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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Carnicero y los jueces

Pepe López
Redacción
domingo, 8 de octubre de 2006, 05:33 h (CET)
Desde que el Guerra (no el torero- que era más sensato-. sino Alfonso) liquidó la Democracia, tal como la habían concebido Montesquieu y Rousseau, y consiguió que el Poder Ejecutivo dominara a los otros Poderes, es evidente que, en España, la democracia se convirtió en pura entelequia.

Al votarse el Proyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial, los deseos de los socialistas –entonces en el Poder y en la creencia de que iban a gobernar eternamente- consiguieron, mediante aquella trapisonda que fue la enmienda Bandrés, que se vulnerara la Constitución al fijar, de un modo distinto al que en ella se establecía, el procedimiento para acceder al Consejo General del Poder Judicial.

A partir de entonces ya no serían los propios Jueces quienes nombraran a sus representantes en el Consejo, sino los partidos políticos, con lo que la independencia judicial se fue al garete y la Justicia quedó politizada.

Ahora se lamentan. Ahora ponen los socialista el grito en el Cielo porque una mayoría de “Jueces conservadores”, ciertamente transitoria por los vaivenes electorales, lleva la voz cantante para los nombramientos de altos cargos judiciales y para otorgar o no a Garzón el amparo que solicita.

Ahora todo se vuelve tronar contra aquella jugarreta que ha permitido que los “Jueces conservadores” tengan mayoría en el Consejo, puesto que los tales Jueces conservadores “ no estuvieron sometidos a una transición política que decantara las responsabilidades de este colectivo que estuvo sometido gustosamente a los mandatos de la dictadura”.

Esta es una de las lindezas que el vocero de Polanco en la cadena SER, Carlos Carnicero, ha escrito recientemente.

Si ese es el talante liberal y el espíritu democrático del rojerío, es para echarse a temblar, porque Carnicero propone, sencillamente, una depuración de Jueces “y del resto de colectivos que tuvieron influencia en que la Dictadura fuera posible: militares, periodistas, Obispos (¡mi madre, si ya los depuraron y liquidaron a la mitad en la guerra!) y policías..

Dice el furibundo Carnicero que “es evidente que en el seno de la Carrera Judicial hay funcionarios furibundamente conservadores, reticentes con los principios de la Democracia”.

Bueno ¡y qué!. Más reticentes con la Democracia que el propio Carnicero, quienes le dictan y quienes creen gobernarnos es muy difícil encontrar.

Los Jueces no son, como cree, “un colectivo de personas desvinculadas de los poderes del Estado y emancipadas de la soberanía popular”.

Convendría que él, y cuantos como él opinan, supiera que los Jueces, en su conjunto, forman uno de los Poderes del Estado, encargados de administrar Justicia y de controlar al Poder Ejecutivo.

Y más importante es recordar –lo que tal vez suene a herejía política- que los Jueces son ciudadanos como los demás, con sus defectos, virtudes, ideologías y debilidades y que no tienen, ni necesitan “legitimación democrática”, por la sencilla razón de que no son elegidos por el pueblo, como los Concejales o los Diputados.

Al Juez lo legitima su preparación jurídica, acreditada en la oposición, y su respeto a la Ley. Lo demás son zarandajas.

La independencia judicial la consigue él solito al enfrentarse con el expediente para dictar sentencia, alejando de su mente las presiones políticas, respetando escrupulosamente la Ley, si es creyente pidiendo la iluminación divina y, no pocas veces, con su entereza y gallardía para no escuchar los ruídos de la calle . Cuando un Juez duerme con la conciencia tranquila, va por buen camino y deben importarle poco los halagos y las críticas.

Poner a Azaña de ejemplo, como hace Carnicero, de “una memorable conceptualización de la independencia judicial, como hizo en su discurso en defensa de la Ley de protección a la República” es un tremendo desacierto y una majadería.

Precisamente esa ley sirvió para que Azaña cerrara más de doscientos periódicos y tapara la boca a media España.

Si con aquellas medidas más de un Juez no llegó a ver amenazada su independencia judicial, demostró ser un valiente.

“Los Jueces son ciudadanos tan respetables como cualquiera, pero nada más.

De acuerdo, pero con una misión sublime:!Administrar Justicia!

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