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Iberoamérica: ¿área de estabilidad internacional?

Nikolai Jorunzhyi
Redacción
jueves, 5 de octubre de 2006, 23:37 h (CET)
En la vida cotidiana los habitantes de Rusia entran en permanente contacto con América Latina. Sea a la hora de tomar café brasileño, de deleitarse con el tequila mexicano o cuando asistan a "Juno y Azar"- historia de amor de un viajero ruso y una jovencita española en California, musical que por más de dos decenios se mantiene en la cartelera del moscovita teatro Lenkom.

A nivel político se crea la impresión que el conflicto entre Israel y Líbano, el programa nuclear iraní, las relaciones ricas en acontecimientos con los países de la CEI, el activo diálogo político con Europa y EE UU y, por último, la visita realizada en septiembre por el presidente de Rusia al Africa, han relegado el diálogo con los países latinoamericanos y caribeños a la periferia de los intereses de política exterior de Rusia.

Al intervenir en la rueda de prensa celebrada en 2004 en Ciudad de México, el presidente Putin declaró: "A causa de los harto conocidos acontecimientos de la década del 90, cuando nos vimos obligados a dar prioridad a nuestros propios asuntos, poco nos interesaba la vida de América Latina. Pues ahora, y estoy profundamente convencido de ello, teniendo en cuenta el potencial de los países latinoamericanos, el desarrollo de sus respectivas economías y el creciente prestigio de esas naciones a escala internacional, Rusia no tiene derecho de preterir este derrotero de su política. Trabajaremos tenazmente en esa dirección manteniendo cooperación con todos los Estados del continente".

En realidad, América Latina y los países caribeños poseen un inmenso potencial: el número de sus habitantes asciende a casi 500 millones, lo que representa el 10% de la población planetaria; ocupa más del 15% de tierra firme; le corresponde un 8% del producto mundial y, de hecho, una quinta parte de los principales recursos minerales del orbe.

Las visitas realizadas en 2004 por el mandatario ruso a México, Brasil y Chile, los viajes de los presidentes de Venezuela (2006, 2004), de Brasil y México (2005) a Rusia, las entrevistas de Vladímir Putin con sus homólogos de Brasil y México en el marco del "diálogo ampliado" de los líderes del G-8 en la Cumbre-2006 en San Petersburgo atestiguan que para Rusia las relaciones con América Latina son importantes y libres de consideraciones coyunturales.

Rusia mantiene relaciones diplomáticas no sólo con todos los 33 Estados iberoamericanos y caribeños, pero también con las asociaciones multipartitas de los países del área: el Mercado Común Suramericano MERCOSUR y el Grupo Río: esa prestigiosa e influyente asociación de los países latinoamericanos que tiene por misión coordinar su política exterior. En base a su estatus de observador permanente, Rusia mantiene contactos con la Organización de Estados Americanos (OAE), estrecha sus lazos con la Comunidad Andina (CA), ha establecido el diálogo político con las naciones agrupadas en el Sistema Integracionista Centroamericano (SIC) y la República Dominicana, con la Comunidad Caribeña (CARICOM) y se desarrollan contactos con el Foro Iberoamericano.  Rusia estima que en caso de ampliarse el Consejo de Seguridad de la ONU en su composición habrán de entrar también representantes de América Latina.

La Asamblea Federal de la Federación de Rusia desarrolla sus relaciones con el Parlamento Latinoamericano y ya se proyecta establecer contactos con los Parlamentos Andino, Amazónico y Centroamericano, y también con el Foro Interparlamentario de las Américas.

