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Desde México con talento

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 3 de octubre de 2006, 00:38 h (CET)
Además del insidioso griterío de islamistas e intelectuales “progres”, poco se ha esgrimido en defensa del discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona (Alemania) excepto para disculpas y peticiones de perdón por algo, que, desde ningún punto de vista es ofensivo. El silencio de las demás confesiones cristianas como anglicanos, luteranos, y ortodoxos, entre otros, así como los ataques recibidos por algunos obstinados “teólogos de la liberación”, pasando por el retraimiento de políticos -excepto la canciller alemana Merckel-, todos han actuado cobardemente con respecto al Papa. Los más, en vergonzante silencio o apuntándose a eso de que “no quiso ofender”; cuando, lo que dijo, tan sólo es la verdad. La actitud de los cristianos no ha sido de defensa ante la injusticia y el agravio a la libertad. Excepcionalmente, la pluma de Paz Fernández Cueto, editorialista del periódico Reforma de la capital de México, ha “terciado” objetiva y clarividentemente con el artículo “Benedicto XVI, la razón y el Islam” (29-09-2006), y que se reproduce, íntegramente, a continuación.

“¿Qué es lo que exactamente dijo Benedicto XVI durante su discurso en la Universidad de Ratisbona, que despertó una reacción férrea entre los portavoces musulmanes? Lo que sucedió es muy revelador. Las primeras críticas, como sucede con frecuencia, transmiten una idea simplificada de lo dicho. Según esto, el Papa habría afirmado que el Islam es una religión violenta y acto seguido los que siguieron detrás, se lanzaron contra quien había pronunciado la supuesta ofensa, sin preocuparse por leer el texto completo y conocer el contexto original en el que fue pronunciado.”

”Quienes han tenido la experiencia de asistir como estudiantes a alguna universidad alemana estarán familiarizados con el género ´Vorlesung´, conjunto de lecciones magistrales que componen el núcleo de enseñanza de las instituciones académicas, reconocidas entre las más prestigiadas del mundo. Estas lecciones se imparten dentro de un ambiente de libertad, sin faltar la seriedad y el rigor científico propios de las universidades que aún pueden preciarse de no haberse convertido en simples escuelas de enseñanza. No hay que olvidar que Ratzinger fue profesor universitario de altísima calidad desde 1959 en la Universidad de Bonn y sigue siendo uno de los intelectuales más reflexivos y completos del mundo, condición que lógicamente no ha perdido por el hecho de haber llegado a ser arzobispo, cardenal y Papa.”

”En este contexto es como hay que leer las palabras que pronunció Benedicto XVI durante la visita a su tierra natal, a su patria intelectual y a la universidad en la que se siente identificado por la libertad de enseñanza, por la amplitud de miras, por el respeto a los que disienten y por su voluntad ilimitada de diálogo. Se malinterpretó un texto que como él mismo señalaba en la conferencia, sería ´utilizado como argumento un tanto marginal en el contexto del tema 'fe y razón', como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema´”.

”El Papa nunca atacó al Islam, ni siquiera desde el punto de vista semántico. Con el estilo habitual de un académico que hace una cita que viene bien para el desarrollo de su tema, menciona el diálogo entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo (1350-1425) y un erudito persa, sobre el cristianismo y el Islam. Manuel II Paleólogo, hijo del emperador, había sido rehén en la corte otomana, sufrió la constante presión turca sobre Constantinopla y fue autor de obras teológicas y retóricas. Sin detenerse en detalles que hacen referencia a la diferencia de trato entre aquellos que poseen el ´Libro´ y los ´incrédulos´, él, en modo sorprendentemente brusco, se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: ´Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba´. El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es una cosa irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma: ´Dios no goza de la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Quien por lo tanto quiere conducir a otro a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, no de la violencia ni de la amenaza...´”.

”Desde el punto de vista científico y filosófico el discurso de Benedicto XVI es un canto a la razón. Para esto, no duda en afirmar el Pontífice que es preciso rechazar toda violencia, excluyendo, por tanto, la idea de atacar con esta idea expuesta, a cualquier otra religión. Hace falta una buena dosis de ignorancia y otro tanto de mala fe para interpretar de manera tendenciosa y sesgada palabras que fueron pronunciadas para afirmar justamente lo contrario.”


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