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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Garzón el revolucionario y Lacalle, el alcalde perdedor de Burgos

“Ser leal es la mayor valentía”, F. de Rojas Zorrilla
Miguel Massanet
martes, 21 de enero de 2014, 08:23 h (CET)
Dos personajes que, aunque por distintos motivos, han sido noticia durante los últimos días. Por una parte, el omnipresente juez Garzón, un personajillo al que su ego le viene jugando malas pasadas pero que parece que está dispuesto a que se siga hablando de él, aunque sea para mal y, por otra, un alcalde del PP que, habiendo obtenido mayoría absoluta en la ciudad de Burgos, ha actuado con una pusilanimidad, incapacidad e insensatez que, por si solas, ya son motivo suficiente para que presentara su renuncia irrevocable a la alcaldía o que, la propia Dirección del PP, le exigiera que dejara el cargo. Mucho nos tememos que ni el primero ni el segundo de estos personajes renuncien a sus respectivas ideas porque, tanto el uno como el otro, parecen no conocer lo que es la ética, el sentido de la responsabilidad para con los ciudadanos españoles y el respecto por las exigencias de sus respectivos empleos, el uno como alcalde y el otro como ex juez de la Audiencia Nacional, de la que fue apartado por prevaricación.

La vuelta a la actualidad del señor Baltasar Garzón sólo se puede entender dentro del contexto de un personaje al que, el ego, le llevó a creerse el “salvador de la humanidad” y su incontinencia mental le hizo pensar que había sido designado por el Cielo para resucitar la “memoria” de lo que fue la Guerra Civil española, con la particularidad de que la justicia que el sigue pidiendo para las supuestas víctimas del franquismo ( habría que analizar, caso por caso, para averiguar cuantas de las “víctimas” de la República habían sido merecedoras del castigo por sus antecedentes y sus posibles relaciones con los cientos de miles de asesinatos que, las turbas incontroladas de la República anterior y posterior a la del Frente popular, habían perpetrado contra personas inocentes, católicos, sacerdotes, y republicanos de derechas, masacrándolos ignominiosamente, previa tortura en las chechas importadas de la KGB soviética) no la hacía extensiva a las víctimas del bando nacional que habían padecido la insania, las venganzas, los asesinatos y los saqueos por parte de de las bandas incontroladas que, con el beneplácito de las Autoridades, se cebaban en cualquier persona por el mero hecho de pertenecer a ideologías distintas.

Claro que, el señor ex juez, tuvo la peregrina idea de procesar al mismísimo Francisco Franco, cuando ya llevaba años enterrado en el Valle de los Caídos, en la Basílica de la Santa Cruz. También, sin ser historiador, fue el que promovió esta absurda idea de reescribir la Historia de España desde la óptica subjetiva, fanatizada y completamente errónea de confundir la relación de una serie de hechos tal y como sucedieron, con el escribir un folletín inventado, trufado de inexactitudes y pergeñado por historiadores afines a sus ideas, la mayoría de los cuales pertenecen a las izquierdas europeas; a los que les interesaba que la Historia de la contienda española se diera en los colegios y universidades, desfigurando la realidad y pintando a aquella banda de criminales de las Juventudes Socialistas, de la FAI, el POUM, o la CNT y los comunistas de Negrín, como si hubieran sido los salvadores de la patria.

