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La OPA y el recibo

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 30 de septiembre de 2006, 01:42 h (CET)
La actualidad del entorno eléctrico ha llevado a que surjan algunos comentarios que encaminan la euforia bolsística hacia la cruda realidad del “recibo de la luz”, que, como los demás gastos imprescindibles para vivir la vida, terminan repercutiendo en el asfixiable bolsillo del ciudadano. Comentarios audiovisuales, y escritos en papel o digitales, celebran el extraordinario éxito en la cotización de la principal empresa suministradora de electricidad en España. Lejanos se han quedado los tiempos, parece, en que detrás de estas maniobras financieras se entendía estaba la frustrada mano del Gobierno para favorecer a sus parlamentarios votantes catalanes.

El conjunto de maniobras y contramaniobras han provocado que la cotización de sus acciones se haya disparado hasta casi doblarse en menos de un año. Y, recuerdan a esos fantásticos juegos de titiriteros que atraen un público boquiabierto, mientras algunos de sus compinches sustraen las descuidadas carteras o el contenido de sus bolsos y bolsillos. Es tan poderoso el atractivo de la actualidad de primera plana que hace perder la atención sobre lo que en realidad más interesa, el cuidado de lo propio. Después de terminado el “espectáculo”, el confiado público se retira, y al cabo de un tiempo, cuando va a echar mano... nota que algo le falta. Pero, el corro ya se deshizo, el tinglado se recogió, y allí, al volver, ya no queda nadie a quien reclamar.

Nada más lejos de la intención de esta metáfora que considerar la parafernalia Endesa-E.on-Gas natural, un tinglado parecido al que montaron Paul Newman y Robert Redford en la extraordinaria película de “El golpe” en los años setenta. La parte del ahorro popular que se encuentra en Bolsa, y esta situado en el accionariado de Endesa, sin duda, ha visto acrecentados sus beneficios en este año. Más, son minoritarios en la Sociedad. Está lejos de la observación de esta columna conocer la totalidad de los propietarios de las acciones; pero, por lo que se sabe, los fondos de inversión extranjeros, las cajas de ahorro, y grandes capitales, son la mayoría. Luego, está esa silenciosa mayoría de minoritarios con derecho de asistencia para “aprobar” la Junta General, y que reciben una carpetita y un bolígrafo de recuerdo.

También, en un lugar destacado, como “listos”, figuran algunos accionistas que con información más o menos privilegiada, han podido anticiparse a los favorable acontecimientos, y tomado, en consecuencia, una posición de ventaja. De cualquier modo, el ciudadano ahorrador es minoritario, y si en esta operación le han salido bien las cuentas, pues, es para alegrarse con él y felicitarlo. El resto, la gran tajada, pertenece a ese capital que, en nuestro sistema de orden social, está dentro de cada movimiento especulativo. Así, mientras suena la charanga y estallan los fuegos artificiales, el gran capital se beneficia camuflado frotándose las manos entre el bullicio de los pequeños participantes.

“Circos” como este, más o menos llamativos, se dan por doquier, y el candoroso público, accionista minoritario o no, pero siempre ingenuo, asiste alborozado a los mismos. Concluida la función, vuelve a su hogar creyendo haberse distraído. Sin embargo, en el buzón de correos encontrará el implacable recibo de la electricidad, del teléfono, o del agua, y ha de aceptar la realidad de que la botella de butano, necesaria ante el crudo invierno que se avecina, la ha ido renovando cada vez más cara. Ahí es donde se echa de menos la justicia igualitaria del Estado, el gobernante que viva para el pueblo, no del pueblo. ¡Va... una de demagogia!

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​Que me perdonen los deudos si al leer estas líneas se sienten heridos en su amor propio, porque esa no ha sido de ningún modo mi intención, pero no me negará el lector que una noticia semejante se merecía este u otro comentario

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