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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ucrania, un conflicto embarazoso e inoportuno para todos

“Cuando el peligro parece ligero deja de ser ligero”, Sir Francis Bacon
Miguel Massanet
lunes, 3 de marzo de 2014, 07:51 h (CET)
Es evidente que, si hay algo que haya resultado extemporáneo y que se haya producido fuera de las previsiones de las partes que, de una manera u otra y, obviamente, a contrapié de lo que hubieran deseado, aparecen involucradas en este problema; ha sido, sin duda, el enrarecimiento de la atmósfera política que ha tenido lugar en la república, ex soviética, de Ucrania. Seguramente ni Europa ni la propia Rusia pensaban que, la reacción de los ciudadanos pro europeístas de la nación ucraniana sería capaz de derribar al régimen pro ruso del presidente Yanukóvich y de hacerse con el poder, en un golpe de mano al que, evidentemente, colaboró el gobierno derrocado con un abandono precipitado de sus responsabilidades. El tablero de este ajedrez a cuatro bandas, algo insólito hasta el momento, ha dejado a Ucrania dividida entre las ciudadanos que apoyan al régimen del boxeador Vitali Klitchko pro europeo, y los de algunas regiones del este y la península de Crimea, de mayoría pro rusa, que se oponen al nuevo gobierno y que se han declarado dispuestas a poner resistencia e incluso, como ya ha ocurrido en Crimea, pedir ayuda a Rusia, contemplando la posibilidad de una posible anexión a dicha nación.

Mucho nos tememos que, al señor Obama, con problemas de popularidad en su propio país, el tener que enfrentarse a esta situación; le resulte muy comprometido y poco oportuno iniciar una escalada de enfrentamientos con Moscú, al tiempo que buscar evitar que ello le lleve a situaciones extremas, para las cuales es evidente que los EE.UU no están en condiciones de afrentar. Si hablamos de Europa y la OTAN, deberemos admitir que, en esta ocasión, el “éxito” de su política de atraer a Ucrania hacia la UE, le ha resultado más cara de lo que se habían imaginado y que, el precio que puede verse obligada a pagar por mejorar sus lazos económicos con la antigua república rusa, puede resultarle caro si, como es posible que suceda, se ve obligada a enfriar sus relaciones con el Kremlin, algo que pudiera significar el corte del suministro de petróleo ruso a algunos países, especialmente, los principales beneficiarios del norte de Europa.

El caso de Putín, ya es harina de otro costal. En modo alguno se puede permitir que Rusia pudiera perder su base de Crimea, donde está fondeada la escuadra rusa del Mar Negro; la única salida que tiene hacia el mar Mediterráneo. Tanto por su prestigio, como segunda potencia nuclear del mundo (con permiso de China y Corea del Norte), como por la necesidad de permitir a la Europa amiga de los EE.UU que tome posiciones en uno de los flancos de su antiguo imperio, el señor Putín no se puede dar el lujo de que, la discusión sobre una posible división de Ucrania o la intervención militar del ejército de Ucrania (que no debemos olvidar que es uno de los más poderosos de Europa, a pesar de haber firmado el tratado de las “Fuerzas Armadas convencionales en Europa” que le obligó a desprenderse de una parte de su armamento); se les adelantara a la ocupación de Crimea. Por eso, Rusia ha movido pieza y ha situado, “a petición de los ucranianos” a sus fuerzas armadas en la frontera con Ucrania y ha ocupado los dos aeropuertos y puesto en alerta a su armada fondeada en Crimea.

Podemos imaginar que la actividad política, en estas circunstancias, ha entrado en ebullición y el teléfono rojo entre Moscú y Washington no ha dejado de sonar a medida que los acontecimientos se iban produciendo. De momento las “amenazas” del señor Obama parece que son de tono menor y para nada se ha hablado de futuras operaciones militares en apoyo de los del gobierno de Kiev. Sin embargo, la Rada Suprema se ha reunido en la capital de la república y ha decidido llamar los reservistas y ordenar al Ejército que ponga en estado de alerta de combate a sus unidades “ante la intervención rusa en la península de Crimen”. ¿Mera operación de estética militar?, ¿demostración de determinación ante la ocupación rusa? Sólo el tiempo aclarará estos delicados extremos.

Conviene recordar que, cuando la tensión llega a este punto, las armas salen a relucir y el mundo entero está pendiente de lo que va a ocurrir entre dos países que han decidido prescindir de la diplomacia para enfrentarse, aunque sea solo en apariencia, con sus ejércitos; cualquier error de cálculo, cualquier imprudencia puede producir fatales consecuencias y esto, precisamente, es lo que preocupa a toda la diplomacia de Occidente. Baste recordar que, el fulminante que desató la primera Guerra Mundial en Julio de 1914, fue un hecho tan aparentemente intranscendente como el asesinato, en Sarajevo, del archiduque F.F.de Austria, heredero del imperio Austro-Húngaro. Este hecho puso en pie de guerra al Imperio Alemán; el imperio Austro–Húngaro; el imperio Otomano; el imperio Ruso; el imperio Británico y Francia e Italia. La contienda duró hasta el 11 noviembre de 1918. El total de víctimas, entre soldados y civiles, de esta guerra se calcula en 55.000.000 millones de personas.

En todo caso, aparte de que las posibilidades de que, esta confrontación, pase a mayores no parece que sea probable, deberemos tener en cuenta que la economía occidental está comenzando, con mucha lentitud y dificultades, a salir de una crisis que hemos ido sufriendo desde finales del 2007 y que, en estos momentos, todavía se refleja en un 12% de promedio de paro en toda Europa. Cualquier duda, amenaza o posibilidad, aunque fuere remota, de un conflicto armado en el que pudieran quedar involucradas Rusia y Europa o los EE.UU sería, sin duda alguna, un desastre de dimensiones incalculables para la economía de la UE, para el euro y, muy especialmente, para las naciones que, como España, Italia, Grecia o Portugal están intentando salir de la depresión que las ha tenido al borde de la quiebra soberana durante los siete últimos años.

Por otro lado, es evidente que, la situación económica de la república de Ucrania, después de los reciente acontecimientos políticos, pone al recién instaurado gobierno en una situación que, de no remediarse, llevaría a una situación de quiebra, con las consecuencias adicionales que para los ciudadanos llevarían aparejadas en cuanto a la pobreza, falta de trabajo, hambrunas y posibles desórdenes sociales que, sin duda alguna, podrían llevar a este país a una situación de desorden e ingobernabilidad, propicia a que acabara en una guerra civil. Los nuevos gobernantes han lanzado un SOS a la UE pidiendo ayudas por un importe de 35.000 millones de dólares, algo que pone en un brete a la señora Merkel y al BCE que, evidentemente, no se encuentran en condiciones de distraer una cantidad tan importante, en tanto las naciones europeas que ha solicitado su socorro no logren repuntar de sus problemas financieros y económicos. Es posible que la mirada de todos se dirija al gobierno de los EE.UU que, en su caso, para poder acordar un créditos de tal magnitud, si es que así lo decidieran, necesitaría la aprobación de las Cámaras y de la FED.

En todo caso, es poco probable que, con la amenaza Rusa en el horizonte, haya algún país o la propia UE, que se decida a prestar dinero a una república con un gobierno recién elegido, no suficientemente asentada y con el peligro añadido de que se pudiera desatar una guerra civil en la que, con toda posibilidad, oficial o extraoficialmente, intervendría Rusia. Una situación preocupante y sujeta a innumerables variables. O, así es señores, como valoro, desde mi punto de vista de ciudadano de a pie, esta endiablada situación.

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