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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La muerte y la DGT

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
jueves, 5 de octubre de 2006, 23:37 h (CET)
Lo breve si bueno dos veces bueno, axioma no practicado por la propaganda de la Dirección General de Carretera (DGT), en el supuesto de que se consideren buenos los mensajes tutelares a los conductores. El no va más es el paso adelante en considerar la vida y la muerte como algo que depende de sus directrices, que es lo que se deduce de la nueva campaña que la DGT pondrá en marcha. Hace preguntarse al conductor que continúa con vida gracias a que ha respetado el carné por puntos, parcialidad de las parcialidades.

La disminución de la mortalidad que se atribuye al carné por puntos tiene corto recorrido, por lo que la seguridad matemática convendría dejarla para la resolución de mayor número de incógnitas reservadas a un superior intervalo de tiempo. La prudencia puede ser objeto de cautela ante el pavor causado por el conductor a la perdida de su permiso de conducir, vital en muchos casos para la mayoría. La proporcionalidad del miedo es directa a los controles realizados, la abundancia de éstos y sus consecuencias a su vez pudieran significar descontento con el gobernante que creó la norma. También de su capacidad de voto. Por eso no fue gratuita la frase de Zapatero que no garantizaba la reducción de muertes de tráfico en el futuro. Eso se contrarresta con publicidad a mansalva de este nuevo ángel custodio de la carretera, que tutela pero no las arregla y señaliza en condiciones. Es más económico vocear a los cuatro vientos que el 70% de las muertes se producen en carreteras de una vía por sentido, que procurar señalizar correctamente, rediseñar, solucionar los puntos negros de las carreteras y programar la educación vial con parámetros serios. Lo que separa la muerte y la vida en la carretera no son exclusivamente los puntos que la administración dispone para su control. Moralmente reprobable es hablar de la muerte de las personas en función de las acciones de los gobernantes, difundiéndolo a bombo y platillo. Eso me recuerda al Gran Hermano de Orwell, que nos persigue hasta conduciendo en la carretera.

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