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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De pieles de oso adeudadas

Fernando Ferreira
Redacción
miércoles, 4 de octubre de 2006, 22:02 h (CET)
¡Como nos gusta anticiparnos a los acontecimientos!. Y es que somos,...como somos. Necesitamos acallar nuestra falta de confianza, nuestro miedo ante la incertidumbre de lo que pasará, apresurándonos sin mesura ni cuidado alguno a lo que todavía no ha sucedido. Y pecamos sin reparo de incautos, diciéndonos a nosotros mismos, y de paso a los demás, que nada,... ¡que la liga está ganada!. Sin embargo, una liga no se gana en las tres primeras jornadas, ni un mundial en la fase previa, ni un gran premio en la ronda de clasificación.

¡Y luego nos tildan con desdén a algunos por desconfiados!. ¿Donde ha quedado el cuidado y la cautela que un día nos caracterizó?. Ante el ansia de la victoria es muy fácil dejarse llevar por los propios deseos, más todavía cuando nos escudamos en estadísticas, índices y demás probabilística pseudocientífica. Cierto es que en el deporte el pecado de la impaciencia ha ido unido siempre a la condición de aficionado, pero da la impresión de que últimamente vivimos tanto de resultados, que nos olvidamos de disfrutar mientras jugamos. Saboreado el dulce sabor de la victoria, anhelamos tanto volver a disfrutarlo que acabamos soñando con el final antes incluso del comienzo. Y con ello, se nos olvida que una de las grandezas del deporte es que nos otorga la posibilidad de hacer realidad lo improbable, de romper las estadísticas y de superar, a los demás, y a nosotros mismos. Los cálculos, por muy exactos, no valen aquí más que para justificar alguna ley de Murphy, cuando la cosa nos sale mal, y para encumbrar milagros cuando todo lo contrario. Y claro, luego vienen las decepciones, los reproches y algún que otro amago de dimisión en falso.

Pero tranquilo, si es usted de los que el se levanta el lunes pensando todavía “¡Vaya cagada!”, no se preocupe, no está solo. Esto ocurre en nuestra casa, y nos deja con cara de tonto mientras vemos la tele, y ocurre en pleno informativo y nos deja con cara de tonto mientras nos ven en la tele. Total, que como reza el dicho, la ópera no se acaba hasta que canta la gorda, y aunque un poco pasada de peso, esta nos puede ganar la partida por tres míseros segundos quedándonos a dos velas y con un oso más por cazar para pagar nuestras deudas.

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Fernando Ferreira es Licenciado en Ciencias de la Información y Máster en Periodismo.

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