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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Una fecha para el recuerdo

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 10 de octubre de 2006, 02:02 h (CET)
"Ante Dios, humillado, en pie sobre la tierra vasca, con el recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato". Con este juramento, símbolo de las penurias del comienzo de una guerra civil, símbolo de la esperanza de un pueblo, en la Casa de Juntas de Bizkaia José Antonio Aguirre arrancaba el 7 de octubre de 1936 el primer Gobierno Vasco de la historia, que duró ocho meses escasos.

Este Gobierno era consecuencia directa del Estatuto de Autonomía aprobado días antes por las Cortes Republicanas en Madrid. Un texto consensuado a la baja, que dejó por el camino las referencias a Navarra, nuestros fueros, y una decena de demandas y especificidades para el pueblo vasco. En definitiva, una mala copia del Estatuto Catalán realizado por los socialistas para salir del paso ante la demanda vasca, sin tambalear más los cimientos de una República que se desmenuzaba por momentos. El estatuto de Autonomia de 1936 fue la consumación de muchos proyectos anteriores, entre ellos el de, por aquel entonces alcalde de Getxo, José Antonio Aguirre.

Por momentos, este Estatuto nos abrió las puertas de la independencia. Un pequeño Estado vasco dentro de la República española en la teoría, pero fuera de ella en la práctica. Días marcados por la Guerra Civil también fueron reflejo del sueño de un pueblo, el vasco. Un pueblo marcado y creado a partir de sus fueros, sus costumbres, sus tradiciones, su lengua. Un sueño, por otra parte, que se truncó muy pronto cuando a finales de junio de 1937 las tropas franquistas tomaron Bilbao y la restante Bizkaia. En nuestros ojos quedaron grabadas las imagenes de nuestra tierra destruida por la barbarie de una guerra. Jamas olvidaremos nuestra Gernika destruida por los "faxistak". Ellos nos enseñaron a odiar cualquier poder autoritario, cualquier fascismo. Gracias a ellos decimos hoy: Fascismo ¡nunca más!

Toda esta labor nunca hubiese podido ser posible sin la dedicación y la figura del Lehendakari Aguirre, un hombre que luchó, con pluma y saber estar, por los derechos de su pueblo. Un hombre ejemplar, digno de ser recordado como el primer Lehendakari. J.A. Aguirre no ceso en su causa a pesar de las condiciones bélicas y organizó en el exilio -- en Francia -- el primer Gobierno Vasco. A su muerte, en 1960, le sustituyó Leizaola hasta 1979, dando este último el testigo al primer Lehendakari de la nueva democracia, Karlos Garaikoetxea.

Como bien he dicho antes, sin Aguirre nada de esto hubiera sido posible y, por ello, quisiera hacer mayor hincapié en su vida y lo que significó y significa para el pueblo vasco su figura.

José Antonio Aguirre fue un hombre con carisma, una persona con un saber estar impecable, siendo muchas las ocasiones que tuvo que aguantar chaparrones y negativas. Una persona con una doble fe, por un lado su fe cristiana y catolica y por otro lado su fe en su pueblo. Creyente hasta la médula, compaginada con su pasión europeísta, siendo uno de los primeros europeístas de la época. Un hombre que dejó su legado tempranamente, dejando a su muerte tres hijos. A uno de ellos, Iñaki Aguirre, he tenido el gusto de conocerle personalmente, siendo Profesor mío en la Universidad, hacia el cuál sólo tengo palabras de agradecimiento y tristeza por su todavía reciente muerte a principios de este mismo año. Iñaki supo transmitirnos esa confianza y saber estar que su padre infundió en el Pueblo Vasco.

Lágrimas corren por mis ojos ahora, como en su día corrieron en los ojos de aquellos que lucharon por nuestro pueblo. Gracias a esas personas que han luchado y lucharán porque la llama de Aguirre no se apague nunca.

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