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El beneficio del inmigrante

Alejandra Huerta
Redacción
miércoles, 4 de octubre de 2006, 23:13 h (CET)
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.” Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).

Nuestro escritor más famoso, nos recuerda que la libertad es un privilegio que se nos ha concedido para protegerlo. Una cita que podríamos aplicar a lo que está ocurriendo en nuestro país, durante los últimos meses, con la llegada incontrolada de inmigrantes, esperanzados de conseguir la vida que se les ha negado en su país natal.

La actualidad nos bombardea con numerosas noticias y posturas al respecto, pero si hay que destacar una es la oratoria que el Ministro de Trabajo, Jesús Caldera, expuso en su discurso, ante el Congreso de los Diputados, el pasado 7 del mes de septiembre.

En el se hace balance de la efectividad de la política llevada por el Gobierno en materia de extranjería. En sus primeras palabras, destaca la capacidad de comunicación que ha tenido el ejecutivo con diferentes organismos y empresarios; sin embargo ésta no se aprecia cuando se trata de ciudadanos españoles y extranjeros, que son quienes confían el futuro de su país, a través del derecho y del deber de participar en los comicios electorales.

Basándonos en datos empíricos, diferentes organismos públicos como el Instituto Nacional de Estadística, la Oficina de Empleo o el Centro de Investigaciones Sociológicas, hacen responsable de la evolución positiva de la economía española, a la entrada de extranjeros en nuestras costas. Estas cifras demuestran el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social, en 1.500.000 entre el año 2004 y el actual, lo que supone, según el Ministro de Trabajo, en una aportación de 31.200 millones de euros. Esta cantidad hace que se recuperen las pensiones, dando lugar a más de 3 millones de personas que han mejorado su situación económica, concretamente un aumento de 81 euros en cuantía mensual.

Frente a esta situación tan optimista, se presenta otra cara muy diferente que comienza con la preocupación del Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, la razón radica en el elevado número de inmigrantes expulsados de nuestro país, casi 60000, lo que supone un gasto considerable y no recuperable; así como las dificultades a la hora de repatriarlos a su país de origen.

Apartándonos de las palabras oficiales, y a pesar de la gran contribución que hacen los inmigrantes en nuestro Estado de Bienestar, las condiciones laborales en cuanto a tipo de trabajo, contratos y salarios son lamentables.

La categoría profesional de este tipo de puestos tiende a acercarse a los niveles bajos, prueba de ello es el alto porcentaje que reside en el sector de la construcción, aproximadamente 21,19% en el último periodo del 2005 en donde se producen gran número de accidentes laborales; también hay que destacar las tareas agrícolas, donde la dureza del trabajo es considerable, debido a las intensas jornadas, bajo temperaturas incontroladas.

En el caso de las mujeres, el Gobierno afirma que ha aumentado el número de trabajadoras, pero gran parte de esas profesiones están relacionadas con las tareas domésticas, un 33,42% en el 2005.

A pesar de tener los papeles en regla, a muchos se les cierran las puertas del mundo laboral, ya que existe un gran recelo frente a la idea de contratar a un extranjero y delegarle competencias; por lo que esto supone una mayor dificultad a la hora de conseguir trabajo.

Estas situaciones se agravan cuando muchos empresarios para ahorrarse gastos no ofrecen contrato de trabajo a sus empleados, haciéndoles trabajar sin ningún tipo de seguro ni de garantía a la hora de reclamar una negligencia. El miedo a ser multados por una inspección del Estado, hacen que se produzcan despidos injustificados.

Otro aspecto a destacar de nuestros nuevos conciudadanos trabajadores, es que vienen de lugares donde apenas pueden abastecerse para sobrevivir, pero la llegada a un estado nuevo implica adaptarse al medio que les ha acogido. En cualquier país desarrollado el nivel de vida, es considerablemente mayor que en cualquiera de los que integran las zonas menos avanzadas.

En España, concretamente, la situación no es diferente, a los ciudadanos españoles les resulta cada vez más complicado llegar fin de mes, y las posibilidades de adquirir una vivienda digna disminuyen con los años. Si esta es la situación de los ciudadanos españoles, que trabajan en jornadas de 8 horas, en su mayoría, con puestos medianamente cualificados, que podemos pensar del futuro de los inmigrantes.

Este problema no aparece el día que comienzan su actividad, si no antes de llegar a su destino, ya que en la mayoría de las ocasiones deben pagar una deuda, tiene que trabajar para pagar un pasaje que puede oscilar entre los 1.500 y los 3.000 euros por persona.

Esta situación tan desgraciada no justifica, de ninguna manera, el aumento de la delincuencia que ha surgido entre ciudadanos extranjeros, y con ello el miedo y el rechazo de los españoles frente a sus nuevos vecinos. La prueba es que a raíz de diferentes encuestas a la opinión pública, un alto porcentaje opina que la integración de los inmigrantes ha sido negativa para la sociedad o bien que el hecho de haber abierto nuestras fronteras con el proceso de regularización, ha provocado el efecto llamada.

La pregunta que debemos hacernos después de esta breve reflexión es quién se beneficia realmente del movimiento inmigratorio que surca nuestras costas; donde va a parar ese dinero recaudado por el proceso de regularización. Porque en la realidad los salarios siguen estando estancados, las pensiones son bajas y el endeudamiento es cada mayor.

A pesar de divulgar un idealismo de tolerancia, podemos considerarnos por un lado los verdugos por no intentar comprender una situación que no conocemos, y por otro lado unas víctimas, que poco pueden hacer por cambiar las cosas.

Pero lo que si es cierto es que estemos donde estemos, seamos españoles o no, seguiremos siendo prisioneros de nuestra propia libertad.

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