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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Moros y cristianos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 5 de octubre de 2006, 23:37 h (CET)
Los valencianos tenemos fama de andar siempre de fiesta en fiesta y de explosión de pólvora en explosión. No voy a negarlo, nos gusta la fiesta, somos un pueblo mediterráneo al que andar festejando victorias y también derrotas siempre nos llena el espíritu. Dentro de unos días será el día grande de nuestra Comunitat, el 9 d’octubre, y esa mañana las calles se llenarán de gentes con su banderita de plástico reivindicando su valencianía, luego estarán 364 días “españoleando” y sin reclamar a los poderes públicos que ese espíritu de ser valencianos se cumpla y es que ya lo decía el Conde-Duque de Olivares “los valencianos son un pueblo muelle”, es decir acomodaticio a los designios del poder. A nosotros nos gustan las fiestas, disfrazarnos y hacer que la pólvora corra por las calles. Pero el problema ha comenzado ahora cuando después de siglos de andar disfrazados, unos de moros y otros de cristianos, y enzarzados en incruentas batallas en las que siempre triunfan las huestes de la cruz contra las de la media luna, este simple hecho lúdico en estos momentos puede ser mal interpretado por algunos radicales islámicos y acabar en el pozo del olvido.

En un principio las fiestas de Moros y Cristianos comenzaron en la localidad alicantina de Alcoi. En su comienzo tan sólo había huestes cristianas para celebrar el triunfo de la cruz sobre la media luna. San Jordi alanceaba al dragón y a los sarracenos sin oposición alguna de la morisca. Luego, con el paso de los años, comenzaron a asomar la nariz los moros, sus vestimentas llenas de sedas, pedrería y diversas pasamanerías junto con una música mucho más atractiva que la cristiana enamoró a los valencianos y empezaron a proliferar “filaes” del Islam cuando este todavía era amigo. Y la fiesta se exportó desde las tierras alcoyanas al resto del País.

Hoy en día es difícil encontrar una festividad en el País Valenciano en la que los moros y cristianos no aparezcan. Incluso en las fallas, fiesta valenciana por antonomasia, aparecen gentes disfrazadas con los colores de uno u otro bando para dejar su impronta. Los árabes estuvieron muchos años entre nosotros y eso se nota, le pese a quien le pese. Generalmente es más fácil en las nuevas comparsas encontrar gente para vestirse de “moro” que de cristiano. Yo mismo en dos ocasiones he lucido disfraz festivo y ha sido de sarraceno, qué le vamos a hacer, estoy seguro de llevar sangre mora y judía entre mis venas y no le hago ascos a los oropeles moriscos, los prefiero a la seriedad de las filas de la cruz.

En estas festividades de los moros y los cristianos suele haber una lucha y, como es natural, siempre acaban ganando los partidarios de la cruz ya que las fiestas se suelen celebrar para conmemorar que Jaime I dejó fuera de combate a las huestes del Islam en tierras de la vieja Corona de Aragón. Pero ahora, con este miedo a las reacciones de los radicales islamistas me temo que vamos a tener que cambiar las fiestas y dejar que los moros ganen alguna vez la batalla. Y todo para no enfadar a cualquier encargado de mezquita que se nos pueda enfurruñar. Y no estoy de acuerdo, los “moros”, y yo siempre he sido “moro”, pierden siempre, así que no vengamos con tonterías y miedos y cambiemos nuestras fiestas tradicionales como ya se ha hecho en algún sitio.

En Beneixama tradicionalmente sacan a pasear durante las fiestas un muñeco al que denominan “ la Mahoma”. Siempre se ha llamado así y nunca nadie se ha sentido ofendido pero ahora ante las reacciones de los imanes más radicales han decidido no quemar el muñeco al finalizar la festividad. No lo entiendo, los valencianos nos burlamos de todo bicho viviente, incluso de nosotros mismos y me parece una mala iniciativa la de no quemar a “la mahoma” como se ha hecho todos los años. Espero que en mi pueblo, Benimaclet, donde he salido alguna vez de “moro” y donde no hay comparsa de cristianos sigan quemando al “moro Maclet” como han hecho hasta ahora olvidándose de los posibles edictos de esos imanes trogloditas que no sancionan ni la lapidación de las adulteras ni las ejecuciones públicas y que siguen, en algunos sitios, alentando que a la niñas se les rebane el clítoris con el fin de tener el día de mañana mujeres más sumisas. Ese no es el Islam que durante tantos años nos dejó una cultura de la que no podemos ni queremos renegar, ese es el Islam que hace que surjan nuevos “guerreros del antifaz”, esta vez sin antifaz, con bigote y alzas en los zapatos.

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