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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Los peces tristes de Aramburu

Herme Cerezo
Herme Cerezo
domingo, 15 de abril de 2007, 09:16 h (CET)
‘Los peces de la amargura’ es el título del volumen que el donostiarra Fernando Aramburu ha publicado muy recientemente (septiembre de 2006). Aunque son cuentos independientes, sobre todos ellos aletea un denominador común: Euskadi, los vascos, sus vidas, su ambiente... y la violencia con sus secuelas. Leyéndolos, uno tiene la sensación de que debe ser dura, muy dura, la vida en Euskadi.

Triste.

Todos los personajes que aparecen en los cuentos son unos auténticos desgraciados, con matices pero desgraciados, que sobreviven como pueden a sus miserias. Y recuerden que, aunque son ficción, toda ficción esconde o disfraza un trasunto de la realidad.

Triste.

No importa en qué bando estén los protagonistas, porque si algo está claro en estos relatos es que en Euskadi todo el mundo está alineado, a un lado u otro, pero alineado. La postura aséptica no se lleva. O, mejor, parece que no dejan que se lleve.

Triste.

A veces, cuando uno piensa en la tierra vasca, imagina valles verdes y montañas sinuosas pero dulces, sin embargo, en ‘Los peces de la amargura’ hasta la climatología es cruel con Euskadi: el país de la llovizna y de la niebla perpetua, como si el verano no fuese más que una anécdota.

Triste.

Hay cuentos especialmente demoledores. ‘Los peces de la amargura’, el primer relato, que da titulo al volumen, lo es. Y mucho. Pero no es el único. ‘Madres’ también aporta lo suyo en este sentido, igual que ‘Informe desde Creta’, acerca de los “daños colaterales” que el asesinato de su padre causó en su hijo cuando le dispararon en plena calle, mientras paseaban juntos, un trauma que por mucho tiempo le impedirá al joven llevar una existencia normal.

Triste.

En ‘Enemigo del pueblo’ asistimos al suicidio de Zubillaga, el dueño de una carpintería de un pueblo vasco al que se acusa de delator. Tremenda la presión social que sufre este hombre. ‘Golpes en la puerta’ mezcla la soledad de un etarra encarcelado con los recuerdos de su infancia, cuando jugaba a dinamitar coches de juguete, un entrenamiento para las ekintzas que pensaba cometer “de mayor”.

Triste.

Aunque no los he citado todos, guardo un lugar destacado para el último cuento del libro: ‘Después de las llamas’, donde la víctima de un cóctel molotov cura sus quemaduras en la habitación de un hospital, acompañado por un enfermo canceroso y por su mujer, empeñada únicamente en obtener una indemnización por el “accidente” y en posar sonriente para la prensa, ante la inminente visita del lehendakari Ibarretxe. Este cuento, literariamente hablando, es de los más interesantes por su estructura. Se mezcla narración pura y dura, con diálogos intercalados como si se tratase de una obra de teatro. No es nada novedoso, pero me parece muy adecuado para este cuento en concreto.

Triste.

Creo que la gran virtud de estos tristes ‘Peces’ es que, corriendo el riesgo de caer en el panfleto barato, el escritor donostiarra se ha dedicado a contarnos las consecuencias del conflicto vasco desde muchos puntos de vista: el del policía municipal, el de su viuda, el de unos niños, el de las víctimas de un atentado, el de los maketos... hay muchos frentes que atender y eso ha hecho Aramburu para construir su friso, entregándonos una espléndida visión global.

La narración intercala, además, numerosas palabras vascas que, según la nota final del libro, se mezclan en el habla coloquial castellana de nuestros paisanos del norte. Ello que, al principio parece una rémora hasta que te acostumbras, al final resulta completamente normal e, incluso, indispensable.

Sólo me resta hacer una observación. Ignoro la causa, aunque me la imagino. Tal vez la distancia desde la que Fernando Aramburu ha escrito sus cuentos ― lleva residiendo más de veinte años en Lippstadt, Alemania ― haya favorecido esta circunstancia, pero es como si entre lo que se nos dice y nosotros, alguien hubiese erigido un muro invisible, transparente, que nos permite asomarnos sin meternos dentro. No sé si me explico. Es como un distanciamiento que nos deja observarlo todo sin perder detalle. Y eso, no sé si es bueno, malo o indiferente.

Y ya para terminar. Los que hayan leído hasta aquí se preguntarán por qué he utilizado tantas veces el vocablo triste. La explicación es sencilla. Aramburu lo usa a su libre albedrío en el primero de sus cuentos, ‘Los peces de la amargura’, y consigue con él el tono perfecto para su relato. Y yo, para hacer esta reseña, he decidido comportarme de idéntica manera, porque este libro que no relata atentados, ni asesinatos, ni secuestros, ni kale borroka, es un libro duro, pero sobre todo ...

Triste, muy triste.

Incluso en los leves momentos de humor de ‘Después de las llamas’, asistimos a una ironía triste.

Muy triste.

____________________

‘Los peces de la amargura’, de Fernando Aramburu. Colección Andanzas, Editorial Tusquets. Septiembre de 2006. Precio: 16.00 euros.

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