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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'La distancia': golpes directos de cine negro

Pelayo López
Pelayo López
martes, 19 de diciembre de 2006, 22:22 h (CET)
Después de hablar bastante bien hace unos días de la primera película que se ha estrenado en nuestro país sobre el 11-M, United 93, obviaremos esta semana la siguiente que nos ha llegado a la cartelera sobre el mismo asunto, World Trade Center. Y lo hago por dos motivos: el primero, porque la respetuosa memoria sobre lo ocurrido está a años luz del producto cinematográfico que nos ha dejado el últimamente algo desorientado Oliver Stone; el segundo, porque también esta semana se ha estrenado una más que interesante cinta de un prometedor realizador español, Iñaki Dorronsoro. Este joven, que ha puesto recientemente de largo su ópera prima en el Festival de San Sebastián, nos presenta una historia oscura con tramas paralelas en las que se entremezclan lo personal y lo profesional, y donde nos vienen a la retina títulos de reconocidos directores como Million dollar baby de Clint Eastwood y Snake eyes de Brian de Palma. Un thriller en toda regla que no tiene nada que envidiar a los firmados al otro lado del Atlántico, y eso que, como bien dice el propio título, sabe guardar también “la distancia” a base de pinceladas evidentes de nuestra cinematografía.

Uno de los protagonistas de la historia es el boxeo, o más bien es una excusa para conseguir ese aura de círculo cerrado cercano a otros menesteres menos lícitos. No sé muy bien el motivo, pero lo cierto es que, en los últimos dos años, nuestras películas se han acercado bastante a este ambiente. A golpes o Segundo asalto son sólo dos ejemplos evidentes. Sin embargo, es ésta última la que se lleva el gato al agua en lo que se refiere a la calidad con que se han rodado las escenas de cuadrilátero. Mérito del director y del actor protagonista, Miguel Ángel Silvestre, un joven salido de la factoría de la serie de televisión Motivos personales que hace aquí su primer papel protagonista –ya apareció en Vida y color o la anteriormente citada A golpes- y que, sencillamente, lo borda. Quizás no está a la altura en algunos duelos interpretativos con otros integrantes del reparto, pero es que sus compañeros tienen un peso específico considerable. José Coronado, que sigue la estela de su personaje en La caja 507 sólo en cierto modo; Federico Luppi, que no alcanza el nivel de la mayoría de sus interpretaciones anteriores; y uno de los valores a reivindicar en nuestro cine, Lluís Homar. La chica es Belén López, llegada también a la gran pantalla de la misma serie de televisión que Silvestre. Aunque más llamativo resulta, en este sentido, que, tanto nuestro protagonista ahora como en su día Alex González en Segundo asalto –ambos interpretaron en la serie al mismo personaje en dos temporadas distintas-, debutasen con una película sobre este deporte. ¿Casualidad o marketing?.

Todos ellos se involucran en una historia en la que un asesinato da la vuelta a la tortilla y hará que cada uno tenga que luchar por evitar los golpes contra las cuerdas de la vida. Desde entonces, los sueños y esperanzas se convierten en redenciones y perdones. En verdad, poco, o nada, se puede decir en contra de esta cinta negra, porque es tan redonda como el ring donde el protagonista se juega la vida. Es tan redonda que los tópicos habituales del género son manejados con tal destreza que, en lugar de resultar cargantes, se acoplan perfectamente con el resto de componentes. Tenemos, por supuesto, al héroe con pies de plomo, al poli bueno y al poli malo, la operación de asuntos internos, la prostituta hastiada de sus interminables noches y de sus inexistentes días… Sin embargo, si hay que achacar algo, podemos hablar de la música. Es extraño, pero, para ser realmente sincero, apenas nos percataremos de ella. Supongo que una de dos: o la historia engancha tanto que no te das cuenta, o apenas hay música. Y tampoco habría estado mal un final diferente, que quizás lo haya y lo descubramos en su DVD, pero el que tiene es resulta desaborido.

Parece, afortunadamente, que nuestro cine apuesta poco a poco por alternativas interesantes a nuestros clichés habituales. Grandes epopeyas históricas, cine de género, terror “teen-ager”… No sólo de comedia vive el aficionado al cine español. Además, con películas como La distancia, uno tiene la sensación de que la dirección es la correcta, y de que, tras el intercambio de guantes y el tanteo, nuestro cine sigue creciendo, ofreciéndonos, como en este caso, y sin sabor americano, golpes directos de cine negro español.

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