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Etiquetas:   La vida de color de rosa   -   Sección:  

Gastrosofia

Nes Oliver
Redacción
viernes, 29 de septiembre de 2006, 19:28 h (CET)
Es curioso, pero la “vox populi” casi siempre tiene la razón que se merece, sabiendo resumir en sentencias verdades como puños. “Nadie es profeta en su tierra”. Veraz. Tremendo. Eso nos ha pasado con nuestra cocina. Ahora reconocida, pero de siempre a nuestro lado, menospreciada siglos hasta que alguien decidió devolverle sus propios méritos. Por fin la importancia de la dieta mediterránea posee la relevancia evidente de nuestros días, estos días de culto al cuerpo y a la salud, inaudito hace unos años el reconocimiento de nuestros cocineros por todo el mundo y con este apetitoso año de la Gastronomía con que Barcelona abre sus fronteras al mundo deseoso de placer gustativo. La cocina no es solo alimentación, salud o placer, es “forma de vida” que debemos admirar, saborear, entender y disfrutar, ya que tenemos esa estupenda y exclusiva oportunidad. España es cuna de buenos vinos y excelentes alimentos, de miles de recetas que satisfacen a diario estómago, paladares y mentes. Tradición y creación se fusionan con ingredientes de “nuestra tierra” para lograr aromas, colores y sabores formidables.

Hablaba el otro día con mi amigo Marcel (del Núria de toda la vida en Las Ramblas) sobre cocina, nuevas tendencias y técnicas y, a propósito de la inauguración de Bacco en la planta alta de ese clásico de Canaletes, sobre la elección de tan orgiástico nombre, me respondió a la gallega “¿Qué mejor nombre para un restaurant de cocina mediterránea?” me sorprendió. Claro. Bacco, el dios romano de la orgía, el Dionisio romano, el dios del placer y del hedonismo (así se me ocurrió esta columna que las obligaciones me obligan a casi improvisar).

Y es que la cocina mediterránea es una mezcla perfecta entre pasión y natura, entre vida y sentimiento. Toda la concupiscencia y la sabiduría de la naturaleza entran en nosotros mediante nuestras ingestas alimenticias cotidianas. Nadie podrá negarme las notables diferencias entre la dieta del Mare Nostrum y el fast-food de la aceleración norteamericana. Por algo se rinden a nuestra cocina allende de los mares mientras que las franquicias de comida rápida, aburrida e insípida, se hunden en los pozos de las miserias de lo soso y lo intranscendente y hasta en New York se brinda ahora con cava y se aprecian las artes de los buenos cortadores de jamón.

Pero yendo más lejos aún (y esta es la ocurrencia que me lleva a escribir estos renglones), ¿qué hubiera sido del pensamiento, de la filosofía, del nacimiento del pensamiento lógico y razonable occidental (por ende de nuestra sociedad) sin esta magnífica gastronomía? El vino y la buena mesa (amén del sosiego) son parte indiscutible y causa-efecto de sócrates, platones, aristóteles y demás, sin obviar, por supuesto a los parménides y los heráclitos de primera época. La buena salud física y mental con la que contaron los padres del pensamiento occidental, agradables viandas y dosis de buen vino tinto, llevan a la consecuencia de la desmitificación del mundo irracional del pasado más primitivo como lucha pacificadora de la realidad tangible, pensable o experimentable. Nadie imaginaría otra forma posible para El Banquete o El Diálogo del Amor platónico, una maravillosa comilona de amigos que desencadena en uno de los mejores diálogos filosóficos de la historia, que nunca hubiese sido posible en un Mc. Donald´s con Coca-Cola, Mc. Nugget´s, Doble con Queso y Salsa Barbacoa, y por supuesto, sustituyendo a la sacerdotisa Diotima por Ronnald Mc. Donnald´s. Surrealista e imposible a la vez, ¿no? Las guerras de antes no eran como las de ahora…

Brindo, pues, con un buen Rioja por el jamón, por la uva, por el aceite, por las olivas, por el “pà amb tomàquet” y sí, hasta por el yogourt, que no se diga, y celebremos juntos la racionalidad, la cultura y la buena salud que nos aporta nuestro Mediterráneo, y que todos nuestros cocineros sigan cosechando los grandes éxitos a los que, como algunos deportistas, nos tienen ya acostumbrados…

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