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‘El lobo de Wall Street’, el dinero y sus vicios

Un film de una experiencia intensa en un carrusel que rezuma excesos, sexo y verborrea
Alfonso Gutierrez Caro
jueves, 23 de enero de 2014, 07:57 h (CET)
Excesiva. Traviesa. Hilarante. Exuberante. Agresiva. Frenética. Desmadrada. Depravada. ‘El lobo de Wall Street’ se gana a pulso todos y cada uno de estos calificativos y muchos más. Una explosión de cine de tres horas de alocado frenesí y desenfreno de la mano de uno de los grandes tándem de la historia reciente del séptimo arte: Scorsese-DiCaprio.


ElLobodeWallstreet
‘El lobo de Wolf Street’ nos cuenta la historia de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), un tipo de familia humilde que comienza carrera como bróker en la despiadada Wall Street. Belfort es un hombre ambicioso con un objetivo muy claro: ser millonario, meta que está dispuesto a alcanzar haciendo todo lo que sea necesario para ello. Tras superar algún revés inicial se decide a fundar su propia agencia bursátil, Stratton Oakmont, mediante la cual comenzará a embolsarse dinero a mansalva a costa de todo aquel que esté dispuesto a entrar por el aro. Es entonces cuando su vida sufre un vuelco: la llegada masiva de dinero, la presión del mercado y la infinita codicia, llevarán a Belfort y su equipo por un camino colmado de vicios y excesos. El fin de fiesta vendrá cuando el FBI ponga sus ojos sobre Belfort y las ilegalidades de su empresa, amenazando su imperio, su tren de vida y, sobre todo, su dinero.

Martin Scorsese y el guionista Terrence Winter (escritor y productor de grandes series como ‘Los Soprano’ o ‘Boardwalk Empire’) nos ofrecen su visión deliberadamente exagerada de la vida de este bróker de éxito, llenando la pantalla de lujos prohibitivos para la mayoría de los mortales, interminables juergas en las que todo tipo de drogas y alcohol fluyen como ríos, y orgías que tienen lugar hasta en los lugares más insospechados. La película, narrada en primera persona por un Belfort que en ocasiones rompe la ‘cuarta pared’ y habla directamente al espectador, es una exploración de la depravación a la que puede conducir el dinero, una larga lista de vicios y obscenidades a la que dan rienda suelta esta pandilla de bastardos desalmados. ‘El lobo de Wolf Street’ pone ese submundo de relieve, criticando con dureza la amoralidad con la que algunos de estos brókers se ganan la vida (siempre a costa del bolsillo ajeno) y la hipocresía que subyace a su supuesta camaradería. Todo ello con una vis cómica que convierte esta película en una de las más graciosas dentro de la filmografía de Scorsese.


poster
La película tiene un ritmo endiablado y un montaje estupendo que hacen que sus casi tres horas de metraje pasen no solo de forma amena, sino divertida y por momentos hilarante. ‘El lobo de Wolf Street’ contiene una serie de escenas memorables, destacando la de iniciación a cargo del personaje de Matthew McConaughey, el discurso de Belfort ante la OPV de la marca de zapatos o la brutal y desternillante de las pastillitas Lemmon.

Leonardo DiCaprio está desatado, enérgico, carismático, imponente, desarmado. Tan bueno en los momentos cómicos como en los más dramáticos. En definitiva, está de Oscar. Jonah Hill no le va a la zaga, con un personaje tan pasadito de rosca como el de Belfort que consigue arrancar la mayoría de las risas de la película. De obligada mención es también la actuación de Matthew McConaughey el cual consigue, a pesar de los escasos minutos que sale en pantalla, crear un personaje de los que dejan poso.

‘El lobo de Wall Street’ es una experiencia intensa, un carrusel que rezuma excesos, sexo y verborrea. Desde ya hay que añadirla a la larga lista de peliculones del genio neoyorkino.

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