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Etiquetas:   Juego   casinos   Apuestas   Jóvenes  

Jugar y apostar con dinero ya forma parte del ocio juvenil normalizado

Las pérdidas económicas derivadas del juego son consideradas por los jóvenes como “un gasto de ocio más”
Redacción Siglo XXI
@DiarioSigloXXI
lunes, 20 de enero de 2020, 09:02 h (CET)


Jugar y apostar dinero real es una conducta plenamente integrada en el ocio de los jóvenes españoles de 18 a 24 años. Una opción de ocio y entretenimiento que incluso sustituye a otras como el cine. Lo hacen en grupo y aunque se trata de un comportamiento eminentemente masculino, ellas comienzan a hacerlo por imitación.

No perciben ningún tipo de riesgo en esta conducta, que confiesan haber iniciado cuando eran menores, y además consideran las pérdidas derivadas del juego como “un gasto de ocio más”.

Estas son algunas de las principales conclusiones del estudio “Jóvenes, juegos de azar y apuestas”, una investigación realizada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia de Fad, gracias al apoyo de la delegación de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

La investigación analiza las percepciones de los y las jóvenes españolas de 18 a 24 años sobre los juegos de azar y las apuestas con dinero, tanto online como de manera presencial. Los resultados de la investigación se han obtenido a través de diversos grupos de discusión en los que han participado jóvenes de 18 a 24 años y expertos.

Han asistido a la presentación la delegada para el Plan Nacional sobre Drogas, Azucena Martí; y la directora general de Fad, Beatriz Martin Padura. Los datos han sido presentados por la directora técnica de Fad, Eulalia Alemany.

El juego, comportamiento de ocio integrado y normalizado


“Todo el mundo juega y apuesta”, esta parece ser una de las principales percepciones de las y los jóvenes españoles de 18 a 24 años respecto a los juegos de azar y las apuestas con dinero. Y lo hacen porque no existe ningún tipo de conciencia de que jugar pueda suponer un problema, dado que en los entornos familiares está naturalizado el juego ocasional o habitual de determinados juegos “tradicionales” (loterías, quinielas, bingo). Consideran además que es algo “pasajero”, propio de una edad.

Esta visión despreocupada contrasta con la visión de los expertos que detectan que con el aumento de personas jóvenes que juegan también ha aumentado el número de jóvenes con problemas derivados del juego. Y aunque para muchos expertos aún no pueda considerarse una alarma social o sanitaria, sí se considera un problema creciente que es necesario abordar.

El aumento y normalización de esta práctica se ha confirmado en la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) -recientemente publicada por la delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas- en la que se confirma que en dos años –desde 2016 a 2018- han aumentado casi cuatro puntos porcentuales el número de jóvenes entre 14 y 18 años que han jugado con dinero online y casi diez puntos quienes lo han hecho presencialmente.

Concretamente, se ha pasado de 2 a 3 de cada diez chicos adolescentes que han apostado en juegos offline (21,6% en 2016 y 30,7% en 2018) y de ser el 5,4% al 15,3% de las chicas de 14 a 18 años. En cuanto a las apuestas deportivas, el póker y otros tipos de juegos que se realizan en línea, ha aumentado de 10,2% a 17,4% el número de chicos y de 2,5% a 3,6% el de chicas.

Aunque las y los jóvenes sí perciben algunos riesgos y problemas asociados al juego, estos se centran en la pérdida de dinero y, en menor medida, en la pérdida de tiempo. Siempre y cuando “se cumpla” con las obligaciones familiares y escolares, no se juzga el hábito de juego con dinero como algo patológico, sino como una práctica que engancha y que también divierte, que puede llegar a no ser bueno, pero que no es nociva en sí misma.

Juego presencial vs juego online

Los y las jóvenes españoles de 18 a 24 años afirman que comienzan jugando con dinero de forma presencial ya que las casas de apuestas y salones de juego se han convertido en un punto de encuentro juvenil.

