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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Criminalidad en las aulas

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 7 de octubre de 2006, 03:25 h (CET)
Estupefacción. Indignación. Tristeza. Estas fueron mis sensaciones cuando el miércoles por la tarde me enteraba del hasta ahora último caso conocido de acoso escolar (grabado en vídeo por los presuntos acosadores) que había tenido lugar en el Colegio Suizo de Madrid. Mi indignación iba creciendo según escuchaba al director del centro en la televisión tratando de justificar el haber interpuesto una denuncia por robo… ¡contra el padre del niño que presuntamente ha sufrido dos años de acoso escolar en las aulas que presuntamente este señor dirige! Empero, el director no quiso explicar si era cierto que había instado a un menor a firmar, sin la presencia de sus padres, un escrito –nulo de pleno derecho- en el cual el menor eximía de responsabilidad al centro. Tampoco quiso explicar qué medidas había adoptado el centro al tener conocimiento de la situación. Ni quiso responder al padre, que contaba –nervioso y enfadado- que en el colegio le decían que lo que estaba aconteciendo desde hacía dos años y que, siempre según el padre denunciante, había ido en escalada progresiva, eran “cosas de niños”, argumento recurrente cuando hay casos de violencia en las aulas.

Eso sí, la justicia y el sistema educativo han dado, una vez más, muestra de su magnífico funcionamiento: los presuntos agresores siguen tan campantes acudiendo al colegio y el niño presuntamente agredido ha tenido que abandonarlo.

Pero para nuestra tranquilidad los chavales del "ataca-ataca" se han enterado de "lo que vale un peine": el director les ha dado un “ultimátum” de expulsión, que es la máxima sanción que permite la institución educativa. Si vuelven a acosar a otro niño serán expulsados del colegio.

La Fiscalía de Menores-mayores-de-catorce ha archivado la denuncia del padre del niño humillado por sus compañeros. Y es que cualquier menor de catorce años es legalmente inimputable. Mate, viole, robe, agreda o acose. No hay pena. No hay sanción. No existe reproche social alguno. Cosas del “pogreso”.

¿Qué quiere decir esto de que son "inimputables"? Quiere decir que a la familia de la víctima sólo le queda la vía civil (en relación con el acoso) para reclamar la responsabilidad civil subsidiaria a quien corresponda –padres de los menores o colegio-. Y que, para ahondar aún más la injusticia "pogresista", la carga de la prueba recae sobre ellos. Para la demostración del delito no podrán contar con nadie. Que ni piensen en las autoridades. A su lado Pilatos se lavo las manos muy despacito. Es decir, que los padres del niño agredido se van a enterar de en qué consiste eso de la justicia social(ista). Ya veremos si no acaba el padre del menor acosado condenado por haberle quitado la grabación al presunto agresor, mientras que los pequeños violentos acaban recibiendo muchos regalos por Navidad. Digo yo que si los menores pacifistas se esmeran un poco y retienen ilegalmente a algún alumno de padres del pé-pé igual Rubalcaba hasta les pone una medalla. ¡Qué cosas se me ocurren!

Lo que al parecer nadie se pregunta es cómo se ha podido llegar a estos extremos en las aulas (privadas o públicas, tanto da, que la violencia no va por barrios). Y a ningún responsable político se le ocurre que, por ejemplo, toda esta falta de disciplina en las aulas, la falta de respeto a profesores y entre alumnos podría estar íntimamente relacionada con el sistema educativo socialista. Con la LODE y la LOGSE -que ahora se verán reforzadas con la LOE, esa ley sectaria que sigue incidiendo en igualar por lo bajo y castigar el esfuerzo-. Esas leyes que no premian el esfuerzo, el mérito o la excelencia y que colocan al buen estudiante como al “pringao” de la clase que pasa a ser casi en automático objeto de burla de los demás alumnos. Esas leyes, tan aplaudidas por los pedagogos responsables de todo esto, que acabaron con el prestigioso cuerpo de Catedráticos de Instituto. Esas leyes que hicieron suya la mamarrachada progre de “dejar que el niño se realice”. Esas leyes basadas en la declaración del Ministro de Educación socialista de entonces de “hay que secuestrar el alma de los niños”.

¿A nadie se le va a ocurrir alguna vez pedir responsabilidades a los culpables, señalarlos con el dedo y denunciar su atroz crimen contra los más indefensos (los niños)? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde?

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