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Etiquetas:   Akelarre  

Federicos, Rubianes y 'maricomplejines'

Rafa García
Rafa García
@rafagarciak
domingo, 1 de octubre de 2006, 05:35 h (CET)
Lo siento, lo afirmo con pesar, pero debo reconocer que nunca he sentido como propia la bandera roja y gualda. Soy español, claro que sí, pero cada vez que veo la utilización que determinados personajes realizan de la enseña nacional, siento deseos de salir corriendo. En cierto modo por la tristeza que me producen las actitudes de esos individuos, que hacen un uso tan excluyente de la bandera, aunque también por el miedo y por el asco que siento al verlos actuar.

El último episodio lo vivimos el jueves por la noche, a las puertas del Auditorio de CC. OO. en Madrid, con motivo de la representación de la obra “Lorca eran todos”, por parte de la compañía de Pepe Rubianes. Cien descerebrados se concentraron frente a la sala para proferir todo tipo de insultos contra el actor gallego, utilizando, una vez más, la bandera nacional para semejante tropelía. Algunos de los asistentes, echando mano de la nostalgia, enarbolaron un trapo inadecuado; en el pendón que portaban aparecía el escudo franquista.

Debo decir que estoy echando de menos a los “grandemarlaskistas” de turno porque, que yo sepa, la extrema derecha no se diferencia mucho de ETA. Acudir a un acto público con el águila de Franco es tanto como reivindicar el régimen del dictador. Es decir, acudir a una manifestación con el escudo preconstitucional equivale a defender el atropello a las libertades y a los derechos humanos. ¡Qué nadie se olvide de que años después de terminada la guerra se seguía matando a inocentes, que eran apresados por las noches en sus casas, para ser ejecutados, en nombre de Dios y de España! Si Dios existe, espero que no tenga perdón para esos seres tan crueles y despiadados. En cuanto a España, soy algo menos optimista, a tenor de las burradas que cierto sector consume todas las mañanas a través de la ondas hertzianas.

No me gusta nuestra bandera, pero me duele España. Lamento profundamente que la obra del otro Federico haya empezado a dar sus frutos: la extrema derecha se envalentona, y se echa a la calle. Menos mal que de momento son cuatro gatos. Pero...¡qué nadie se equivoque! Alimentar a la bestia puede ocasionar graves problemas; las hordas fascistas pueden dirigirse cualquier día hasta el número 13 de la calle Génova, para exigir mayor contundencia a ése a quien llaman “maricomplejines”.

Acabo este escrito solidarizándome con el actor Pepe Rubianes, a quien no tengo el placer de conocer. Dado el momento que se vivía allá por el mes de enero, hubiera sido preferible una moderación en el lenguaje a la hora de comparecer ante las cámaras de TV – 3. Eso es cierto, pero también lo es que hay que ser muy retorcido para colegir que en aquella conversación el actor insultó a España. No, y mil veces ¡NO! Lo que hizo fue mostrar su rechazo hacia ese sector tan rancio y retrógrado de la sociedad española, que todavía instalado en la caverna, no para de rebuznar. Es como una secta de cuarta, que por el momento tiene pocos adeptos, y además muy tontos, porque todavía no se han dado cuenta de que le han brindado gratis una impagable campaña de marketing al cómico al que pretendían censurar. Rubianes era muy conocido en Cataluña, y algo menos en la Comunidad Valenciana; ahora es un mártir de la libertad de expresión en toda España.

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