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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

El traspiés de Lula

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 3 de octubre de 2006, 23:46 h (CET)
El 29 de octubre Brasil tendrá una segunda ronda entre el centroizquierdista presidente Lula (quien obtuvo el 48.6%) frente al centroderechista Gerardo Alckmin (41.6%). De los otros 5 candidatos solo dos fueron importantes (Heloísa Helena del frente de izquierda con 6.9% y Cristovan Buarque del laborismo democrático con 2.6%). Los votos blancos y nulos suman 8.4% y el ausentismo el 16.8%.

De ello se puede inferir que la abstención fue débil y que el país quedó polarizado. Solo hubo un candidato que representase a las fuerzas del centro a la derecha (Alckmin), el mismo, que, al no tener rival en su propio campo, pudo dar una sorpresa. Él no sólo logró impidió que Lula venciese en primer turno, sino que achicó de 20 a 7 puntos la ventaja que inicialmente las encuestas le daban a Lula. También le ganó en la parte sur del país (la más rica), mientras que su Partido Social Democrático Brasilero venció en primera ronda las gobernaciones de los dos Estados más poblados (Sao Paulo y Minas Gerais).

Según Alencar, vice de Lula, su fórmula no triunfó en primera debido a que Lula se desacreditó al no ir al debate presidencial. Mas, algo que ha ido debilitando al lulismo es una serie de constantes demostraciones de corrupción en su entorno. La última ha sido el ‘dossiergate’ en el cual dos personas ligadas al gobierno fueron detenidas con $US 800,000 que supuestamente iban destinados a corromper a rivales.

El casi 10% que no votó por ninguno de los dos finalistas en la primera ronda lo hizo por opciones que se reclaman izquierdistas, lo que podría hacer que éste electorado dirimente prefiriese a Lula como ‘mal menor’. No obstante, queda por verse si nuevas denuncias morales minarán a Lula y cual será el resultado del nuevo debate presidencial.

Si bien Lula tiene más posibilidades que ganar que su rival, lo cierto es que su Partido de los Trabajadores apenas ha asegurado 4 de las 27 gobernaciones y que sufre un desencanto.

Un triunfo de Lula sería saludado por gente tan distinta como Bush o Chávez. Para EEUU y la Unión Europea el exsindicalista obrero es un contrapeso de izquierda moderada al avance del eje Venezuela-Cuba-Bolivia en la región. Para Chávez, en cambio, él le apoya a entrar al MERCOSUR y al Consejo de Seguridad y coloca al Brasil fuera del ‘liberalismo’.

Mientras las fuerzas del centro a la derecha le cuestionan a Lula por haberle dejado el liderazgo suramericano a Venezuela (la misma que, a cambio, ha fomentado la nacionalización boliviana de Petrobrás), las de izquierda le cuestionan haberse sometido a la ‘globalización liberal’ y mantener una buena relación con Bush.

Si bien Lula no ha podido cumplir promesas electorales del 2002 como las de una reforma agraria, un gran salto económico y moralización, él ha mantenido una estabilidad económica y un crecimiento del 2 ½% anual (inferior a la tasa regional y a los otros gigantes del Sur como India o China), ha creado empleos, ha mejorado ingresos de sectores pobres y ha disminuido el hambre y el analfabetismo.

Alckmin tratará de minar a Lula mostrando que él no garantiza transparencia moral o un gran flujo de inversiones privadas. Sin embargo, un triunfo suyo no es la opción más probable. Aún la mayoría de los brasileros prefieren una alternativa del centro a la izquierda y las nuevas recetas económicas y programas sociales lulistas han venido contando con apoyo popular.

Los actuales resultados electorales es algo que debe albergar cierta satisfacción a los dos candidatos izquierdistas como Helena y Buarque quienes rompieron con el PT en su primer mandato. Lula deberá acercárseles para buscar su endorse y ellos querrán valerse de haber casi sumado un décimo de los votos para querer presionar al PT hacia su dirección.

El escenario más probable es que Lula obtenga la re-elección, aunque habiendo creado un nuevo contexto en el cual tiene como rivales a una centro-derecha que sale fortalecida y, a diferencia del 2002, con la emergencia de una nueva oposición significativa a su izquierda.

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