Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Sus señorías se relajan en sus escaños…

“Seres expertos en llevarse los méritos a costa del trabajo de los demás y en ocupar en actividades “de ocio” su jornada laboral”
Miguel Massanet
sábado, 1 de marzo de 2014, 09:23 h (CET)
Es posible que haya políticos a los que, el dedicarse al servicio de los ciudadanos, les pueda suponer un sacrificio económico respecto a lo que podrían percibir ejerciendo su profesión, dedicándose a sus negocios o seguir ocupados en sus actividades financieras. En este caso es probable que si deciden comprometerse en la política sea por su amor al poder, por el prestigio que siempre comporta el ejercer un cargo público o, simplemente, por la auto satisfacción de sentirse una persona envidiada y admirada por los demás. Sin embargo, deberemos reconocer que estos son los menos, aunque por el prestigio que arrastran, por sobresalir y triunfar en cualquiera que fuere el puesto que ocuparen anteriormente en la sociedad civil, pueden resultar los más eficientes, provechosos y beneficiosos para representar a aquellos ciudadanos que los eligieron. Sin embargo, para la mayoría de políticos, especialmente los de partidos de izquierdas, el poder acceder a un escaño de cualquier organismo de representación ciudadana, es como si le hubiera tocado la lotería y, en consecuencia, su apego a “su poltrona” adquiere tal importancia para su vida que no va a dudar en defenderlo con uñas y dientes; aunque, para ello, tenga que renunciar a su propia estima, se convierta en un simple “mandado” de los que dirigen su formación y deba arrastrarse a los pies de quien tiene el poder para mantenerlo en su sillón. Por desgracia para este país, para aquellos ciudadanos que eligen con su voto a quienes deban representarlos y para la buena marcha de nuestras instituciones; hoy en día, en muchos partidos políticos (lo mismo sucede con los sindicatos), se suele entrar de muy joven, se enganchan a la burocracia del partido y se sigue en él hasta que, con el tiempo y trepando, se consigue ocupar un cargo de importancia que les permita dar el salto a puestos representativos.

Como ya se ha repetido en muchas ocasiones, debería ser preciso, para acceder a un cargo electivo de representación ciudadana, tener antes una amplia experiencia en una profesión liberal, en un trabajo de cierta responsabilidad en una empresa, en una industria, en una universidad o centro docente o en cualquiera de los empleos que permitan adquirir conocimientos del funcionamiento de la sociedad a la que se deberá representar. La consecuencia de convertir en una profesión la pertenencia a un partido político, (incluso cuando se han cursado estudios superiores durante su pertenencia a él), es que, cuando pasan a ocupar puestos representativos en la política de la nación, lo único que aportan es el adoctrinamiento partidista que han recibido que, en ocasiones, se baraja con los conocimientos adquiridos en la universidad pero, sin el bagaje que aporta el haber pasado por el aprendizaje que comporta el haber contactado con la vida civil, que les confiere la experiencia de haber formado parte de la ciudadanía a la que habrán de representar; lo que les permite conocer, de primera mano, los problemas a los que se van a tener que enfrentar.

Y ello me permite abordar el objeto de este comentario. Estos días hemos tenido ocasión de comprobar lo que, algunos diputados de distintas comunidades autónomas, se dedican a hacer mientras se tramitan los distintos asuntos en sus respectivos parlamentos. El primero, ha sido el edificante ejemplo de este personaje tan controvertido y populista, el señor Miguel Angel Revilla, un político muy crítico con los demás partidos, pero al que se ve que le aburre su trabajo en el Parlamento Vasco y, para distraerse, sentado en su escaño, se dedica a mirar revistas de mujeres ligeras de ropa. El otro caso ha ocurrido en el Parlament de Catalunya, donde unos parlamentarios del PP han sido incapaces de darse cuenta de que el señor Millo se ha equivocado al darles la consigna de voto y han votado a favor de la propuesta soberanista de CIU. No niego que las sesiones parlamentarias pueden resultar tediosas, pero no menos que el trabajo de un fontanero o el de un oficinista o empleado de banco. Todos los asuntos que se tramitan en los parlamento del país deben ser considerados importantes y deben ser atentamente seguidos por aquellos a los que el pueblo les encomendó hacerlo. En caso contrario, ¿para que, diablos, necesitamos que estén allí y cobren sustanciosos emolumentos a costa de nuestros impuestos?