Ahora, en un acto de la llamada Plataforma por la Comisión de la Verdad sobre los Crímenes del Franquismo, don Baltasar Garzón, el que prevaricó en el ejercicio de su cargo de juez, ha saltado a la palestra erigiéndose otra vez en el supuesto caudillo de los descontentos, asumiendo, sin que se le haya facultado para ello, la representación de la ciudadanía, apoyando la revuelta sediciosa de Gamonal, asumiendo aires épicos (qué curioso que, como le sucedía a su gran enemigo Francisco Franco, su voz no le acompañe cuando pretende ponerse “estupendo”), cuando ha dicho: “Si no nos oyen tendremos que hacernos oír en las calles”. ¿Usted, señor Garzón, que ha intentado por todos los medios poner a España y a su gobierno en mala situación ante todos los foros internacionales que ha visitado, viene a hacer de valedor de los españoles descontentos? ¿Qué narices sabe de lo que ha ocurrido en Burgos, a no ser que haya aprovechado, como tantos otros agitadores comunistas, dicha circunstancia para hacerse notar?. Pero, ¿cómo se atreve usted a comparar lo que sucedió en la Guerra Civil, en la que ambos bandos luchaban en una contienda y, como sucede en tales circunstancias, se mataban los unos a los otros? ¿Cómo, usted que es juez, puede poner en el mismo nivel lo que fueron, en el peor de los casos, venganzas personales, o rendición de cuentas por los horrendos crímenes que dieron lugar al levantamiento del 18 de julio de 1936; con unos terroristas que, por una hipotética causa nacionalista, asesinaban a mansalva sin tener en cuenta si las víctimas eran niños, mujeres o ciudadanos ajenos por completo a la lucha nacionalista? Usted debería desaparecer de la escena y recordar que su causa fue juzgada por un tribunal competente que lo halló culpable ¡No venga ahora a pretender vendernos su moralina izquierdista!, mejor que regrese a Argentina a apoyar a la señora Kitschner que, tal como le van las cosas, es posible que necesite de su consejo!.

No obstante, con ser llamativa la noticia de la reaparición de Garzón, esta semana la información que ha llenado la portada de los periódicos, ha sido la que se ha producido en Burgos, en cuya ciudad unos pocos ciudadanos del barrio del Gamonal han puesto en jaque al Ayuntamiento y a su alcalde señor Javier Lacalle. El señor Lacalle, como ocurre hoy con muchos políticos, no ha trabajado en otra cosa que no sea en la política y por tanto, el apego a su puesto, seguramente le ha hecho cometer un error garrafal. La forma en la que se ha dejado amedrentar por unos ciudadanos que han caído en manos de activistas, no puede haber sido más decepcionante y, lamentablemente, más perjudicial para España y la propia democracia.

Vamos a ver, don Javier, si el Ayuntamiento había tomado una decisión de modificar una calle para convertirla en un boulevard, habiendo anteriormente consultado con asociaciones de vecinos, recogiendo propuestas que ya habían sido asumidas por los socialistas y los de IU y que fueron aprobadas por el Pleno ¿Cómo es posible que, después de dos días de huelga, cuando ya se sabía que la protesta estaba manos de los agitadores de turno y, en las calles, ya se habían provocado incendios de contenedores y destrozos de escaparates y mobiliario urbano, usted decide dar marcha atrás y rendirse al adversario? Supongo que no pretenderá que la excusa que ha puesto de que “lo hace para preservar la convivencia, porque ésta vale más que cincuenta obras”, nos la vayamos a tragar como válida. A usted le votó Burgos y le dio una mayoría absoluta, lo que, mientras no se demuestre lo contrario, presupone que cuenta con un apoyo de la mayoría de los burgaleses. Como votante del PP le pido que presente su dimisión porque ha demostrado una ignorancia, si es que lo ha sido, respecto a la más elemental prudencia, que consiste en no permitir que un chantaje de unos pocos pueda contrariar a la mayoría del pueblo burgalés que, sin duda, están pensando que usted ha dejado en manos de unos pocos revolucionarios el control de la ciudad de Burgos.

Lo peor es que no ha conseguido nada más que enturbiar más la situación porque, como era previsible, los que protestan se han envalentonado y ahora ya piden su dimisión (algo que comparto), han instalado carpas y mantienen sus pancartas. Ahora piden la absolución de los vándalos detenidos en los disturbios y, dentro de poco, querrán fiscalizar todas las inversiones que tenga previstas el municipio. Todo lo que se corresponde con una propuesta totalitaria y absolutista, comprendida en el ideario del comunismo más extremista. No faltaba más que, esta nueva metedura de pata, para acabar de poner a España en el punto de mira de aquellos que pretenden desestabilizarla por los medios que fueren. O así lo veo yo, señores, desde mi punto de vista.

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