Pero tras los inicios en las salas de juego, se afirma que el juego online contribuye a la consolidación de los hábitos. Este tipo de juego suele ser aceptado por los jóvenes de manera natural porque responde a la “naturaleza propia del tiempo y de la juventud”: frente a la especialización adulta en determinados juegos, se asume que el juego online implica opciones variadas, multitasking, un nuevo lenguaje, nuevas habilidades, etc. que son propias de los jóvenes.

Las ventajas que los y las jóvenes perciben del juego online tienen que ver con el anonimato; con la posibilidad de jugar cuando y donde sea sin restricciones. Y su práctica no es tan social sino que tiene que ver con la obtención de un beneficio inmediato y rápido.

Para los expertos el juego online presenta unos riesgos diferentes. Por un parte, es más difícil el control del gasto al tener generalmente una tarjeta bancaria asociada; es más difícil controlar el tiempo de juego ya que existe una total libertad; y, por último, es más difícil controlar el acceso de menores.

Apuestas deportivas y cartas

No todos los juegos y/o apuestas son considerados de la misma forma por los y las jóvenes. Un “lugar privilegiado” ocupan las apuestas deportivas y los juegos de cartas.

En torno a estas dos actividades se ha generado entre los más jóvenes un imaginario que procura un escenario distinto respecto a otros juegos: la diferenciación entre apuestas de “saber” y apuestas de fortuna o “puro azar”. En apuestas deportivas se valora el conocimiento del campeonato, de los equipos, del deporte, manejo de estadísticas y datos especializados. Y en los juegos de cartas la rapidez mental, frialdad, capacidad de cálculo, confianza, astucia, inteligencia.

El convencimiento en torno a la necesidad de saber jugar genera una percepción (y autopercepción) diferencial positiva de quienes juegan a estos juegos frente a juegos a los que “cualquiera puede ganar”. Ese “conocimiento” y habilidad actúan como reforzador social.

Es decir, en cierta forma, se convierte en modelo y/o líder del grupo aquel que “sabe” apostar, que domina las habilidades necesarias para tener éxito en las apuestas deportivas o en los juegos de cartas.

En este sentido también opera un destacado componente de género, que tiende a asumir que el juego (más aún el especializado) es un “mundo de hombres”, que saben más y se manejan mejor en él. Ante esto, no pocas mujeres asumen la “desventaja”.

En el mundo de las apuestas deportivas, los tipsters (apostadores profesionales) se constituyen en auténticos referentes. Ellos son la figura visible de un universo en el que la profesionalización se constituye en una meta muy concreta, que si bien no es el objetivo de muchas de las personas que juegan, sí propicia que se consoliden objetivos y fantasías intermedias, que alimentan el juego: pretensión de sacarse un “sobresueldo”, establecimiento de referentes cercanos al “juego profesional”, que resultan atractivos.

Publicidad y regulación

Los y las jóvenes españolas perciben que, en general, la publicidad relacionada con el juego es un “bombardeo”. Llega por múltiples canales, de forma continua y sin necesidad de acudir a ella: redes sociales, prensa, tv, etc.

Y tanto ellos como ellas asumen que son el objetivo prioritario de la publicidad, el sector poblacional al que más quieren llegar.

Desde los expertos se pone atención en cómo dicha publicidad extralimita sus espacios de aparición, propiciando una sobreexposición y cierta sensación “abrumadora”. Y señalan el riesgo de que las principales estrategias publicitarias del sector se centren en contenidos fantasiosos, banales, no realistas, que exageran las posibilidades reales de ganancias.

También consideran preocupante que se apueste por el regalo de bonos gratuitos o de descuentos, para “enganchar” en las primeras experiencias con el juego y, sobre todo, que muestre mensajes y situaciones que pretenden actuar como reforzador social y de identidad, asociado al juego: puedes ser especial si ganas, aunque no lo seas de otra manera.

En cuanto a la regulación existente, los y las jóvenes de 18 a 24 años la consideran suficiente, pero también confiesan que es muy fácil no respetarla. Hacen una especial mención a la facilidad de acceso que encuentran los menores en las salas de juego.

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