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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Sevilla tiene un problema

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 2 de octubre de 2006, 01:51 h (CET)
¡De pena! Tengamos subdelegados del Gobierno para que se entretengan diciendo tonterías y defendiendo barbaridades. El mundo al revés, como aquella ingeniosa frase de Jorge Valdano: “los pajaritos disparan con escopetas”. Viene a cuento todo esto por el intento de represión a los ciudadanos que el 1 de octubre están convocados a manifestarse contra la política antiterrorista del ejecutivo.

Pocas veces un subdelegado del Gobierno ha dado tanto juego en los chistes, chismes y chascarrillos en los corros vespertinos y a la hora del “cafelito funcionarial”. No se atreven a plantar cara a los asesinos de la banda terrorista, apenas hablan de los presos etarras por si acaban en las listas negras de la izquierda o siniestra abertzale, miran al cielo cuando tres encapuchados disparan en la campa, consideran incidente sin importancia los actos de violencia callejera, falsifican lo que haya que falsificar para salvar la cara, se “chivan” al enemigo para que sortee a la Justicia o entierran en cal viva o en typex con tal de cumplir sus objetivos. No es que sea la norma, pero tampoco es normal.

Y mientras el asesino, malhechor o violento campa a sus anchas, se pide silencio riguroso a los padres, hermanos y familiares del guardia asesinado, a la esposa e hijos del periodista tiroteado, a los familiares de quien fue víctima de la bomba lapa o del coche bomba,…. Y ante tal situación nos declaramos en rebeldía los ciudadanos normales. La evidencia nos dice que sobran subdelegados del Gobierno “fantasmas”, dictadores, aprovechados y sobrados en ‘tics’ fascistas como el de Sevilla. Ese tipo de barbaridades y tonterías deslavazadas, pero malintencionadas, no se dan en ninguna otra ciudad española, por lo que los ciudadanos sevillanos tienen un problema más que un subdelegado.

Precisamente esa convocatoria tiene ahora una doble vertiente: defender la libertad de expresión, a la vez que manifestarse por la ingenua política antiterrorista del Gobierno. Es preciso que el manifestante acuda tranquilo y sosegado. Y como decía hoy Carlos Herrera en un diario de tirada nacional: “(…) Y lleven bocinas y matracas y altavoces si les da la gana. Y ocupen toda la calle y corten el tráfico y no le hagan ni puñetero caso a nadie. Ni siquiera al subdelegado se le ocurrirá ordenar a la Policía que cargue contra las madres, los hermanos y los hijos de los muertos, cosa que creo tampoco harían aunque se les dijese, por cierto”. Antes que nada, el policía es un ciudadano de orden y es miembro de un colectivo castigado brutalmente por el terrorismo. Nunca arrojará piedras a su tejado, aunque es consciente de la existencia de ‘corruptos concretos’ y chivatos en sus filas, lo que lleva a que tales colectivos sean destinatarios de cierta desconfianza social, basada en el egoísmo de los menos y muy a pesar de los más.

La manifestación del domingo es políticamente correcta, la libertad es un derecho, la intención es la mejor, las víctimas no pueden carecer de un derecho que, incluso, a Batasuna se le ha permitido pese a su ilegalidad. Al menos yo no tengo miedo, ¿pedirá perdón a la ciudadanía el subdelegado del Gobierno de Sevilla o piensa cargar contra los manifestantes cuando compruebe que se incumplen sus exigencias fascistas?

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