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Opinión
Etiquetas:   Tribuna de opinión  

No hay sexo en Ramallah

Un libro ácido que “sin ser feminista ni lesbiana” nos pega un meneo importante
Xavier Grau
viernes, 24 de enero de 2014, 07:43 h (CET)
Dicen los que lo conocen, que el restaurante Darna de Ramallah ofrece lo mejor de la cocina mediterránea hecha en esta ciudad histórica de Palestina. Y me lo creo. ¿Por qué? Porque en este lujoso establecimiento sitúa la escritora Siad Amiry a sus amigas-protagonistas de su novela rompedora: No hay sexo en Ramallah. Un libro ácido escrito por esta mujer que “sin ser feminista ni lesbiana” nos pega un meneo a través de una generación de mujeres que crecieron con la OLP y se toparon de bruces con la menopausia personal y la frustración política colectiva.

Suad Amiry recibirá este sábado día 25 de enero el premio Nonino 2014 por su narrativa ágil y divertida, sagaz, punzante y militante por los derechos humanos. Así lo ha proclamado el jurado formado –¡atiendan bien!- por el premio Nobel VS Naipul, Eermano Olmi, Claudio Magris, Edgar Morin y Fabiola Gianotti.

Suad Amiry ya mostró garra literaria y militancia en su obra Sharon y mi suegra, donde a modo de diario destripa los avatares familiares en medio de las invasiones israelíes entre 2001 y 2003.

¿Y por qué les hablo de Amiry, de su suegra, de su literatura y de su sexo? Porqué si cierran ustedes los ojos un segundo y piensan en Palestina, seguramente imaginaran esos densos mapas donde encaja la franja de Gaza y Cisjordania junto al Estado de Israel; porque recordarán la imagen decrépita de Arafat abandonando Ramallah enfermo o tal vez envenenado; porque señalarán un edificio cosido a bombazos y llorarán por un niño herido que, sangrando, busca con la mirada a su padre.

Y esa es una Palestina dura, real, que nos interpela. Pero les propongo imaginar esa otra Palestina que no abre los Telediarios. La que nos explica Suad Amiry: donde hay violencia y esperanza; donde hay personas que mueren de viejas y no a balazos como dejó dicho Mahmoud Darwish. Donde hay chavales que siguen, como los nuestros, los partidos del Barça y del Madrid sin saber que la suya es la tierra herida de todas las tierras heridas del Planeta.

Y mientras, algunos afortunados, como las amigas de Suad Amiry, alzarán el índice para solicitar al camarero del Darna otra ración de marisco y ensalada fresca.

Como aquí, entre nosotros, donde también tenemos nuestras escritoras, nuestros restaurantes, nuestros problemas con el sexo y nuestras palestinas.

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