, con la consiguiente intranquilidad general; contribuye al desaliento y al abandono de cada uno a su suerte, quedando muy expuestos a la depredación por parte de los potentados.

¿Estarán para algo las leyes? ¿La regulación de los procesos será posible? Quizá. Sin embargo, le sucede al hombre de Kiev en la novela y lo observamos en demasiadas circunscripciones; donde menos conviene al bien general, surge el FISCAL acomodaticio que tritura las esperanzas aún conservadas. Quien dice el fiscal, dice cualquier figura de carácter similar y con grandes poderes. El capricho y los intereses del fiscal, circulan por derroteros muy alejados de los más desvalidos, sea un pobre remendón, parado o marginados varios. Por desgracia, levantamos la mirada y los ejemplos repugnantes saltan a la vista.

¿Cuál es la verdad subyacente a las penurias originadas por gente civilizada? Pudiera contentarnos el hecho de que cada persona dispusiera de su verdad, por que todos tenemos suficientes limitaciones; ni nos acercamos a ninguna verdad absoluta. Pero la realidad confirma una ESTUPIDEZ menifiesta, toleramos la apropiación de supuestas verdades por parte de gente alienada en torno a dioses, patrias, lenguas o determinados rituales excluyentes de cara a quienes no asumen sus pronunciamientos.

Al que se sienta desahuciado por cualquier motivo, le resultará ingenua la esperanza cifrada en los posibles cambios futuros. Los mecanismos de su SEGREGACIÓN, permanecen adaptados a los diversos ambientes. Las directrices económicas no renuncian al mantenimiento e incremento de las riquezas establecidas. El sentido comunitario plural no preside las conductas de los iluminados catalanistas o de los núcleos de población filoetarras. Sirven de ejemplo, los discordantes quedan descolgados de los cuidados generales.

Cuando priman los intereses hegemónicos, los rasgos de alienación aumentan. Pierden las referencias con la diversidad real. Miran sólo a su ombligo, incapaces de la consideración de sus propias limitaciones. Desprecian al diferente, al que no conceden tregua.

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