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Etiquetas:   Pedro Sánchez   Política   Reflexión  

​¿O comunismo, separatismo o ambas cosas? ¡Peligro!

Pretender contentar a todos de los que depende, puede llegar a ser una labor titánica para Pedro Sánchez y muy peligrosa la unidad de España
Miguel Massanet
miércoles, 15 de enero de 2020, 14:57 h (CET)

Cuando existe prisa por acabar con un problema que se lleva arrastrando durante años y cuando, además, existen unos compromisos a los que se ha llegado por medio de negociaciones secretas, de los cuales nadie sabe nada más que aquellos que intervinieron en aquellas discusiones; se puede temer que las complicaciones debidas a la urgencia de dar una solución inmediata al conflicto sean de tal magnitud que, los enfrentamientos que puedan provocar, las desconfianzas que puedan crear, las dudas legales que se puedan producir y las querellas o recursos que se puedan promover, lleguen a formar una muralla de dificultades tan tupida y complicada que, para desentrañar los enredos de la madeja que se pudiera haber formado, sea preciso que caigan muchos de los causantes de todo ello sin que la solución esperada llegara a materializarse.

Parece que el nuevo gobierno, formado a la imagen y semejanza de los proyectos del señor Pedro Sánchez, quiere entrar como elefante en cacharrería en la vida nacional, como si el chute de euforia que les ha dado el conseguir aliarse para evitar que los partidos constitucionales (parece que el socialista, a la vista del comportamiento de las últimas semanas, haya renunciado a ser considerado como tal) pudieran formar una alternativa válida a la ofrecida por el bloque de las izquierdas y separatistas; les haya conmocionado de tal manera que hasta se hayan olvidado del protocolo de la toma de posesión ante el Rey, convirtiendo el acto en una más de estas horteradas propias de estas gentes de medio pelo que, cuando logran acceder a puestos importantes, son incapaces de dominar sus emociones incurriendo, sin darse cuenta de ello, en verdaderas patanerías, propias de quienes están faltos de clase para comportarse como es debido y en ello, curiosamente, hay paridad entre hombres y mujeres

Tenemos la desagradable impresión de que algo grave se está cociendo entre el separatismo catalán y los socialistas, contando para ello con la colaboración y el placet de Podemos. Hemos notado un cambio importante en el comportamiento de los fugados Puigdemont y Comín, que parece que consiste en estar convencidos de que el “suplicatorio” que ha enviado el TS español, vaya a fracasar, seguramente confiando en que los socialistas europeos, dirigidos por el señor Pedro Sánchez, vayan a provocar con su voto en contra, un vuelco respecto a lo que sería la resolución más ajustada a derecho, por la que se les revocara la inmunidad parlamentaria a ambos sujetos. Puede que sólo sea un pálpito, pero la actitud absurda, de suma rebeldía a dejar la presidencia de la Generalitat, del señor Quim Torra, con el apoyo incondicional de Torrent y todo el Parlament catalán, apuntalado implícitamente por la actitud absurda y carente de toda lógica adoptada por Sánchez, al persistir en mantener una entrevista con una persona que acaba de ser privada, por parte de la JEC, de la posibilidad de seguir ocupando el cargo público y, además, con efectos inmediatos; contra lo cual ha formulado recurso ante el TS el perjudicado sin que ello signifique que no debiera cumplir de inmediato la resolución que le conminaba a abandonar su puesto de presidente de la Generalitat, dan pie a pensar que en las conversaciones que mantuvieron ERC y la señora Lastra y el señor Abalós, por parte del Gobierno español, se convinieron muchas más cosas de las que han trascendido de aquella oscurantista reunión.

Por ejemplo, la sustitución de la Fiscal General del Estado, la señora Segarra, una fiscal que había demostrado su independencia respecto a las presiones del Gobierno en el caso de la inmunidad del señor Junqueras; para entregarle el puesto a la señora Dolores Delgado, una exministra que ha estado siempre ligada estrechamente a la política de su partido, una fiel seguidora de Sánchez y una señora cuyas ideas hacen pensar que si la han colocado en el puesto ha sido precisamente para neutralizar, dentro de lo posible, en colaboración con la Abogacía del Estado las competencias del Tribunal Supremo y de los magistrados que están al frente del mismo. Una tenaza con la que van a pretender limitar, cada vez más la autonomía de dicho tribunal para ir dando paso a la teoría que ahora hacen circular de que es preciso la “desjudicialización de la política”, un intento absurdo para favorecer acuerdos con los soberanistas catalanes intentando hacerle entrar por la solución consistente en convertir a España en un estado federal en el que pudiera encajar Cataluña a la que se le concedería la categoría de nación lo que seguramente le proporcionaría la posibilidad de imponer el catalán ( algo que, de hecho, ya viene existiendo); posiblemente el traspaso de los tribunales de Justicia, su propia hacienda y, si nos apuran, hasta un ejército propio.


El hecho de que el señor Puigdemont, de pronto se haya decidido a anunciar una posible visita en España para febrero y que lo mismo haya dicho su acompañante el señor Comín, marca un cambio fundamental que en una persona tan cobarde como es él, que puso pies en polvorosa tan pronto barrunto que su libertad corría peligro y que, sin ninguna consideración para quienes lo están financiando, se ha gastado el dinero de los contribuyentes catalanes en pagarse los mejores abogados para evitar que se le extraditase a España; ahora, sin una explicación plausible, pendiente de que de un momento a otro, la asamblea Europea decidiera conceder el suplicatorio para retirarle la inmunidad, parece que se atrevería a venir a España, sin estar seguro de que, si entrara en ella, no iba a ser detenido como hubiera ocurrido, sin duda alguna, de no mediar alguna circunstancia desconocida que le proporciona confianza al fugado, huido de la Justicia.

