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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Obrador, Ollanta y Ottón

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 13 de octubre de 2006, 01:14 h (CET)
Este año las tres elecciones presidenciales latinoamericanas más reñidas han sido las de Costa Rica, Perú y México. En ellas perdieron por poco margen tres candidatos que tienen en común cuestionar desde la izquierda el sistema vigente de economía y de partidos.

Ottón Solís, Ollanta Humala y Andrés Manuel López Obrador puede que no hayan tenido mayor contacto entre ellos. Sin embargo, los tres han coincidido en plantear reformas sociales para ‘erradicar el neoliberalismo' y fueron derrotados por dos ex presidentes o por el candidato del presidente en funciones.

El primero perdió por un punto (41% contra 40%) ante el ex presidente tico Óscar Arias. El segundo ganó la primera vuelta peruana por más de seis puntos (31% contra 24%) pero perdió en la segunda contra el ex presidente Alan García (52,5% contra 47,5%). El tercero reclama aún que no perdió por medio punto (36% contra 35,5%) ante el oficialista Felipe Calderón, el delfín del actual presidente mexicano Fox.

Frente al eje Chávez-Castro-Morales, el que más se diferenció de éste fue Solís, mientras el único que fue a Caracas a pedir su patrocinio fue Humala. En cambio, López Obrador y Chávez decidieron no ligarse públicamente mucho para evitar un escenario tipo Perú donde se buscase polarizar al electorado entre el candidato ‘que defendía al país’ con el ‘que defendía a Venezuela’.

Tras el veredicto final, Solís fue el único que decidió asumir el rol de una ‘oposición constructiva’. López Obrador, en cambio, es el único que se niega a reconocer al nuevo mandatario y que se declara ser el legítimo presidente. Mientras el primero no pudo o no quiso movilizar a sus partidarios (la apatía y el ausentismo fueron fuertes en las elecciones ticas), el segundo ha querido expresar una ola de descontento y ha logrado hacer una concentración en la plaza mayor (el Zócalo) donde cientos de miles lo han declarado presidente.

Humala quiso denunciar fraude y luego formar un frente moviliza-calles tipo Obrador, aunque para ir hacia la ‘tercera vuelta’ (las elecciones regionales del 19 de noviembre). Mas no quiso o no pudo hacerlo. La otra salida hubiera sido ofrecerse a colaborar con el nuevo gobierno (para que Alan se entendiese con él más que con la derecha). Sin embargo, Ollanta no hizo ni uno ni lo otro y el resultado es que su movimiento se dividió y él sufre una campaña de demolición.

El hecho que García le ganó con una seria ventaja debilitó sus argumentos de fraude, aunque él, a diferencia de López Obrador, ganó la primera ronda y en la segunda ganó en todo Perú menos en la capital.

Mientras Costa Rica es una nación ‘tranquila’ en la cual Solís ha venido avanzando en dos presidenciales y se prepara para la siguiente elección, en Perú muchos creen que a Ollanta se le ha desinflado la llanta. Parte de la intransigencia lopizta se debe a que él no tiene asegurado su rol de jefe de la oposición (algo que hasta en su propio partido se le cuestiona) y a que teme hacerse humo como Humala.

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