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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Opiniones desplazadas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 10 de octubre de 2006, 02:02 h (CET)
Como las placas tectónicas de los terremotos, me refiero a las opiniones mal colocadas, fuera de lugar. Se dan con mucha frecuencia, cualquiera de nosotros y a diversas horas, afrontamos a diario este tipo de opiniones. Si somos los emisores o los receptores será otro aspecto interesante. No cabe duda, puede ser una de las vivencias incomodas per se.

Y todo, por que resulta complicado eso de mostrar uno su parecer en el sitio o momento adecuado, con el conocimiento requerido, ante personas receptivas, ante amigos o enemigos. Hay factores que nos llevan a opinar en momentos inconvenientes, estando mal preparados para ello o también haciendo gala de una frivolidad o desvergüenza manifiesta. No siempre expresamos las frases en condiciones idóneas. Meteduras de pata, agravios o tonterías, yendo por lo poco trascendente. Si vamos por vericuetos más serios, auténticas maldades, perversiones, insultos, mentiras y cuantos despropósitos ideemos.

Me resultó muy grata la lectura reciente de "El arte de la prudencia" en el Ideal de Granada. Su autor, Baldo Gutiérrez nos divierte e ilustra con situaciones con el estilo de las comentadas; expertos y genios en diferentes campos, soportando las desaforadas o impropias opiniones de advenedizos de tres pares de narices. Así cita al Borges bibliotecario, aguantando memeces literarias de aficcionadillos de alcurnia. También el Faulkner, cartero de la universidad, ignorado por los engolados catedráticos de esa institución. Su lista es nutrida y entretenida. Los protagonistas afrontan esas opiniones desplazadas, fuera de lugar y sin el conocimiento oportuno. Eso sí, los ejemplos son un tanto traicioneros, el genio estaba disimulado y no lo reconocieron.

Sin embargo, aprecio un doble matiz en sus comentarios. Pone en evidencia los desaciertos de los personajillos, sobre todo de aquellos más presumidos y enfáticos; me apunto a su crítica de esas actitudes. Al mismo tiempo, al leer su escrito, intuyo un regusto a valorar en exclusiva las opiniones oportunas y bien elaboradas. Algo así como un patrón de adecuación y alto nivel. ¿Quién mide el grado y oportunidad? Aunque lo midieran Borges, Faulkner u otros entendidos. ¿Alguien es propietario del rasero? También pudiéramos citar el ejemplo contrario, el genio de alguna rama del saber o de alguna actividad, no pocas veces, pretende pontificar en otras áreas diferentes.

Nos puede inclinar a un pensamiento serio y crítico, en el cual se ridiculicen estos encontronazos de los opinantes, más bien desfases o corrimientos, o silencios sufridos, o petulancias orgullosas, que se agrandan con la alcurnia del desfasado. Quizá sin quererlo, ya estemos proponiendo un esquema de como deban ser las opiniones. Y conviene que lancemos un grito a favor de la LIBRE DIVERSIDAD. La riqueza de la diversidad es radical, porque lo que puede resultar necio en un contexto; puede adquirir posterior hondura, incluso sin proponerselo.

La floración no requiere intensos cultivos, brotan en cualquier mente por árida y descampada que se presente. Frente a ellas estarán también las más sesudas reflexiones. Ahí tenemos esa primera diferencia según su FUNDAMENTO. Esto no pretende anular un hecho frecuente, una observación superficial, tontaina, es capaz de incidir en aspectos importantes y convertirse en una primera piedra para otras reflexiones notables; llegar a desdeñar unas opiniones no es tan simple.

Hasta las hay involuntarias o inconscientes, cuando sin pretensión de hablar de algo, derivan hacia un nuevo hallazgo discursivo. Una especie de SERENDEPIDAD. Sin quererlo, el comentario origina controversias y atenciones más concretas e insospechadas. No es lo esperado, mas la opinión inicial ofrece un sentido bien diferente al de la emisión original. A todos nos ha pasado alguna vez.

Hemos de citar a las FANTÁSTICAS, por imaginativas. Su aparente volatilidad tiene otras cercanías con el núcleo de las personas. A veces no se podría continuar sin contar con ellas. Con cierta frecuencia son la base para la recuperación de un debate mortecino. Introducen posibilidades nuevas.

Pueden ser PROSPECTIVAS, como a título de ensayo, tanteos para la ubicación de otras ideas con mayor fundamentación. Casi por su propia definición no intentan imponerse, quedan en una especie de provocación o sondeo. Forman parte de una exploración necesaria. ¿Con quién estoy hablando? ¿Vamos bien por esta línea de debate?

Aquí entramos en tres apartados que convendrá delimitar para centrar el valor de unas opiniones:

1. Su expresión LIBÉRRIMA, con suma desvergüenza de las ideas que uno concibe. Luego entraremos en su oportunidad, error o acierto de la misma, pero no etiquetemos el requisito previo. Admitiremos la parcialidad y limitación incluso entre los grandes genios. Aún no se ha generado uno de carácter absoluto. Por estar delante de este o aquel ilustre no debe uno cohibirse. Pero eso ya no es corrimiento de la opinión manifestada; son más bien, cortesía, preparación, etc.

2. EXIGENCIA PERSONAL, del receptor y del opinante. Se acabaron los tiempos de comer solamente lo masticado por los demás. Bien están las ayudas; pero la dignidad y el mérito, o se lo gana uno o no es de nadie. Una opinión nos parecerá buena, mala, o desubicada, pero bajo el prisma, las características de cada uno, que conformarán su postura.

3. DIALÉCTICA CORRECTORA, también exigente y difícil, porque la sinceridad lo es; mientras la tergiversación y otros intereses, ensucian muchos discursos hasta hacerlos irreconocibles como tales, semejan más la coz y la hoz, que la palabra. Constituiría la fórmula para un progreso participativo, pero eso..., sería. ¿La detectan en algún ámbito social actual?

No me inclino por la demasía en cuestión de prudencia, controles, educación acartonada y teledirigida al uso actual, o posturas excesivamente adecuadas. Nos abocan al desinterés, a la consiguiente abulia y a una desestabilización preocupante. Ya que los desfases u opiniones mal ubicados van a ser inevitables, ¿Quién lograría la perfección?, la clave radicará en la manera de afrontarlas; no diré que es tarea sencilla, tampoco que vislumbre motivos abundantes de esperanza, pero los citados tres apartados los intuyo como cruciales.

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