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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

El ocaso de los muros

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 10 de octubre de 2006, 02:02 h (CET)
Las luces que alumbran el muro que se proyecta construir en la frontera entre México y los Estados Unidos de América, son las crepusculares del ocaso. ¿Con qué ilusión se puede acometer tal obra destinada al fracaso? Sólo el que se ha levantado entre los territorios de Israel y la población palestina sigue funcionando y creciendo en la controversia de actualidad. ¿Qué muralla se ha sostenido en pie a lo largo de la historia de la humanidad? Preguntas teñidas de progresivas sombras... Alguna, como la visitada Gran Muralla china, ha quedado como vestigio de un esfuerzo baldío; pero, eso sí, es la única construcción humana claramente visible desde el espacio.

Se vea el intento de la Administración Bush desde el norte, o desde el sur, de este a oeste, el drama humano que intenta contener está teñido del color sombrío del fracaso. El drama de la emigración latinoamericana, lo que se conoce por la búsqueda del “sueño americano”, no se arregla con hormigón o alambres de púas. La gente que ha dejado su casa para emprender esa caminata de miles de kilómetros lleva consigo la fuerza incontenible que proporciona el hambre. Ponerse ante los cuernos de un toro... ya lo afirmó “El Cordobés” hace décadas: “Más cornadas da el hambre”, y llegó a ser el moderno califa de su tierra natal.

Nadie se marcha por gusto. El impulso que proporciona la decisión hace que los obstáculos sean vencidos; por debajo de los mismos, volándolos, o evitándolos. En el supuesto de que el estúpido muro que se acaba de presupuestar fuese completo e impermeable, no llegará a ser una tapia defensiva del perímetro de los Estados de la Unión con capital en Washington. Resultará un fracaso equivalente al “telón de acero” que la extinguida Unión de Repúblicas Soviéticas levantó para cortar la voluntad de quienes no querían vivir en ese inhumano régimen. Ahora, tratan de que no entren quienes no ven porvenir en la tierra que les vio nacer. Es la misma dirección, pero con sentido opuesto. Cuando la porción berlinesa cayó, el alborozo del mundo fue unánime. Unos pocos años antes Reagan había advertido al presidente Gorbachov: “No construya ese muro”, pero, siguió adelante y terminó el fiasco con un reguero de vidas humanas detrás de sí. Con los obstáculos actuales a la emigración son miles los ciudadanos de la Aldea, en su barrio latino, que se han dejado la vida en el intento; muchos de ellos enterrados en el anonimato de un “sin papeles” cualquiera, bien porque le fueron robados, o por inservibles. Todo es triste, crepuscular, entorno a un muro para poner “vallas al campo”; algo imposible.

Ni los Estados Unidos viven solos en el continente que se dio en llamar “Nuevo”, ni los países al sur de la frontera del Río Grande, han llegado a un grado de desarrollo que les saque de la era post-colonial. El centroamericano que toma el camino del “norte”, coincide en su andadura con mexicanos que se suman en la misma dirección. Los que consiguen atravesar la frontera, y se sitúan en el entramado laboral norteamericano, en su mayor parte, no olvidan lo que dejaron detrás, y las remesas de dinero que envían a sus familias alcanzaron el año pasado el monto de más de cuarenta mil millones de dólares. Se discute si favorecen o malacostumbran a sus hijos en un dinero fácil que llega puntualmente cada mes. Capitales que llegan fruto del ahorro, y capitales, por otro lado, que se evaden en busca mayor seguridad que las delicadas condiciones de la economía del subdesarrollo. La distancia del desequilibrio social no se acortará con muros, sino buscando entre los motivos que impulsan la búsqueda de bienestar. Hay motivos evidentes mientras no se ataje el drama; una negra mancha cubrirá inútiles intentos de disimularlo, y otro muro destinado a ser vencido será, en el mejor de los casos, un gasto inútil.

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