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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Que los nombres no se borren de la historia

Raúl S. García López
Redacción
martes, 3 de octubre de 2006, 23:46 h (CET)
Estos días venimos escuchando que remover la historia, no es bueno para el sentido de concordia y reconciliación que hizo posible la transición española, ejemplo de trabajo y consenso en la recuperación de las libertades individuales y colectivas de todo un pueblo. Pero hoy, igual que en aquella modélica transición, sigue habiendo voces que no quieren que la historia se conozca, que quieren mantener un opaco silencio sobre la historia más reciente y oscura de nuestro país.

Ayer vi lo que algunos consideran una película más, pero que para mi significa una parte de esa historia que desconocía, que no me habían contado, que no aparecía en los libros que estudié, que no se habla en la tan nombrada transición o pre-transición, de la que los dirigentes de la derecha actual española nos intentan vender como la que ellos o sus familiares carnales o ideológicos promovieron o en el peor de los casos que transitaron. Esta película, Salvador Puig Antich, es un ejemplo del oscurantismo que existe sobre los sucesos de aquellos casi 40 años de persecución y terror, y que a día de hoy algunos se empeñan en mantener en el olvido.

Creo que este paternalismo de los padres de la constitución por, en algunos de los casos, apelar al olvido y al inmovilismo en la recuperación de historias que recorren todos y cada uno de los pueblos de nuestro país no ha ayudado a la reconciliación. Sin embargo, fue el Franquismo el único que aniquiló, asesinó, persiguió, mutiló e hizo desaparecer de manera sistemática, a todas y cada una de las personas que tuvieran un pensamiento, una idea, un sentimiento distinto al que la dictadura aplicaba y ejercía de manera impositiva. Pues bien, a pesar de que según algunos políticos trasnochados y con un pasado del que seguramente sus hijos, amigos, conocidos, vecinos, no estarían tan orgullosos, por los actos que intentan, que no vean la luz, o que por lo menos no se conozcan con la claridad que una democracia tan asentada como la nuestra tendría que estar fortaleciendo en el conocimiento por parte de personas que como yo, no vivimos esas épocas directamente, y que lo que buscamos, es el conocimiento de los hechos de nuestro país, desde un posicionamiento carente de rencor o venganza, solamente con la sinceridad de construir nuestro futuro con la ayuda de los errores del pasado con el fin de no volver a repetir hechos tan lamentables en la historia de un pueblo. Pero, por otra parte, con la intención de dignificar a aquellos que sufrieron la persecución, la muerte, el olvido que aun perdura en nuestra democracia, por que es de justicia social, pero sobre todo moral.

Desde la juventud que me confiere mi edad, pero con la madurez democrática que me otorga la educación que me han inculcado mis padres y las instituciones que han hecho posible el vivir en una democracia plena en derechos y deberes, ejerzo con humildad, mi derecho a pedir que no se borre el nombre de ninguna de aquellas personas que murieron a manos de la dictadura franquista, ejerzo mi derecho para pedir que se habrán las cunetas de España, con la necesidad de saber quien yace en ellas y solicitar para aquellas familias que lo deseen una sepultura digna, ya sea en cementerios o señalizando adecuadamente dichas zanjas que recorren toda la geografía de nuestro país. Solicito que se revisen los juicios sumarísimos, no con la intención de perseguir a los verdugos, sino con la justicia moral de restablecer la dignidad de los inocentes y sus familiares.

Por último, como ciudadano que vive en un Estado de Derecho, pero sobre todo, como ser humano, pido que se imparta la equidad y se restablezca la dignidad de aquellos cientos de miles de luchadores que fueron perseguidos, aniquilados y exterminados en cuerpo y alma, sólo por defender aquello que hoy disfrutamos desde 1978.

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