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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El peligroso juego de los nacionalismos en Europa

Los países del norte de Europa, dependientes en un 70 u 80 del suministro de gas ruso, no están en condiciones de mantener una actitud belicista continuada
Miguel Massanet
domingo, 9 de marzo de 2014, 10:42 h (CET)
Es posible que se trate de simple política. Y es que, con eso de la política, parece que no hay límites y que tanto vale para un roto como para un descosido, siempre que quienes la manejan consiga alcanzar sus objetivos. Hay política persuasiva, política enérgica, política claudicante o política contemporizadora. Incluso podemos extremar sus aplicaciones con política bélica, política de acercamiento o política de confrontación. De hecho el término política se presta a miles de posibles interpretaciones y potenciales opciones. Alguien la ha definido como “una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva”. ¡Ya! Seguramente ésta deberá ser la acepción más naíf, bien intencionada y cándida de todas y la que, seguramente, sea la menos aplicable; si es que queremos referirnos al caso de las “políticas públicas”, respecto a las cuales he elegido la siguiente definición: “El término políticas públicas se refiere siempre a la acción del gobierno y a las intenciones que determinan esas acciones” perteneciente al autor de la obra American Public Policy, Clarke O. Cochran, profesor de ciencias políticas de la U.T. de Texas; como la más realista y comúnmente utilizada por la mayoría de gobiernos.

Y este preámbulo no tiene otro objetivo que resaltar lo complicado que nos resulta, a los ciudadanos de a pie, el llegar a discernir lo que se proponen los gobernantes de nuestro país, los de la UE, los de los EE.UU. de América o los de Rusia y Ucrania; con esta indescifrable trama en la que parece que se está jugando una partida de dados en la que, cada uno de los jugadores, pretende jugar con dados trucados, con el fin de intentar sacar el máximo provecho de su habilidades en el juego. Si nos referimos a la UE nos cuesta pensar que, sabiendo cual iba a ser la reacción de la Rusia del señor Putín, ante la posibilidad de que la península de Krimea, allí donde mantiene su flota del Mediterráneo, pudiera caer en manos de su enemigo tradicional, los EE.UU., (en el caso de que Ucrania se llegara a integrar, fuera como miembro de pleno derecho o mediante pactos comerciales y acuerdos de cooperación económica y militar con la UE).; los “inteligentes” miembros del Parlamento Europeo, no supieran que sería inimaginable que Rusia se conformara, se tragara el anzuelo de un “cambio de régimen”, conseguido a través de unas algaradas en Kiev, por revolucionarios alentados por el señuelo de ser admitidos en la UE y con la vaga promesa de ser recompensados por ello.

La jugada, como ha quedado demostrado, era demasiado bocado para una UE llena de contradicciones, integrada por países de distinta dependencia de los suministros energéticos que Rusia envía a Europa a través de Ucrania y con distintas sensibilidades respecto a la intensidad de la actitud de firmeza y de las posibilidades de elevar el listón de la reacción ante la ocupación rusa de Krimea que, por cierto, ha sido inmediata, contundente y sin preparación diplomática alguna. El resultado ha sido que Putín ha demostrado no achantarse y Bruselas ha tenido que recoger velas, limitándose a condenas verbales contra la actitud de Rusia, pero sin que, en ningún momento, el rechazo haya pasado de algunas medidas de índole diplomática y de “amenazas” de incautación de bienes rusos en el extranjero.

El señor Obama, por su parte, tiene demasiados problemas internos en su país, entre los cuales el de la disminución de su popularidad no es el menor, así como el hecho de que muchas de sus promesas electorales de tipo social no se han podido llevar a cabo, las unas por el impacto de la crisis en la economía del país y las otras por el freno que les ha puesto la mayoría republicana en Cámara de Representantes. Por otra parte, en esta ocasión, las encuestas nada más le dan un 18% de los americanos que estarían dispuestos a apostar por una reacción que pudiera poner en peligro la paz del país. Sus declaraciones han sido comedidas y de contenido suave. Apoya a Europa y a Ukrania pero no hay ninguna muestra de que esté decidido a dar un paso adelante para solucionar el contencioso de Krimea. No sabemos si mantendría la misma posición si Putin se decidiera a dar un paso más en su escalada militar, para prestar ayuda a otras provincias que se han manifestado pro rusa; pero más vale que esto no suceda.

Es obvio que, aunque la señora Merkel se ha mostrado beligerante y ha condenado la actuación rusa en Krimea, no parece que los países del norte de Europa, que dependen en un 70 u 80% del suministro de gas y petróleo de los rusos, estén en condiciones de mantener una actitud belicista continuada si, como pudiera suceder, los rusos optaran por tomar represalias cortando ambos suministros. Por otra parte Ukrania se encuentra en una situación económica insostenible y ya pidió 35.000 millones de euros para conseguir salir del paso. Ahora parece que, desde Europa, en un gesto de arrepentimiento por haber animado la revolución de Kiev, han decidido darles uno crédito de 11.000 millones de euros que, a todas luces, resulta insuficiente para recomponer la grave situación de la nación ucraniana.

No sabemos si las movilizaciones de reservistas, los anuncios del novel gobierno democrático de la nación mostrándose dispuestos a defenderse del acoso ruso si fuere necesario, con sus fuerzas armadas; se trata de un mero bluf o si, en ello, hay algo de verdad, lo que sin duda situaría al país en una situación de miseria difícilmente asumible por una nación que está al borde de la bancarrota o, en el caso de recibir ayuda de Europa, la posibilidad de una escalada bélica de difícil cuantificación. Lo que sí resulta evidente es que a España la repulsa de Europa a la división de la península de Krimea de Ucrania, le va como anillo al dedo, pues deja clara la postura de la CE respecto a intentos de que, algunos separatismos nacionalistas, pudieran tener apoyo comunitario. Tal y como se está poniendo sobre el tablero político esta cuestión, no hace sino confirmar que el anunciado separatismo catalán goza de pocas simpatías en la UE.

Es obvio que el señor Rajoy no pueda adoptar otra decisión que la de sumarse gustoso a la posición de los países que se han enfrentado a la posibilidad de una posible división de Krimea de Ucrania y airear a los cuatro vientos que, cualquier comunidad que pretenda apartarse del mandato constitucional y busque escindirse de su país, quedará proscrita y no será aceptada como nación independiente por ninguna de las naciones pertenecientes a la CE y, con mucha probabilidad, tampoco por otros países a los que nos les interese crear un precedente tan peligroso. Muchos pensamos que, el señor Mas, se dejó seducir con demasiada facilidad por los cantos de sirena de un señor Junqueras que nada tenía que perder y si mucho que ganar con el envite que decidieron presentar, conjuntamente, al Estado de Derecho. Los resultados no sabemos aún cuales serán pero, en cualquier caso, los que van a salir perjudicados con todo este juego político van a ser, sin duda, los propios ciudadanos de Catalunya.

Juegos de políticos barajando políticas sin percatarse de que, los que no son capaces de medir el alcance de sus acciones ni están preparados para estar a la altura de sus responsabilidades, tienen el peligro de poner, a aquellos que confiaron en su capacidad para gobernarlos, en una situación insoluble que los conduzca a un callejón sin salida o, lo que es lo mismo, al caos social y económico. O así es, señores, como interpreto este maremagnum en el que nos encontramos inmersos.
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