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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Atención con estos programas presuntamente solidarios!

Los ciudadanos de a pie nos encontramos indefensos ante el gran poder propagandístico de la prensa
Miguel Massanet
miércoles, 12 de marzo de 2014, 08:15 h (CET)
Los ciudadanos de a pie nos encontramos indefensos ante el gran poder propagandístico de la prensa. Pero si existe un medio que tenga la máxima capacidad de influenciar a una audiencia es, sin duda, el televisivo. Los productores de las cadenas televisivas han encontrado la gallina de los huevos de oro aprovechándose de las TV para satisfacer el morbo de los televidentes, tocar su fibra sensible y apelar a la tradicional sensibilidad de los españoles ante las desgracia ajena, para recaudar dinero. Es posible que haya casos en los que el apelar a la solidaridad de los españoles esté justificado, sea laudable y tenga un fin evidentemente social, destinado a solucionar la situación de un determinado sector que precisa de la ayuda de quienes estén en condiciones de poder aportarla.

Sin embargo, deberíamos partir de una idea que debe de estar grabada en la mente de todos los ciudadanos. El encargado, aquel al que le corresponde hacerlo y está facultado por todos los ciudadanos, en virtud del resultado de las urnas, de ocuparse de las políticas de asistencia a los ciudadanos necesitados y velar por su salud y bienestar es, sin duda, el Gobierno de la nación quien, a través de las instituciones destinadas a velar por los necesitados, a la sanidad pública y a los organismo públicos de atención de la salud de los españoles, tiene la misión primordial de preocuparse de que, en España, no haya nadie que carezca de lo imprescindible para tener una vida digna, tanto en la salud como en la enfermedad. Partiendo de esta base está bien que existan otras sociedades, oenegés, entidades religiosas o mecenas particulares, que contribuyan de forma caritativa a atender casos particulares, participar en campañas de ayuda internacional a niños, mujeres, enfermos etc. que puedan contribuir a que, en países en los que existe la miseria y las hambrunas, se pueda socorrer a aquellas que se hallan desamparadas.

Con todo, no se puede negar que en todo esto de la “caridad internacional” existe una tendencia a que, cada una de las instituciones de ayuda a los desamparados, vaya a su aire, necesite su propia estructura, tanto administrativa como funcional, y, en ocasiones, despilfarre medios en realizar ayudas en lugares donde, por las circunstancias políticas del país a las que se destinan, no lleguen, en su totalidad o sólo parcialmente, a manos de aquellos a los que están destinados. Esta circunstancia y el hecho, evidente por otra parte, de que en algunos casos la estructura administrativa se come una gran parte de los donativos recibidos o en aquellos otros casos en los que indeseables utilizan como excusa la caridad para hacerse con el dinero de las donaciones; haría recomendable que todo este tipo de organizaciones de ayuda a menesterosos tuvieran que están directamente fiscalizadas y auditadas por el Gobierno de la nación.

Y, en este punto cabría hacer mención a un fenómeno, por desgracia demasiado frecuente, que tiene lugar en muchos actos de carácter benéfico a favor de determinadas sectores afectados por alguna enfermedad rara; en socorro de damnificados por fenómenos de la naturaleza o por desgracias colectivas causadas por guerras, epidemias o cualesquiera otras causas excepcionales, que sobrepasen las posibilidades del propio Estado. Es muy frecuente que los organizadores ( en la mayoría de casos actores, presentadores, cantantes, personajes de la política, las artes o las letras etc.) no se puedan sustraer a la tentación de mezclar en la celebración los actos encaminados a conseguir mentalizar a la ciudadanía respecto a la necesidad de contribuir a una determinada causa benéfica; otos tipos de mensajes de calado político, de propaganda de una determinada ideología o de crítica directa a las instituciones estatales; a las que pretenden desacreditar aprovechándose de la sensibilización de una audiencia fácilmente maleable ante situaciones, muchas veces inevitables, de penuria, miseria o explotación de las personas.

Es obvio que, en cualquier país y, precisamente, en los en que se dan más casos de miseria, mortandad infantil o enfermedades venéreas, suelen ser aquellos en los que existen gobernantes que ejercen un poder dictatorial sobre sus ciudadanos como consecuencia de revoluciones o golpes de estado de tendencia izquierdista; hay rastros de pobreza y situaciones de ciudadanos que viven en los límites extremos a causa de la crisis o de situaciones de precariedad social. Es posible que, en ocasiones, la ayuda del Estado no llegue a cubrir todos los casos en los que la injusticia social se manifiesta y por ello, es bueno que existan asociaciones benéficas que se ocupen de estos marginados, buscando la ayuda necesaria para solucionar sus problemas.

Ello no obstante hay que tener un control sobre estas iniciativas que, en muchas ocasiones más que hacer un acto benéfico buscan conseguir audiencia, exacerbar el morbo de los espectadores y conseguir con ello un plus de beneficios para la cadena que emite el programa conseguido con los anunciantes que son, en realidad, los que lo patrocinan y proporcionan beneficios a la TV en cuestión. Existen cuestiones que sería muy conveniente que se dieran a conocer, por ejemplo ¿Cómo en un programa que se emite en la TV1 por las tardes, para ayudar a personas necesitadas a recibir ayudas de los teleespectadores, se selecciona a quienes han de ser los agraciados que aparecerán en la pantalla? Estamos acostumbrados a que, tanto en las cadenas televisivas, como en radios y otros medios informativos, se les haga entrevistas a aquellos que, supuestamente, han sido agredidos por la policía, desahuciaos de sus viviendas o golpeados por la policía por haber incurrido en una resistencia a la autoridad; en las que los entrevistadores se ponen inmediatamente de parte del que aparece como perjudicado sin que se tomen la más mínima molestia de intentar escuchar a la parte contraria que, con toda seguridad, tendrá algo que decir al respecto.

¿No será que, previamente a la emisión del programa, se escoge a aquellos que pueden resultar más simpáticos a la audiencia; los que sepan expresarse mejor o los que resulten más impactantes y creíbles?, ¿qué garantías hay de que aquellas familias de necesitados sean en realidad las que más ayuda necesitan? ¿Quiénes son los encargados de buscar a las familias a las que se pretende ayudar, que método se utiliza? Por de pronto existe una clara discriminación respecto a otros necesitados a los que se excluye a favor de uno determinado.

Y un apunte más. El Ayuntamiento de Madrid le concedió un premio a la periodista Isabel Gemio, una señora que unos días atrás organizó una tele maratón para conseguir dinero para enfermedades raras. Un evento que consiguió recaudar una importante cantidad de dinero que, supuestamente se destinará a la investigación sobre este tipo de enfermedades. Una iniciativa laudable y en parte debida a que la periodista tiene en su familia un caso de este tipo de dolencias. Esperamos que no sea esta la causa única y que sea preciso que sea una persona conocida para que se promuevan recaudaciones sobre tantos y tantos temas en los que se precisa la caridad colectiva. En todo caso hay que decir que, la señora Gemio, cuando recibió el premio del Ayuntamiento de Madrid, del PP, no tuvo otra ocurrencia que organizar uno de estos mítines a los que nos tienen acostumbrados los de izquierdas, precisamente hablando en contra del PP y de su Gobierno. Veamos, señora mía, si una persona está disconforme con una opción política lo primero que debería hacer es no aceptar el premio, agradecerlo y callarse; lo contrario, además de demostrar ser una desagradecida, ronda con la mala educación, aunque ya sabemos que, a los de las izquierdas, esto de la educación se la repampinfla. En todo caso, así es señores, como valoro esta materia tan cuestionable.

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