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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Dónde está la raíz del mal?

Ignasi Castells Cuixart (Barcelona)
Redacción
miércoles, 11 de octubre de 2006, 03:03 h (CET)
Dice la flamante ministra de Educación Mercedes Cabrera, que la raíz del mal - hablando del acoso escolar - está en que “esta sociedad ha incorporado la violencia, sobre todo en imágenes, con demasiada naturalidad”. Es verdad que probablemente hemos traspasado el umbral de sensibilidad por el hecho de vernos bombardeados diariamente por todo tipo de imágenes violentas, reales o ficticias, que nos transmiten los media. Pero, como ya apunta la misma ministra, corregir esto es muy difícil por no decir imposible. Por este motivo, la recién estrenada ministra no descartaba la puesta en marcha de algún tipo de “reglamento” que regulara los comportamientos en la escuela. Buen comienzo sería, pero peca de ingenua – con todos mis respetos – cuando dice que le gustaría hacer extensiva esta idea al entorno familiar. Ella sabe que la verdadera “raíz del mal” está precisamente en este “laissez faire” con el que muchos padres están malcriando a sus vástagos, por lo que esperar su colaboración voluntaria para implementar algún tipo de “manual de buena de conducta” en el hogar, es sencillamente ilusorio. Van a rechazarlo de pleno invocando la libertad individual. Por lo tanto este camino no vale, hay que buscar otro. Esto supone empezar “cogiendo el toro por lo cuernos” y decidir con firmeza, con rotundidad, el tipo de comportamientos que, en el entorno escolar, van a ser considerados como aceptables y los que no lo van a ser, y por tanto, reprimidos y sancionados. Orden y disciplina no están oposición con tolerancia y respeto. Todo lo contrario. No pueden existir los unos sin los otros, ya que son valores interdependientes y fundamentales para una convivencia pacífica.

Resumiendo, “mano dura” frente a los comportamientos violentos, persistencia y ejemplaridad en la transmisión de valores cívicos por parte del profesorado y, confianza en que estos valores terminen calando también en el comportamiento extraescolar y familiar del muchacho, y, por “contagio”, en los demás miembros de su propia familia. Educar ciudadanos desde la escuela. Está claro que esto implica asumir poder pasar a la posteridad como la ministra del “ordeno y mando”, y esto es muy duro de llevar. Sobre todo para la izquierda.

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