Ello nos lleva al meollo de la cuestión. ¿Es preciso que, en una España en una situación de crisis económica, con casi 5 millones de parados y con muchos salarios que han sido recortados o, como menos, congelados (como es el caso de los pensionistas); se sigan manteniendo, en las dos cámaras de las Cortes, a 350 diputados y 208 senadores y en el resto de comunidades autonómicas 1.268 diputados y concejales; lo que supone un promedio de 50.000 euros/año por cada uno de ellos y un coste total, para el Estado, de más de 70.000.000 de euros?. Lo curioso es que, si bien se mira, es evidente que tanto en las sesiones del Congreso (el Senado, en su actual modo de funcionamiento, sería perfectamente prescindible) como en los distintos Parlamentos y municipios del resto de regiones del país, se podría prescindir de una cantidad importante de diputados y concejales cuyas funciones se limitan a hacer número y a participar en muchas comisiones cuya utilidad sería preciso valorar.

Bruselas no se cansa de repetir que, uno de nuestros deberes, debería haber sido el adelgazar el aparato del Gobierno y de las autonomías. En Castilla y León se empezó a trabajar en este sentido y parece que en Galicia también se quiere intentar, pero es evidente que a los enchufados de las izquierdas no les ha parecido bien el hecho de que se les enviara de nuevo a casa para ponerse a trabajar de verdad. Resulta difícil de explicar a los ciudadanos españoles que, en las actuales circunstancias del país, se mantenga a una serie de políticos cuya única utilidad es darle con el dedo a un botón para votar (y aún así se equivocan), no sólo conservándoles sus retribuciones, claramente desproporcionadas, cuando no aumentándolas; mientras estos dineros podrían aplicarse a causas más nobles y de mayor urgencia.

Si uno de los mayores retos que le cabe al actual Gobierno de la nación, es luchar contra la corrupción, el despilfarro y los gastos públicos; no parece que sea una mala idea, visto lo que se descubierto respecto a la corrupción de sindicalistas, empresarios, funcionarios y miembros de partidos políticos; sería ponerse de verdad a eliminar empresas públicas, empleos políticos, concejales y parlamentarios autonómicos y aligerar de sanguijuelas las mismas Cortes de la nación. No se puede seguir pidiendo sacrificios al pueblo español, mientras se sigue engordando a una serie de personas que, de una forma u otra, han sido enchufados por los partidos y que forman parte de esta pléyade de cargos, sin ocupación real alguna, que siguen vegetando por las oficinas de los organismos públicos y los escaños de los órganos de representación ciudadana de toda la nación, como una procesión de almas en pena.

No basta predicar ni hacer promesas sobre el futuro de este país, hay que empezar por sanear sus estructuras, limpiar sus instituciones y demostrar a los ciudadanos que, en realidad, se hace algo para limpiar a España de tanto advenedizo y chupóptero. O así es, señores, como valoro este escándalo de ineficacia y despilfarro.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

La maldita enfermedad

A lo largo de la historia se han declarado pandemias que han diezmado la población de grandes zonas del mundo

Siempre quedará Valle

En tiempos turbulentos, en los que España parece un boceto de sí mismo, un esperpento, hay que reconstruir los cristales cóncavos de la Calle del Gato

Podemos, el cuarto en discordia

Isabel del Rey, de profesión poeta

Hay que leer estos 'Versos de escuela' de Isabel del Rey porque es la libertad lo que se lee en los poemas

Miedo nos da. ¿Un Art.º 155 descafeinado?

¿Se pretende restaurar la legalidad en Cataluña o salir del paso con el menor coste político?
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris