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​La despedida en el Europarlamento ¿El funeral de la UE?

“El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre pero que no grite cuando lo pisen” Emiliano Zapata
Miguel Massanet
viernes, 31 de enero de 2020, 08:27 h (CET)

Es posible que para los funcionarios ingleses componentes de la representación de Gran Bretaña en el Europarlamento, se tratara de un momento triste, no tanto por desaparecer un empleo lucrativo que les permitía vivir cómodamente, sino por el hecho de que, cuando uno vive en un colectivo; aunque, en el caso que nos ocupa, sea un grupo de personas de distintas nacionalidades, en relación continuada y directa con otros compañeros con los que se debe convivir y tratar continuamente, aunque se trate básicamente de cuestiones del trabajo, es obvio que se lleguen a generar relaciones de compañerismo, amistad y también existe la posibilidad de se produzcan casos de relaciones de un perfil más íntimo.

Sea como fuere, en el acto de despedida que tuvo lugar en el Europarlamento, sí que quedó evidenciada en la representación del UK una emoción especial que no pudo evitar que algunos de ellos derramaran algunas lágrimas de emoción.

Claro que, en ocasiones, no sabemos si la improvisación de esta despedida o que los que intentaron que la despedida, de una potencia tan importante de la UE, se hiciera de manera que se intentara ocultar al resto del mundo el mazazo que, para Europa, va a significar ( y esto lo iremos viendo a través del año en el que se vayan sucediendo las distintas fases en las que se va a dividir la puesta en práctica de las distintas etapas de las que va a constar tan difícil situación) un trabajo complicado, a modo de encaje de bolillos de nudos gordianos, debido a las múltiples conexiones que, a lo largo de los años en los que los ingleses han formado parte ( hay que decir que nunca ha sido una integración ab imo pectore, debido a la especial idiosincrasia del pueblo británico y su orgullo ancestral, que nunca les ha permitido abjurar de su prepotencia habitual) de la CE, se han ido generando.

Por mucho que la infantilidad de una despedida, con el canto a capela de un cancioncilla escocesa y con todos los eurodiputados cogiditos de la mano, a modo de párvulos a los que se les enseña a celebrar el cumpleaños de uno de sus compañeros de clase de un modo tan conmovedor e espontáneo; cuando se quiere trasladar a señores y señoras de una cierta edad, con más conchas a sus espaldas que un galápago y capaces de tomar decisiones que, en muchas ocasiones, pueden significar aplicar leyes muy duras, poner en marcha represalias económicas o condenar a un cierto país a tomar medidas que pueden significar la miseria para muchos de sus ciudadanos; no podemos menos de considerar, reconociendo la buena fe de los que decidieron esta forma de despedirse, como impropia, ridícula y, evidentemente, contradictoria, en una ocasión en la que lo que se ponía de relieve era el abandono de una alianza de un país de gran peso de la UE; lo que, por mucho que ahora se intente disimularlo, va a ser inevitable que tanto Europa como la propia nación británica salgan trompicados de la puesta en práctica de esta operación quirúrgica, en lo económico y en lo político, debido a lo cual tanto la parte extirpada como el resto de la UE van a quedar mutilados y, con efectos difíciles de valorar, durante un periodo de años en los que se van a notar, con mayor o menor importancia, los efectos de este divorcio, aunque parezca que se va a desarrollar de forma amistosa.

Sin embargo, hay un punto en el que las amistades dejan de ser suficientes para evitar los enfrentamientos y, este peligroso momento, difícilmente evitable cuando se trata de hacer balance de lo que cada una de las partes valora que le corresponde; es aquel en el que se habla de cuentas pendientes, de facturas por cobrar o de compromisos contraídos que deban liquidarse. Es entonces cuando, en lo que se ha pretendido conducir con guante de seda puede que llegue a convertirse en puño de acero con el que golpearse mutuamente. ¿Qué puede suceder si, en el transcurso de este año que se han dado para liquidar las cuentas existentes entre ambas partes, una de ellas se siente engañada, presionada, perjudicada o menospreciada y decide retirarse de la mesa de negociación? ¿Cómo es posible, cuando políticamente y de hecho ya existe una ruptura que no tiene medio de volver a unir a ambas partes? ¿A qué tribunales de Justicia o arbitrales deberán someterse las partes para que se solucionen sus diferencias, cuando los métodos y sistemas que se hayan establecido entre ambos, para obviar dichas diferencias, no fueren suficientes para dirimir sus discrepancias?

