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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Culpable: el debate del Estado de la Nación

José García Pérez
domingo, 2 de marzo de 2014, 11:08 h (CET)
Llevo varios días en los que no me encuentro “muy católico” debido, creo, a una obstrucción intestinal o vulgarmente estreñimiento; fuera alarmas pues la “cosa” parece que va teniendo salida.

Lo achaco, además de a los años, a los nervios; y el detalle es que no tengo causa alguna para estar nervioso, sencillamente es que lo soy. Cualquier cosa, fuera del territorio conocido, mi hogar, me perturba y comienzo a trabajar como el mejor de los actores; y así el tránsito lo paso realizando distintos roles o papeles según quién sea la juntera, y como las tengo de todas las leches no doy abasto.

Creo que los nervios influyen en ese estado casi catatónico para mí; voy preguntando a unos y otras sobre el tema y me dan diferentes soluciones, ya saben; que si beber mucha agua, fibra al canto, ensaladas a toda pastilla, té la barraca, ciruelas y kiwis, nada de alcohol, etc.; va haciendo su efecto, pero no el deseado por lo que, de tarde en tarde, echo mano de los laxantes. Entre ellos, el que uso para el desatasque es la zenina, tal vez porque, entre otros elementos, contiene cáscara sagrada y a uno todavía le quedan rescoldos del nacional catolicismo.

Me imagino que alguna vez les habrá ocurrido algo parecido; pues bien, para mí el gran problema es la salida a la calle no sea que en cualquier momento se produzca una ciclogénesis explosiva en mis intestinos y embadurne al personal.

Antonio, el propietario de mi querido Gran Vía, con esto del rollo de la semana blanca se ha tomado unas vacaciones que me han venido estupendamente pues no bajo de casa, no bebo pelotazos y, de paso, ahorro algo de calderilla; así que bien, porque a falta de algún trago en condiciones me he tragado enterito el Debate del Estado de la Nación.

Pero claro, llegó el día en que los “merengues” jugaban contra los alemanes y me dije: el que se la va a jugar soy yo y marché al bar de la esquina; pasé revista al excusado aunque yo iba provisto de material suficiente ante una posible avalancha no apetecida; tomé asiento en las cercanías del antiguo retrete.

Apareció un buen amigo, Paco para más detalle, me preguntó cómo estaba, le contesté lo ya contado anteriormente y, como todos, prometió darme el nombre de un producto que se vende en parafarmacias y que da resultado, pero a continuación me dio el gran consejo al decirme: “Pepe no sigas más el Debate del Estado de la Nación porque no ha dios que sea capaz de digerirlo”.

Y creo que lleva razón el bueno de Paco; no sé qué piensan ustedes sobre el tema, aunque si me gustaría saber sus opiniones al respecto.
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