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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Atractivo de la diversidad educativa

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
viernes, 13 de octubre de 2006, 01:14 h (CET)
La educación parece no estar de moda y la economía se convierte en el eje prioritario o en el centro de interés de las naciones, pero es preciso recordar que aún existen sectores punta de la economía en Europa donde no se dispone de los recursos humanos adecuados para afrontar la investigación al más alto nivel. Cada vez hay menos dudas respecto a la necesaria interacción entre los sistemas educativos y los productivos. Es patente el interés común de todos los Estados miembros de la Unión Europea y la plena coincidencia al considerar que el paso de los sistemas educativos al trabajo debe facilitarse mediante una formación más práctica.

Convertir la formación profesional en una verdadera alternativa a la Universidad llevará inexcusablemente a convertir el crecimiento en empleo efectivo. Y es que el mayor peligro para la Unión puede surgir de la escasez de iniciativas, así como del mantenimiento de hábitos, estructuras y opiniones que fomenten los egoísmos nacionalistas, la pasividad empresarial y la resignación gubernamental.

Hoy se puede asegurar que de la formación profesional y de la educación en general se esperan soluciones para todo; de ahí que también la Universidad deba mantener una interacción con el ámbito económico que lleve a garantizar la formación de ciertas categorías de técnicos donde siempre habrá escasez, ante los permanentes cambios en las sociedades y la creciente necesidad de reconducir los saberes. La cooperación de todos los países de la Unión Europea, en lo que a educación se refiere, se convierte en una parte natural del proceso integrador. Ello contribuirá a una estimable mejora en todos los sentidos y, fundamentalmente, en la garantía de empleo y en las condiciones de vida.

Esa integración no pasa por la igualdad en la adopción de medios, de sistemas o de estructuras. Precisamente la diversidad de los sistemas educativos comunitarios debe verse como una ventaja que ha de mantenerse, con el fin de aprender unos Estados de otros. Tal diversidad generará una necesidad inevitable de aumentar la comprensión mutua entre los sistemas educativos, permitiendo un enriquecimiento general al abordar la comparación de ideas, de políticas posibles y de experiencias diversas.

La convergencia europea no está reñida con la permanencia de la diversidad. El conocimiento de los distintos sistemas europeos se convierte hoy en un claro atractivo con la reconocida contribución de numerosos programas europeos.

En 1993 el Tratado de la Unión Europea definió la política comunitaria en el ámbito de la educación incidiendo en que "... contribuirá al desarrollo de una educación de calidad fomentando la cooperación entre los Estados miembros y, si fuera necesario, apoyando y completando la acción de éstos en el pleno respeto de sus responsabilidades en cuanto a los contenidos de la enseñanza y a la organización de sistemas educativos, así como de su diversidad cultural y lingüística".

Se definen, así, los principios generales de la cooperación comunitaria en el campo educativo. Además, es un firme propósito de dicho Tratado incrementar el intercambio de información y de experiencias sobre las cuestiones comunes a los sistemas de formación de los Estados miembros. Ante todo se pretende posibilitar que profesionales de la docencia con responsabilidades educativas en otros países revisen o modifiquen su trabajo diario a la luz de la experiencia directa de estructuras y reformas educativas de otros Estados miembros y, por otra parte, aumenten la cantidad de información -seleccionada y actualizada- sobre los programas educativos existentes en toda la Unión.

Hoy, cuando todas las comunidades autónomas han asumido las competencias educativas, es imprescindible que se tenga presente desde las instancias regionales el papel determinante de la educación y de la formación como factores que contribuyen al desarrollo personal y a la mejora de los valores sociales. Igualmente es indispensable una clara coordinación entre las acciones de las distintas Administraciones y organismos con responsabilidades en materia de formación y mercado laboral para hacer posible que la educación y la formación contribuyan a reforzar la competitividad de las empresas, a favorecer el aumento de puestos de trabajo estables, a la eliminación del paro y a la disminución de la jornada laboral.

Fomentando la formación permanente, potenciando la educación de las personas adultas y favoreciendo la formación continua de los jóvenes, el crecimiento se convertirá necesariamente en empleo y el trabajo favorecerá la integración social, además de la igualdad de oportunidades.

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