En realidad a la vista del pueblo, del ciudadano sin otros medios de ver la realidad, de los de que dispone el que se deja llevar por su intuición, existe una cierta inquietud respeto a esta dolorosa cuestión del Brexit de la UK, de la UE. ¿Es cierto que nuestros gobiernos nos han dicho toda la verdad sobre las consecuencias que, esta separación, van a tener para nosotros los españoles?, ¿Qué va a pasar con los millones de turistas ingleses que nos visitaban cada año? ¿Cómo va a afectar a nuestras exportaciones de agrios, verduras, olivas, vino etc.? ¿De qué manera, la entrada del nuevo gobierno de izquierdas y sus particulares maneras de enfocar los temas económicos, va a influir en nuestras relaciones con el RU cuando, de todos es sabido que, el señor Trump y el señor Johnson, se han aliado para formar una entente económica; en nuestras relaciones económicas futuras con la nación británica? No se han esmerado mucho, el señor Sánchez y su camarilla de ministros, en mantener un buen entendimiento con el actual gobierno norteamericano, como ha quedado demostrado con los aranceles que se nos vienen imponiendo sobre nuestras exportaciones a la nación americana de productos como las aceitunas y el vino, lo que no nos augura que, en un futuro, los acuerdos económicos que van a unir las economías de los EE.UU y el RU, no nos van a poner en la picota como nación repudiada por ambas naciones, al menos en los aspectos económicos.

No hay duda de que el populismo intenta entrar en Europa con malas intenciones respecto a lo que, para ellos, es la economía de libre mercado, el capitalismo económico, la propiedad privada, el intervencionismo del Estado, la fiscalidad y la limitación de las libertades individuales, por lo cual su empeño en acabar con la unidad de España, su ataque directo a la Constitución de 1978, su constante intento de descalificar a los partidos conservadores y de centro derecha y, lo que forma parte de todo intento de sublevación contra el orden constituido. Su política de cambiar a los mandos del Ejército, situando a los que les son afines en los puntos neurálgicos de la cúpula militar; algo que, desde que han entrado en el gobierno del país, se está haciendo mediante la retirada de generales que se podrían considerar como defensores de la patria y, en consecuencia, de la Constitución y aquellos, como es el caso del general Rodríguez, de Podemos, de ideas evidentemente comunistoides que, seguramente, estaría dispuesto a dejarse conducir por los políticos de su partido si se le pidiese que se pusiera de su lado. Por mucho que se quiera evitar, es cierto que estamos en unos momentos en los que, a los que vivimos la Guerra Civil, aunque de niños, nos recuerdan aquellos días en los que el destino de España estuvo a punto de convertirnos en un satélite más de la URSS.

O así es como, señores, no estamos convencidos que, la marcha del RU de la UE, se pueda realizar sin que se produzcan importante tormentas económicas que pudiera afectar, en un momento determinado, a este difícil equilibrio que se está estableciendo entre las naciones del Norte acaudilladas por Alemania y las del Sur encabezadas por Francia, un país que parece que está perdiendo fuelle, con un Macrón obstaculizado por las izquierdas que han decidido que, tomando las calles, se pueden saltar el poder de las Cámaras de representación popular; una situación muy parecida a la que tenemos en España, donde un Gobierno de las izquierdas parece que prescinde de la Constitución para aliarse con los separatistas Vascos y Catalanes, con el objetivo de segar la hierba debajo de la Carta Magna para, con el tiempo y malas artes, vaciarla de contenido; en cuyo momento España estría madura para el asalto final, o sea la revolución y la dictadura del Frente Popular, como sucedió en el año 1936. No bajemos la guardia, porque estamos en vísperas de que España pueda necesitar de alguien que la defienda. Nada importa saber quién soy yo/ pero juntos formamos bandera/ que a Legión da el más alto honor.

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Casas Viejas 31/ene/20    14:29 h.
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