Crece sostenidamente el papel que los países latinoamericanos y caribeños desempeñan en el mundo contemporáneo siendo uno de los centros de actividad política y económica mundial e importante eslabón estructural del mundo multidimensional en proceso de formación. El firme apego a la primacía del Derecho Internacional, al fortalecimiento de los mecanismos multipartitas que regulan las relaciones interestatales, las iniciativas adelantadas en la elaboración de las normas jurídicas a tenor con las realidades del siglo XXI contribuyen al reconocimiento de los países de esa región como partners constructivos en el quehacer mundial. Rusia tiene en gran estima la actitud común de los latinoamericanos en apoyo al régimen de no proliferación de armas de destrucción masiva y de los medios de su transporte. Para la actividad pacificadora reviste especial significado la añosa experiencia de efectiva observancia del Tratado de Prohibición del Arma Nuclear en América Latina y la cuenca del Caribe. En general, se puede afirmar que América Latina y la Región Caribeña son el área de estabilidad en materia de política internacional.

Hace mucho que los principales centros de fuerza en el ámbito mundial apreciaron el papel que desempeña esa región. Es evidente la activación de la diplomacia europea tanto a nivel bilateral, como en el marco de la Unión Europea; de los Estados asiáticos, ante todo la RPCh, el Japón y Corea del Sur, y los últimos años, también de la India. 

El año pasado una delegación de los círculos gubernamentales y de negocios del estado de Rio de Janeiro visitó Rusia. En agosto de 2006 una delegación del Grupo de las Provincias Argentinas del Centro sostuvo negociaciones en la Cámara de Comercio e Industria de la Federación Rusa. Este otoño en Moscú se celebrará el foro de negocios ruso-mexicano que impulsará aún más la cooperación económica de los dos países.

Hoy en el comercio exterior de Rusia a los países de la región corresponde un 4%, lo que, sin embargo, es confrontable con la parte de EE UU y el Canadá, un 6%. El intercambio anual de mercancías asciende a 6 mil millones de dólares, lo que no corresponde a las posibilidades ni al deseo de ambas partes. A este respecto existen varias aclaraciones. Se habla mucho y con razón de los problemas y limitaciones vinculados con el carácter periférico del desarrollo económico de los Estados latinoamericanos y caribeños, de las controversias y paradojas que acusa su incorporación al proceso de globalización. Pero existe también otra cara de la medalla: la formación de los centros industriales y financieros. En las exportaciones de los países del área casi dos tercios corresponden a la producción industrial.

Las dificultades que acusa el desarrollo de las relaciones económicas y comerciales con los países latinoamericanos y caribeños, se deben en parte a los problemas del sistema económico ruso y la insuficiente incorporación de Rusia a las estructuras de la economía mundial. A este respecto importa señalar la debilidad del sector crediticio-bancario, del mecanismo de apoyo de las exportaciones, excepto las materias primas, insuficiente conocimiento profesional que los sectores empresariales rusos tienen de los mercados latinoamericanos y caribeños. Teniendo incluso la producción competitiva, en muchos casos los suministradores rusos no pueden organizar bien el servicio técnico, tienen problemas con el suministro de piezas de repuesto, la logística y la estrategia y táctica de marketing.

El empresariado ruso muestra creciente interés hacia la región en los sectores tales como la energía, extracción de petróleo y gas, construcción de automóviles y maquinaria, metalurgía, actividad bancaria, pesca y cooperación en materia de altas tecnologías y exploración del espacio extraterreste y energía atómica con fines civiles. Por ejemplo, fue firmado el contrato de suministro de equipos para la planta hidroeléctrica en Brasil, ganada la licitación de suministrar turbinas hidráulicas para una planta hidroeléctrica en México, sigue realizándose el contrato de explotación de una central hidroeléctrica concertado por cinco años con Colombia. En América del Sur trabajan petroleros rusos. Rusia sostiene el diálogo con Venezuela y México, como principales productores de crudo en la región, en interés de asegurar la estabilidad del mercado de petróleo. El Gobierno de la Federación de Rusia espera discutir con MERCOSUR el tema del sector gasífero de inmensa importancia para el complejo energético de los países que integran ese Mercado. Al atribuir gran significado al comercio de armas con los países del área, Rusia se guía por el principio de impedir la acumulación desestabilizante a costa de las exportaciones rusas de armas, que es capaz de provocar el desequilibro de fuerzas en la región.

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Nikolai Jorunzhyi, para RIA Novosti.


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