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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La transversalidad de la ley

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
domingo, 1 de octubre de 2006, 05:36 h (CET)
La ley. Lo mismo vale para juzgar a un dictador de derechas de cualquier país, que para querer ser poder ejecutivo y quedarse en un proyecto de legislativo. Instrucciones polémicas varia,s bajo fogonazos mediáticos. Los últimos fotogramas con los ministros de Justicia e Interior como el hombre lobo, en Nueva York. El otro fotograma, también en la otrora ciudad de las dos torres gemelas, con el hilo conductor entre el ministerio fiscal del Estado en la Audiencia Nacional y el Gobierno. Estrecha amistad cómo para que el intermediario le envíe los asuntos directamente al superjuez. El es la ley. Más que sus superiores de la sala penal de la Audiencia Nacional, que deciden lo que es terrorismo para su competencia y lo que no lo es. La falsificación de los informes del ácido bórico pertenecen a los juzgados de Plaza de Castilla, no es terrorismo, pero él sigue siendo el garante e interprete de la ley. La justicia es su cortijo. Sus postulados, la bendición para negociar con el terror. Su esponjamiento, la vanidad. Nula de pleno derecho es su imputación a los tres peritos del informe que vinculaban al 11-M con ETA. Tan nula cómo su humildad. La ley se convierte en transversal con ejemplos visibles como éste, el resto permanecen ocultos ante la poca trascendencia mediática y el corporativismo. Ya jugó con Gonzalez. Ahora juguetea con Zapatero y sus intermediarios.

La transversalidad de la interpretación de la ley tiene respuesta constitucional, que es el apartamiento de los asuntos por contaminación. Todo nulo, pero el favor del coitus interruptus judicial tiene su valor para la contraprestación de poderes. Valor de panzer mediático para inclinar la balanza de la opinión pública. Qué pena para los que nos gustaría creer en el cumplimiento de las leyes democráticas y constitucionales, y en la probidad de sus interpretes.

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