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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

El anuncio de las selecciones catalanas

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 8 de octubre de 2006, 05:33 h (CET)
A mí me parece una soplamemez que hayan suspendido el anuncio de la selección catalana porque usaban niños. Me parece una excusa tonta e innecesaria, algo así como si lo hubiesen suspendido porque debían haber utilizado una cuota del 50 % de niñas para calmar la sed de igualdad de género de Jesús Caldera. Para mí que si el sentido común primase en nuestra sociedad había una ley que prohibiera hacer cosas contra el sentido común. Por ejemplo, quedaría automáticamente prohibido que para anunciar el Citroën Seat Laguna saliera una tía en tanga, que sí, se venderán muchos más coches, que es de lo que se trata, pero que qué tienen que ver las tetas con la velocidad y el confort, por ejemplo.

Y si hubiese sentido común ese anuncio de las selecciones catalanas lo habrían suspendido por falta de sentido común. Desde hace tiempo los nacionalistas catalanes, con ejemplares al frente del tipo del actual y efímero president Maragall, el de la doble moral, están buscando el enfrentamiento. Más que separatistas ahora van de separadores, o por lo menos de frentistas, que es más peligroso y rebuscado y es la vía que parecen decididos a emplear: “Si no nos dejan irnos haremos que nos echen. O que se vayan ellos, que es que somos incompatibles del todo total”. Ahí es donde encajan declaraciones como las de Maragall, el de la doble moral, que ya he comentado anteriormente: “Ahora que los portugueses quieren ser españoles que se preparen los castellanos”. Eso sí, han pasado ya unos cuantos días y todavía nadie nos ha dicho para qué deben prepararse los pocos castellanos que van quedando y que aún se sienten como tales.

El anuncio de las selecciones catalanas es demoníacamente infantil y puerilmente victimista en esencia: todo lo que es catalán es bueno, puro, santo e inocente y los otros son fascistas, agresores y no me dejan jugar. Y encima son españoles, que es que hay que ver qué gente. Es como esos padres que van a la escuela a partir la cara a todo el claustro de profesores y al resto de los padres, persuadidos de que su hijo es un angelito al que los otros mil novecientos noventa y nueve pervertidos niños hacen la vida imposible: “Papá, he ido a quitarle la pelota a ese niño y no s’ha dejao y encima m’ha pegao”. ¿Cómo se llama esa filosofía que divide radicalmente el mundo entre buenos y malos? Pues eso, pero además resulta que los malos son siempre “ellos” y los buenos somos siempre “nosotros”.

Determinadas prohibiciones, observo que se empieza a usar el término menos brusco y más políticamente correcto de “suspensión”, son mera cuestión de sentido común. Claro que si se tratara de prohibir todo lo que no es de sentido común deberíamos empezar por prohibir a Maragall y su doble moral, a Zapatero, a Pepe Blanco y Rubalcaba, a Rajoy y a Zaplana y a Acebes, a un país que no funciona, una Constitución radicalmente injusta, una organización del territorio que beneficia a los más ricos y una organización judicial que reproduce milimétricamente la división política del Parlamento.

Quizá por eso, porque la lista de prohibiciones sería demasiado larga, es preferible no usar demasiado el sentido común y simplemente sentarse a esperar a ver si esto salta por los aires cualquier tarde, que entre carreteristas y zapateristas en el poder lo están logrando con el inconmensurable apoyo de la incalificable oposición.

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