Y es que, señores, cuando el señor Pedro Sánchez, sale a dar la cara (desde noviembre no lo había hecho) para defender el nombramiento de la fiscal señora Dolores Delgado, insistiendo en que se trata de una decisión “impecable”, demuestra una vez más su gran facilidad para mentir, su cara dura al pretender justificar una decisión que ha sido criticada desde todos los ámbitos de la judicatura y que ha motivado que los fiscales hayan expuesto su disgusto ante un acto tan arbitrario que no había ocurrido nunca con anterioridad. También se cansó de decir y perjurar, cuando se promocionaba para ser elegido, que no dormiría tranquilo si tuviera a Pablo Iglesias en su gobierno (ahora, no sólo tiene a Pablo, sino a cuatro ministras más para impedirle conciliar el sueño) y lo mismo hizo respecto a pactar con los independentistas, afirmando que nunca lo haría. En realidad, el famoso Pinocho, el simpático personaje de Carlo Collodi, no era más que un aprendiz de mentiroso de ínfima categoría, si se le compara con la facilidad, la cara dura, la soltura y la solvencia con las que miente, engaña, cambia de opinión, descalifica o deja de cumplir sus promesas, este personaje que ha alcanzado la presidencia del gobierno español y que, con toda seguridad, si alguien no lo detiene, va a acabar con nuestra democracia y la unidad de nuestra nación.

Ya se empiezan a escuchar las lamentaciones de los empresarios catalanes, los mismos que apoyaban la insurrección y que decidieron quedarse en Cataluña cuando más de 5.000 empresas decidieron cambiar su sede social fuera de ella; aquellos que contribuyeron a financiar las “vacaciones en Bélgica” del señor Puigdemont. Ahora ya protestan porque, en Cataluña, los impuestos están sobrepasando los del resto de España y que, los que se anuncian que se van a imponer, como, por ejemplo, el nuevo impuesto por el “cambio climático”, parece que ya supera el aguante que están dispuestos a aguantar. La CEOE, como siempre está jugando al peloteo y sigue pensando que van a conseguir que este nuevo gobierno, con comunistas incluidos, van aceptar que las cosas sigan como han ido durante el tiempo en el que la derecha estuvo gobernando en España. Ahora les llega la hora de ver lo que supone tener de nuevo a los sindicatos mandando en sus empresas, a saborear que sus operarios hagan huelga por cualquier motivo político que surja o que sus trabajadores pretendar recibir salarios como los de otras empresas del mismos sector por el mero hecho de tener un convenio sectorial que obligue al empresario a pagar unas retribuciones que no está en condiciones de asumir.

Y ya están llegando los anuncios de los distintos ministerios, cada uno de ellos rivalizando en ofertas, promesas de mejoras, más viviendas, derogación de la reforma laboral a la que se compromete Yolanda Díaz, nueva ministra de Trabajo y podemita por más señas de la que, evidentemente, poco bueno van a esperar las empresas de su gestión. La Montero, ministra de Hacienda va a tener que bregar con el techo de gasto, algo que puede tener que discutir con sus colegas de Podemos y que, amenaza con retrasar la aprobación de los nuevos presupuestos si, como se dice, no se va a poder determinar hasta el mes de febrero. Hasta el ministro Escribá, el que parece que mejor ha caído entre los miembros de la oposición, no duda en afirmar que va a “acabar con las deudas de la Seguridad Social” ¡Qué tenga suerte en esta tarea!, aunque nos tenga que perdonar que no nos parezca que sea tan fácil, sobre todo si no se consiguen incluir dotaciones millonarias en los nuevos PGE para atender a tal costoso dispendio.

Sabemos que se nos están quedando cosas en el tintero pero es imposible atender a tantos frentes abiertos y a tantas cosas de dest4e nuevo gobierno que nos preocupan seriamente. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, ante tal cúmulo de cuestiones que están pendientes de un hilo, ante el peligro que entraña este fa lso eufemismo que pretenden trasmitir a sus votantes los nuevos miembros del Ejecuto de Sánchez y ante la evidencia de que no estamos en los mejores momentos para permitirnos brindis al Sol. Y una reflexión para mis “amigos de La vanguardia, en especial este inefable señor que escribe en ella, el señor Enric Juliana. Sigue empeñado en convertir lo que son delitos contemplados en nuestro Código Penal (siguiendo la estela de los independentistas) en meras cuestiones política y que, como tales no debieran ser dirimidas en los tribunales de Justicia.

Siguiendo su razonamiento y elevando el caso a lo absurdo, para este señor si un político matara a otro se debería solucionar en el Parlamento y no en el ámbito de los tribunales de Justicia. Por mucho que intente darle la vuelta al tema, los señores que están en prisión no lo están por sus ideas políticas sino por sus intentos, fallidos gracias a Dios, de subvertir el orden constitucional. ¡Un poco de seriedad y menos fanatismo, señor! O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos que la labor que les queda a los partidos de la oposición va a requerir un esfuerzo ímprobo donde deberán jugar la inteligencia, la paciencia, la generosidad y, por encima de todo ¡Mucha suerte! Es mi castillo la tienda donde habito/mi Rocinante es el viento del pinar/es mi Tizona la letra de mi estilo/mi Dulcinea es el alba sobre el mar.

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