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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

¡Oh capitán, mi capitán!

Óscar Arce
Óscar Arce
domingo, 1 de octubre de 2006, 05:35 h (CET)
Cuando en el anuncio a favor de las selecciones deportivas catalanas, un niño con una camiseta roja niega la posibilidad de jugar a fútbol a otro niño que lleva puesta la camiseta de la selección catalana, quedan claros dos puntos:

Primero: existe un sector de la sociedad catalana -al menos aquéllos que han ideado el anuncio, y quienes lo aplauden- que vive la relación con España como una confrontación constante en la que el fuerte, el que decide, oprime al otro, que se siente débil e indefenso.

Además, el gesto heroico del niño que se quita, resignado, su camiseta de la selección catalana para poder jugar con sus amigos, supone también un doble mensaje: por iun lado, disculpa a los jugadores catalanes que deciden jugar con la selección española y evita que se les vea como traidores. Asimismo insta a la sociedad a ser paciente y a esperar la recompensa, en un tono casi religioso que me recuerda a la ética protestante aquélla que Max Weber relacionaba con el espíritu del capitalismo.

Segundo: para llegar a lanzar el mensaje político -porque, evidentemente, existe un mensaje político (¿podría ser de otra manera?)- no se ha escatimado en utilizar un elemento tan manipulable como un grupo de niños.

El primer punto puede ser cuestión de opiniones, de qué selección o qué otra se merece que hagamos blandir la bufanda de turno, y de extrapolaciones políticas del todo lícitas por infranqueables.

Pero que se utilicen menores en un anuncio político me parece más curioso. Tanto que parece preocuparnos el futuro de los niños en épocas en que se está conociendo el nivel educativo que España y también Cataluña está a la cola de Europa. Tanto que nos preocupa que los niños sean cada vez menos niños y quieran comportarse demasiado temprano como los mayores que ven por la televisión.

Y, en cambio, no parece importarnos poner todos los medios para que la opción política que nos parece justa sea visible y llamativa.

No solamente la nota del examen marca el nivel educativo, sino que la educación se mide también por la posibilidad de elección que se traducirá en la producción de librepensadores. En otra dirección está el camino marcado y libre de divergencias.

La consecuencia es que un grupo de chavales se ha visto envuelto en una disputa que les queda lejos, por mucho que se empeñen otros en hacerles sentir sus propios sentimientos. Los niños acostumbran a imitar a los mayores para complacerlos.

Quizás antes de meterles en política, deberíamos enseñarles a pensar por sí mismos y esperar, confiados, que algún día lo hagan.

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